Intervención en los XX del Cupreder

El gobernador Manuel Bartlett y el rector José Doger Corte convinieron la creación de un centro de investigación y vinculación para enfrentar la crisis que había provocado el inicio de la erupción del Popocatépetl, el 21 de diciembre de 1994.

Bartlett tenía una idea muy clara de qué importancia guarda un centro de estudios y propuestas científicas y académicas para el manejo de desastres desde que fue el principal operador gubernamental después de los devastadores sismos de los días 19 y 20 de septiembre de 1985, experiencia a partir de la cual se creó el Sistema Nacional de Protección Civil y el diseño inicial del Centro Nacional de Prevención de Desastres.

José Doger y el vicerrector de Investigación y Estudios de Posgrado de entonces, Enrique Doger Guerrero, tenían experiencia en materia de participación universitaria en acciones sociales y conocían la existencia de un grupo de académicos que habíamos llevado a cabo tareas de investigación y participación social en la región del Popocatépetl, y a nosotros nos hicieron la propuesta de crear esta nueva instancia universitaria.


Así, luego de una conformación inicial que empezó a funcionar desde los primeros días de 1995, el 9 de febrero de ese año el Consejo Universitario aprobó la creación del Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder) y nuestro primer director fue el inolvidable compañero Rigoberto Benítez Trujillo.

El trabajo en el Popo

Cada vez que hacemos un repaso de lo hecho por nosotros y los demás actores sociales de aquel momento frente al reto lanzado por la erupción nos pasamos muchas horas y muchas cuartillas. Hoy solo mencionaré algunos rasgos de ese trabajo: la identificación de la comunidades en riesgo; el diseño de las rutas y cuencas de evacuación; la localización y calificación de los refugios temporales para casi 300 mil personas; decenas de sesiones en las comunidades y hasta en los barrios que las componen para informar a la gente de lo que el volcán puede hacer y las medidas de seguridad; campañas mediáticas en radio, televisión y prensa para informar constantemente sobre todos los aspectos relacionados con el problema.

Debemos resaltar las campañas llamadas “Aprendamos a vivir con el volcán” y el célebre “Por si acaso”, o el programa en cadena local de televisión y radio con teléfono abierto, con la participación del director del Cenapred, Roberto Melli, representantes del gobierno poblano y especialistas.

“Por si acaso” fue una denominación que incluyó un vasto programa para identificar las debilidades y fortalezas de las comunidades frente a la amenaza eruptiva. Con el Inegi realizamos un estudio censal en más de 8 mil hogares para conocer con mucha precisión algunas percepciones del peligro que la gente tenía, sus condiciones sociales y económicas y los recursos con los que contaban para llevar a cabo una evacuación y sus consecuencias. Luego de aplicar el cuestionario, los brigadistas universitarios entregaban en cada hogar una mica, inspirada en las que la gente compra para guardar sus documentos, en la que estaban estampadas las rutas de evacuación, los destinos y la identificación de quiénes darían las instrucciones de la operación. Finalmente fueron entregadas cerca de 40 mil micas.

Prácticamente todas las unidades académicas de nuestra universidad se volcaron a este memorable trabajo. Más de mil 100 brigadistas universitarios de todas las facultades y escuelas de la UAP trabajaron durante casi cuatro años para contribuir a que la gente no sufriera si la erupción se convertía en algo dañino para ellos, lo que hasta la fecha, por suerte, no ha ocurrido.

Todo el programa culminó en la creación del Plan de Preparativos de la Emergencia del Volcán Popocatépetl, en coordinación con el doctor Jesús Manuel Macías, del CIESAS, que entregamos al gobierno del estado de Puebla; ejemplo de prevención en el país a decir de muchos expertos.

Debemos decir que los estudios sobre la cultura local y el respeto a ella fueron elementos indispensables de estas acciones.

En nuestra opinión, la clave de los logros fue la aportación de los universitarios en coordinación con las autoridades y ciudadanos de las poblaciones de la zona de riesgo del Popocatépetl, y con el gobierno del estado de Puebla, pero también con instituciones académicas nacionales, en particular con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS, y muchos investigadores del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Desde nuestra creación, el método de trabajo ha caminado a través de un serio ejercicio interdisciplinario, porque los desastres son un problema de todos, de todas las especialidades, pero imbricadas correctamente para encontrar soluciones integrales.

Sumar esfuerzos ha sido también un eje de nuestro trabajo. El Cupreder ha podido concitar los recursos de dentro y fuera de nuestra universidad para conseguir los propósitos para los que fue creado.

Solidaridad

Debemos mencionar el papel del Cupreder y la UAP durante momentos muy difíciles para las comunidades que sufrieron importantes desastres.

Como parte del Plan de Preparativos de la Emergencia del Popo se creó un grupo de universidades, especializado en auxiliar a la población durante alguna emergencia o para contribuir a mitigar el riesgo. Le denominamos Grupo Interuniversitario de Participación Social–GIPS, y se constituyó, además de por nuestra institución, por las universidades Iberoamericana, Popular Autónoma del Estado de Puebla, de las Américas Puebla, Madero y otros centros académicos.

