Informalidad en México es superior al promedio en AL

Santander. Los niveles de informalidad en México superan la media latinoamericana y, al igual que en el conjunto de la región, esta realidad frena la capacidad de desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, el sector de actividad económica que integra a nueve de cada diez unidades productivas y genera siete de cada diez empleos en el país, de acuerdo con datos ofrecidos aquí por el Grupo Santander.

En América Latina, entre 45 y 50 por ciento de las empresas se encuentran en el sector informal, mientras que su productividad es una décima parte que la de las grandes compañías que operan en la región, expuso este miércoles Javier San Félix, director general de la división comercial global del Grupo Santander y, hasta el mes pasado, responsable de la división América del consorcio financiero español.

El nivel promedio de informalidad en Latinoamérica y el Caribe es inferior al registrado en México, en donde 60 por ciento de los trabajadores (seis de cada diez) se desempeñan en la economía informal, sin acceso a los beneficios de la seguridad social, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).


“Reducir la informalidad es claramente el mayor obstáculo que enfrentan las pequeñas y medianas empresas en cualquier economía, claramente en la región y también en México”, afirmó San Félix. “La reducción de la informalidad es un aspecto en que todos los agentes, pero de manera especial el sector público, tienen mucho que hacer a través de políticas que mejoren el acceso a la formalidad, desde incentivos fiscales o capacitación”, consideró.

Dos formas de dimensionar a la economía informal son de las personas que se emplean en ellas o de las empresas al margen de la tributación fiscal, explicó San Félix, en el marco del XII Encuentro Santander-América Latina, realizado en la sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en esta ciudad de la costa del Mar Cantábrico, en el norte de España.

Este año, el tema del encuentro es las pequeñas y medianas empresas (pymes) y su relación con el crecimiento y el desarrollo de Latinoamérica. Hay una constante en los países de la región: este segmento de unidades económicas constituyen 99 por ciento del universo empresarial de los países y aportan casi el mismo porcentaje del empleo, alrededor de 70 por ciento del total, que en los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), expuso San Félix.

Sin embargo, generan menos de la mitad del producto interno bruto (PIB) que el aportado por el mismo grupo en las naciones de la OCDE, agregó San Félix.

Santander, anunció, aumentará a 20 mil millones de dólares el crédito que otorga a pymes de la región, el doble del saldo actual. A la vez, buscará llegar, en la misma fecha, a un millón de clientes en este segmento de actividad, lo que implicará aumentar 100 mil cada año, abundó.

“Sin pymes fuertes, competitivas y bien articuladas es imposible alcanzar el potencial pleno de un país”, añadió. En América Latina, las pymes representan 99 por ciento del entramado empresarial, un dato que es consistente en todos los países, apuntó. Sin embargo, apuntó, la densidad de empresas por cada mil habitantes es de 59 en el grupo de naciones de la OCDE, el doble que en la región latinoamericana “y esto puede tener explicación en las altas tasas de informalidad”, añadió.

Entre 45 y 50 por ciento del total de la economía latinoamericana está en la informalidad, según cálculos de la Organización Internacional del Trabajo, en el primer caso, y del Banco Interamericano de Desarrollo, en el segundo, citó San Félix.

“Este es un hecho con fuertes implicaciones en cuanto a la capacidad de desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, la situación laboral de sus trabajadores, su capacidad financiera, integración en la cadena de valor o la capacidad de inversión de los países”, sostuvo.

Otra de las características de las pymes en la región, añadió, es la brecha de productividad que tienen, en comparación con la de empresas de mayor tamaño. En la región, la productividad de las pequeñas empresas no llega a 40 por ciento de registrada en las compañías latinoamericanas de mayor tamaño, que es la mitad de la tasa registrada en los países de la OCDE.

“Las pymes son el principal sustento del empleo y hay que potenciar su aportación al producto interno bruto, aunque hay frenos, el primero, la alta informalidad y, segundo, la brecha de productividad con empresas de gran tamaño”, añadió.

Para hacer que aumente el potencial de las pequeñas y medianas empresas, planteó la necesidad de que en los países de la región se realicen reformas que reduzcan la informalidad, el costo y  tiempo para abrir un negocio, así como generar incentivos fiscales y un régimen fiscal simplificado que facilite el cumplimiento de obligaciones fiscales. Refirió que en Uruguay y Chile hoy ya es posible crear empresas en días, en algunos casos en sólo horas y a través de internet.

Otra forma de aumentar el potencial de este sector de empresas es integrarlas a los procesos productivos de las firmas de mayor tamaño, para lograr incluso acceso a los mercados internacionales.

La capacitación del personal y los gestores de las pymes también fue destacado por San Félix, quien mencionó que dos de cada tres pequeñas y medianas empresas de la región tienen dificultades para encontrar personal calificado y en más de la mitad de los casos es por la brecha salarial: en las empresas grandes, los ingresos de los trabajadores son entre 31 y 79 por ciento mayores que en las pymes.

Citó que, según la Organnización Internacional del Trabajo, 76 por ciento de los trabajadores de este sector no concluyó la educación secundaria.
“Hay una doble realidad en América Latina: la gran empresa ha seguido un proceso de internacionalización y comercio exterior, como es en Colombia, Chile, México o Brasil. Son embargo, menos de 5 por ciento de las pymes exportan.

Por eso hay que tomar medidas como la coordinación de los programas e instituciones existentes, que a veces están duplicados e implicar a las grandes empresas a ejercer una capacidad tractora de las pymes”, consideró.

 

 

Roberto González Amador, enviado
Publicado: 26/06/2013 09:11

tomada de La Jornada nacional