Intencionalidad y voluntad versus el determinismo inconsciente

Todo comportamiento es producto de la actividad neuronal correspondiente para dicho acto. Tanto en animales como en los seres humanos el presente se hace patente una vez el cerebro ha percibido y discernido la información del medio que le rodea y entrelaza dicha percepción con la región de la corteza responsable de la actividad motora. Esto hecho es el punto de controversia entre los que piensan que el cerebro actúa autónomamente y los que señalan que las acciones están dirigidas por el querer, las creencias y la intencionalidad.

La evidencia experimental, desde los descubrimientos de Hans Kornhuber y Benjamin Libet1 ha corroborado que el presente se hace patente una vez el cerebro ha percibido y discernido la información del medio que le rodea. Esto refuerza la idea que señala que todos nuestros estados mentales están causados por procesos neurobiológicos que tienen lugar en el cerebro, realizándose en él como rasgos suyos de orden superior o sistémicos. Lo que además confirma que la conciencia es el resultado en que se halla el sistema de neuronas, no es una cosa sino un proceso, es un sistema dinámico no lineal, como lo expresa Gerald M. Edelman2.

De acuerdo a Edelman, el cerebro, al igual que el sistema inmunológico, es un sistema seleccionador que opera mediante uniones neuronales seleccionadas de un variado repertorio, no–linear, con eventos ocasionalmente novedoso del mundo y auto señales. Según el autor, con el advenimiento del lenguaje y la conciencia de orden superior, el cerebro puede experimentar un número enorme de discriminaciones. El cerebro inserta distintos circuitos neuronales, capaces de obtener las mismas consecuencias al sustituirse unos por otros (degeneración), asocia las discriminaciones y por medio de combinaciones y recombinaciones de estados integra un vértice talamico–cortical dinámico. Estos estados no son necesariamente verídicos y, además, por lo general son constructivos, contingentes, y dependientes del contexto3.


Lo mismo ocurre con la sensación de intencionalidad, la cual junto con la de querer (wanted) y creer se hacen presente, se representan mentalmente, después de haberse llevado a cabo la actividad neuronal correspondiente. Hasta el momento no ha podido hallar el sustrato neuronal donde sustenta la sensación tanto de la voluntad como de la intencionalidad, por lo que se dice son efecto del procesamiento de la información que el individuo percibe. Una vez procesado los estímulos internos o externos, ante tal información el cerebro responde haciéndose presente (consiente) del hecho y urgido de actuar, algunos llaman este momento tiempo cero4.

En un proceso de elección todos los esquemas de acción se contraen excepto aquel que parece o se siente congruente con el sistema de valores dominantes del organismo. El sistema de valores, aunque inherente al organismo, es modificable por el aprendizaje y la memoria. Por consiguiente, lo que tenemos de frente es una variedad de alternativas donde el proceso de selección inducido genera un efecto de libre selección y un sistema desviado hacia el auto–control.

El punto en controversia lo señala un fiel defensor de la capacidad que el ser humano posee de actuar libremente, J. Searle5 que dice que la consciencia no tiene ningún poder causal más allá de los poderes de las estructuras neuronales (y otras estructuras neurobiológicas). Si la conciencia, y añado, la voluntad, la intencionalidad, el querer, entre otros, no tiene poder causal cómo entonces pueden ejercer algún estímulo, ya sea el de vetar o el de auto control. Libet señala que, aunque estos procesos son llevados a cabo en el inconsciente, (los proceso de iniciar una acción voluntaria), justamente antes de iniciarse la acción, se requiere la consciencia para aprobar o vetar tal acción6.

La auto–accesibilidad de la información proveniente del inconsciente es dependiente del pensamiento y el pensar es un proceso que tiene un inicio, no hay memoria de que había allí antes de que ocurriera. El cerebro reflexivo consciente no tiene memoria de lo que lo trajo a este estado debido a que cuando ese evento estuvo a punto de ocurrir, tal cosa no existía. La conciencia reflexiva está restringida a la experiencia que se encuentra justamente ocurriendo, aún el tema recordado es puesto en presente7. Por consiguiente, el inicio de una acción, así como su subsecuente curso, resulta de la competencia de múltiples influencias que arriban concomitantemente a la corteza frontal de diferentes y variados sectores del organismo8. En humanos, las influencias pueden venir del medio interno, el cual es la fuente de los conductores inconscientes. Algunas de estas influencias pueden ganar acceso a la toma de decisiones sin ser checadas por los controles inhibitorios normales de la corteza frontal.