Adicionalmente a las acciones en el Popo, el GIPS acordó intervenir con ayuda de médicos, ingenieros y otros profesionistas, y de acopio de bienes necesarios para los damnificados por los desastres por el huracán Paulina en 1997; también en los escenarios de los enormes daños ocasionados en la costa chiapaneca en 1998, y muy especialmente durante el llamado “Desastre de la década”, en Puebla y la Sierra Madre Oriental en 1999.

Las universidades realizamos colectas con el esfuerzo y la participación voluntaria de nuestros alumnos y toda la comunidad, y un enorme festival en el zócalo poblano, consiguiendo más de 2 mil toneladas de ayuda, misma que fue entregada directamente por nuestros brigadistas en las poblaciones damnificadas.

Intervenciones preventivas

El Cupreder ha intervenido también en otras situaciones de amenaza de desastres. El gobierno del estado, en el año 2008, nos llamó para resolver el grave problema del deslizamiento de un talud en Pahuatlán, Sierra Norte de Puebla, y allí coordinamos las acciones para detener un proceso que había hecho caer ya varias construcciones de la cabecera municipal, entre ellas la clínica pública, y amenazaba con desaparecer la calle principal. En conjunción con el ayuntamiento, la asamblea del pueblo y con la intervención del ingeniero Enrique Santoyo logramos minimizar los daños y detener la caída del talud. Es un buen ejemplo de estabilización de laderas que por desgracia no se ha replicado en las serranías mexicanas.

Hemos realizado otras intervenciones, como la de la colonia La Libertad, de la capital poblana; en Cuetzalan, de la Sierra Norte, y otras más. Exploramos también formas de resolución de problemas concretos.

El tema del agua es crucial para el país y central para nuestro trabajo. Los estudios hechos en el Popo, la Sierra Norte, Tecamachalco y esta ciudad capital nos enseñaron la necesidad de actuar rápidamente para enfrentar de la mejor manera este problema. Quisimos empezar por casa. El rector Alfonso Esparza se atrevió a aceptar nuestra propuesta de llevar a cabo obras para la captación de agua de lluvia en los campus de nuestra universidad. Según sus propios datos, tan solo en Ciudad Universitaria se gastaban 5 millones de pesos al año en pipas de agua porque la red urbana no satisface el abasto.

Hoy hemos realizado tres obras, en Economía, Ingeniería Química y Comunicación, que demuestran que sí es posible ofrecer soluciones a este creciente y hasta dramático problema con poca inversión. Estamos por empezar obras en la Facultad de Veterinaria, en Tecamachalco, para colectar agua de los cerros, lo que constituye un reto adicional del que estamos seguros saldremos airosos. Tenemos por delante una gran tarea como universidad en esta materia.

Las personas de las comunidades con las que hemos trabajador durante 20 años, y otras que han tenido noticias de nosotros, tienen al Cupreder como un centro de referencia para los problemas del territorio. Quizá esto es lo que más nos enorgullece, que la gente de los pueblos confíe en nosotros, confíe en nuestro trabajo, refrendando así una tradición de la Universidad Autónoma de Puebla que tiene muchas y muy profundas raíces, al menos desde que aquel estudiante de Medicina, Julio Glockner, abrió en los años 30 un dispensario para atender a la gente sin recursos. El trabajo del Cupreder no puede entenderse desvinculado de las comunidades sociales de nuestro estado y nuestro país.

Cambio de paradigma: de la prevención de desastres coyuntural a la estructural: el ordenamiento del Popo–Izta

A fines del año 2000 participamos en un concurso para realizar el ordenamiento ecológico en la región del Popocatépetl, Iztaccíhuatl y su zona de influencia, abarcando 37 municipios de los estados de México, Puebla y Morelos. Ganamos el concurso y realizamos por completo este instrumento de regulación de uso de suelo de tipo regional, aunque finalmente fue aprobado separadamente por cada una de las entidades federales incluidas. El nombre que lleva para Puebla es el de Programa de Ordenamiento Ecológico y por Riesgo Eruptivo del Volcán Popocatépetl y su Zona de Influencia. En el nuestro y los otros dos estados se trata del primer ordenamiento que incluye como factor determinante para el uso de suelo una amenaza de desastre, en este caso la existencia de una erupción en desarrollo. Sus criterios, lineamientos y estrategias se determinaron teniendo el peligro volcánico por delante.

El Programa de Ordenamiento Izta–Popo es un instrumento creado con una robusta calidad académica y una amplísima y nada simulada participación social en los tres estados, por lo que su nivel de arraigo fue muy importante.

Por todo lo anterior, resulta al menos desconcertante que el gobierno federal y los estatales desconozcan y violen las disposiciones del ordenamiento, instrumento propuesto y financiado por la Federación a partir de criterios racionales y científicos, para imponer proyectos de desarrollo regional que van totalmente en sentido contrario, como es el caso del Proyecto Integral Morelos.

El mismo desconcierto nos producen las autorizaciones para hacer mineras hidroeléctricas por todo el país, con evidentes y previsibles consecuencias desastrosas.

