Intolerancia, violencia sistemática y defensa

n Foto Karen Morales

En memoria de SLG.

 

 


El día lunes pasó por Puebla el autobús naranja llamado “por la libertad”. Este es impulsado por un grupo de empresarios católicos. Difunde de ciudad en ciudad un slogan que dice #ConMisHijosNoTeMentas buscando que el Estado no imparta educación sexual como parte de sus programas escolares, lo cual atenta contra la laicidad y cientificidad de la educación. Ellos están en contra de derechos humanos reconocidos como el matrimonio entre personas del mismo sexo, la legalización del aborto y promueven un discurso transfóbico. En algunas paradas, hubieron protestas de activistas en contra de le autobús. De eso, muchos medios escribieron.

Pero en un país laico, donde el Estado fue separados de la iglesia desde hace tanto ¿qué hace que un autobús con estos discursos pueda circular por las calles?, y peor aun, ¿por qué fue “escoltado” por la Policía? Mujeres activistas en el zócalo, señalaron que cuando la comunidad LGBTI o las feministas hacen una marcha, han pedido al municipio asistencia de policías para que les ayuden a controlar la circulación, pues muchos autos se les avientan. El apoyo, no ha sido recibido ¿será que la Policía sirve a la ciudadanía de modo discrecional?

La responsabilidad del Estado es velar por todos los ciudadanos, sin importar sus preferencias sexuales y sin favoritismo, y garantizar la laicidad en los ámbitos escolares y políticos. Sin embargo, existe una violencia sistemática contra las personas de la diversidad sexual y una violación constante a la laicidad del estado, que tanta sangre ha costado. Si bien existe libertad de culto, la religiosidad de cada persona no debe usarse como un argumento para discriminar o para negar derechos a otros. ¿Por qué se permite que hayan campañas de proselitismo religioso, y que en nombre de la fe se discrimine y fomenten discursos de odio contra los diversos?

Por otro, cuando hay un acto de violento hacia alguien con preferencias sexuales fuera del ideal regulatorio heterosexual, los representantes del Estado se hacen de la vista gorda, no dan seguimiento al caso, e incluso justifican la agresión. Algunos medios, que parecen voceros de la arquidiócesis, han dicho que los manifestantes LGBTI fueron intolerantes y violentos con el autobús. Pero, ¿quién ha generado la primera violencia? El Estado, al no cumplir su función, no velar por los derechos de todos, permitir que se cometan actos ilegales de modo impune, al seguir discriminado, y un largo etcétera, es violento. La mayoría de los homosexuales, lesbianas y trans, han sido victimas de bullyng, acoso, hostigamiento y violencia por parte de personas conservadoras amparadas por la omisión y complicad de éste. ¿De qué modo pueden defenderse las personas que sistemáticamente han sido violentadas, sino reaccionando de un modo violento?, ¿se puede ser tolerante con el intolerante cuando el Estado se pone de su lado?

En estos momentos de avance de las derechas, donde los partidos de “izquierda o revolucionarios” se alían con el de los empresarios conservadores (no olvidemos que Moreno Valle salió de esa unión), no podemos quedarnos con análisis simplones sobre lo intolerantes que son, quienes por décadas han sido intolerados y agredidos. Por fortuna, el pensamiento de quienes van en ese autobús, no representa las idas de todos los católicos.

Comparto esta frase tomada del muro de facebook de Onán Vásquez. Sirva para reflexionar sobre la violencia sistemática de que padecemos: la protesta contra el autobús transfobico no era intolerancia, era autodefensa.