Como puede observarse, el acto voluntario o la intencionalidad inician en un momento determinado, e irán de acuerdo al conocimiento lo valores que el individuo posee. En el proceso de elección todos los esquemas de acción son discriminados excepto aquel que es congruente con el sistema de valores dominantes del organismo. Estos son los valores que actúan en la intuición, los racionales retoman lo innato y añaden el conocimiento aprendido y memorizado, convirtiéndose así en parte del repertorio innato del individuo.

Sin embargo, lo que se genera es una sensación de libre elección, en la medida en que no nos damos cuenta de estos conductores, podemos sentirnos libres de ejecutar las acciones que estos determinan. Los detractores de la capacidad de libre selección (libre albedrío) señalan que todo esto ocurre independientemente de un Yo, el cual no existe, y que lo único que posee el ser humano es la sensación de libertad más no libertad de selección. Para que hubiera libertad la conciencia, la intencionalidad, el querer o la voluntad tendrían que poseer un potencial causal, cosa que hasta el momento no se ha encontrado. Se hace necesario señalar que en esta reflexión ninguno de los oponentes desea recurrir al dualismo cartesiano para resolver la controversia, filosofía donde un ente aparte del cuerpo, ya sea alma, homúnculo o cualquier otra entidad separada del cuerpo pueda ejercer el poder de decisión en el ser humano.

La capacidad de estar presente, consciente, le permitió al animal añadir información diferente de la que el inconsciente ya poseía en la toma de decisiones. El animal que se hace presente mentalmente en la cacería posee una ventaja adaptativa sobre aquel que no ves más de lo que su inconsciente procesa. El primero puede planificar un ataque y traer al presente las estrategias que funcionaron mejor en caserías anteriores. En el ser humano, esta capacidad adaptativa fue preservada y se añadió otra más sofisticada. El ser humano se sabe presente, se es consciente de estar consciente, se tiene la noción de pasado y futuro, la memoria tiene tiempo, el lenguaje dio cuerpo al pensamiento. Todas estas adquisiciones evolutivas le permitieron planificar, controlar y dirigir, por lo que podemos concluir que de alguna forma el estar “presente” retroalimenta al cerebro de información novedosa, como el soldado que en un submarino ve a través de un periscopio, y que la sensación de libre selección no es un subterfugio cerebral sino el reflejo de lo que se está llevando a cabo en él.

 

1B. Libet, C. A. Gleason, E. W. Wright, and D. K. Pearl, Time of conscious intention to act in relation to onset of cerebral activity (readiness potential): The of conscious intention of a freely voluntary act, Brain 103: 623–42.

2Gerald M. Edelman, Giulio Tonono, A Universe of consciouness, 2000, ed. Basic Books, NY, USA. Pag 37–62.

3Gerald M. Edelman, Second Nature, 2006, ed Yale University Press, New Haven and London, pag 89–97.

4FriedI., MukamelR., Kreiman G., (2011) Internally generated pre–activation of single neurons in human medial frontal cortex predicts volition, Neuron; 69(3): 548–562. doi:10.1016/j.neuron.2010.11.045.

5John R. Searle, Libertad y neurobiología, 2005, ed. Paidós, Madrid, España, pag. 29

6B. Libet, C. A. Gleason, E. W. Wright, and D. K. Pearl, Time of conscious intention to act in relation to onset of cerebral activity (readiness potential): The of conscious intention of a freely voluntary act, Brain 103: 623–42.

7Zoltan Torey, The crucible of consciousness, 2009, First MIT Press Edition, Cambridge, MA, USA, p 135–136.

8Joaquín M. Fuster, Cortex and Mind, (2003) Oxford University Press, USA.

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