Trabajo territorial integral

El Cupreder no es una consultoría y ni está para hacer negocios. Es una institución académica que procura aportar metodologías y técnicas para resolver problemas concretos en las condiciones del país. Por ello, realizar el ordenamiento del Popo–Izta significó también ajustar nuestro paradigma central. A partir de su elaboración y los estudios realizados para conseguirla, establecimos la consideración de que hay dos tipos de esfuerzos para la prevención de desastres: la coyuntural, la que consiste en prepararse para una emergencia, estudiando e instrumentando los fenómenos de peligro, y la estructural, la que busca evitar construir el riesgo, mediante la determinación de cómo aprovechar el territorio sin destruirlo ni crear nuevas amenazas. Más allá de algún meteorito devastador que nos ocurra, los desastres no son naturales, sino producto de la forma de asentarnos sobre la superficie del planeta.

Este ordenamiento amplió la visión de nuestro quehacer y una nueva ruta de trabajo. En adelante, nuestros últimos 14 años, este centro se ha especializado en la prevención estructural a través de la hechura de ordenamientos territoriales, ecológicos, urbanos y atlas de riesgo, con los que hemos ofrecido una metodología en la materia.

Hablamos, como casos ejemplares según nuestro entender, del de la capital del estado, Puebla; el muy emblemático caso de Cuetzalan, único ordenamiento del país que abarca los aspectos de riesgo, ecológico y urbano, y que además está resguardado por un sólido comité social; los de Tecamachalco, Cuauhtinchan, Tlahuapan y otros más.

La mejor forma de integrarse adecuadamente a la superficie que habitamos es conociéndola y sabiendo por dónde hacer un buen territorio a su lado.

La ciencia y la técnica avanzada son saberes humanos, pero hay otros saberes ancestrales y populares que muchas veces son desdeñados por la academia y el poder. Nosotros trabajamos sobre la base de considerar el encuentro de los saberes como la herramienta más importante para enfrentar la crisis civilizatoria por la que hoy atravesamos.

Comunicación

Otro rasgo distintivo del Cupreder ha sido la comunicación más amplia. Para los medios somos un referente cotidiano desde el comienzo de nuestro trabajo, y mantenemos un vínculo permanente que incluye ejercicios de capacitación para reporteros en las materias que nos ocupan. Pero algo novedoso son los desarrollos en materia de análisis de los procesos de comunicación en las comunidades, lo que nos ha permitido entrar mejor al trabajo con la gente.

Hemos participado en decenas de publicaciones sobre los temas que nos ocupan, en libros, revistas, diarios; en programas de radio y televisión; en conferencias y talleres populares. Tampoco nos entenderíamos a nosotros mismos sin nuestro quehacer comunicativo.

Lo que aquí planteo es el resultado de la conformación de acuerdos entre los integrantes del Cupreder, pero quiero, en lo personal, hacer un reconocimiento a mis compañeros, que entraron casi todos como pasantes de sus respectivas carreras y hoy son maestros o doctorantes; que han sacrificado vacaciones, familia y hasta amistades para realizar los trabajos que nos han requerido; que es gente entregada y capaz y con una visión muy clara de lo que debemos hacer en nuestro país. También agradezco a los que verdaderamente contribuyeron en alguna parte del proceso de estos 20 años. Reconozco y agradezco a nuestros queridos alfabetizadores del Centro Universitario de participación Social su entrega para los trabajos que hemos coordinado con ellos y a que hayan aceptado que desastre y territorio se conviertan en palabra generadora en sus clases. Así lo convenimos con el inolvidable Jorge Pedrajo y así lo seguimos haciendo.

Hago patente mi reconocimiento a Manuel de Santiago, con quien a pesar de que nos fue robado del Cupreder para dirigir la Biblioteca Lafragua, continuamos caminando por senderos idénticos, y la nuestra biblioteca de fondo antiguo es mejor hoy que nunca, gracias a él.

Colofón

Quiero rematar diciendo que hoy vemos un sombrío panorama en cuanto a la conformación de riesgos y el cuidado del medio ambiente y las culturas locales. La preferencia gubernamental y estatal por la generación de valor económico a costa de los demás es la peor amenaza para el futuro de nuestro país. No se trata de paliar con programas específicos algunos daños evidentes, se trata de una concepción global que pasa por alto, que pone en segundo término la seguridad y el bienestar de la gente para beneficiar a los grandes inversionistas, sobre todo extranjeros.

El planeta está muy deteriorado y va para mal. En 200 años destruimos la mitad de los bosques y la inmensa mayoría de los cuerpos de agua está hoy contaminada; hemos destruido los hábitat de muchas especies y con ello las condenamos al exterminio pero, sobre todo, la especie humana ha logrado convertirse en la más desigual y destructiva a sí misma, como ninguna otra conocida.

No nos podemos poner unos tapujos para no ver a los lados, como si fuéramos mulas de yunta; hay que enfrentar esta realidad echando afuera la codicia y la soberbia que hoy dominan al mundo.

Ese es el reto que hoy tenemos enfrente.

Muchas gracias.