Inegi: 42% de las jefas de familia trabaja en México; el 6.6% no recibe pago

De acuerdo con cifras del primer trimestre de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2017 del Inegi, del total de mujeres solteras de 15 años y más con al menos un hijo nacido vivo, 41.8 por ciento trabaja: el 31.2 por ciento, en el sector informal; 12.2 por ciento, en el doméstico; y 6.6 por ciento no reciben pago por su trabajo.

Este martes, el Instituto federal dio a conocer cifras a propósito del Día de la Madre, en el que destaca el reconocimiento del papel de la mujer en la vida de la sociedad en general, al ser generadora de vida, fundamental para la sobrevivencia y desarrollo en los primeros años de los hijos, fungir como eje en la formación de valores, así como en el funcionamiento de las familias y por extensión también en las comunidades.

Puebla se encuentra entre las entidades federativas que tienen un mediano desempeño de mujeres en la actividad económica, con 2.7 millones de personas ocupadas.


A la cabeza se encuentra el estado de Baja California Sur, donde el 67 por ciento de su población se encuentra ocupado. Le sigue Quintana Roo, con 66.7 por ciento; Colima, 66.3 por ciento; Yucatán, con 64.4 por ciento; Nuevo León y Tlaxcala con 62.2 por ciento de manera individual.

Con relación al ingreso por trabajo que reciben las mujeres solteras ocupadas de 15 años y más con al menos un hijo nacido vivo, una quinta parte de ellas (22.2%) gana un salario mínimo o menos por el trabajo que desempeñan; 30.6 por ciento hasta dos salarios mínimos y 29.6 por ciento dos o más salarios mínimos.

La alta participación de estas mujeres en empleos informales y con bajos salarios se refleja en el nivel de acceso a prestaciones y, en consecuencia, las personas que se insertan en ella están expuestas a salarios bajos, a condiciones de inseguridad laboral y sin acceso a prestaciones sociales como las pensiones, la licencia por enfermedad o el seguro de salud, entre otras (ONU Mujeres, 2017).

La ENOE 2017 indicó que, en México durante el primer trimestre, del total de mujeres solteras ocupadas de 15 años y más con al menos un hijo nacido vivo, más de la mitad (57.1%) no recibe prestaciones por su trabajo. Incluso en el caso de las subordinadas, es decir, las que trabajan para una unidad económica en la que dependen de un patrón, 33.2 por ciento no cuenta con prestaciones.

Mientras, el total de mujeres solteras con al menos un hijo nacido vivo, 53 por ciento no tienen instrucción o cuentan con un nivel escolar máximo de secundaria.

Por otro lado, Inegi  también reveló que en México, 33 de cada 100 mujeres de 15 a 54 años no unidas, con al menos un hijo nacido vivo, son solteras.

El Instituto expuso que el estado conyugal, la edad al comienzo del primer matrimonio o unión, así como la estabilidad en las relaciones de pareja, entre otros aspectos, mantienen vínculo con la probabilidad del embarazo y el número de hijos que una mujer tendría a lo largo de su vida reproductiva.

Por lo tanto, destacó que investigaciones de expertos en el tema (Stover, 1988; Quilodrán, 2000, González, Palma y Montes, 2007) plantean que, en la actualidad el embarazo está más vinculado a la sexualidad que a la nupcialidad, toda vez que no es necesario llegar al matrimonio o unión para iniciar el ejercicio de la sexualidad y eventualmente tener una mayor exposición al embarazo.

El Inegi sostuvo que en el país la condición conyugal predominante entre las mujeres que son madres es estar casada o en unión libre; sin embargo, destacó que el incremento de mujeres que ejercen la maternidad no estando unidas.

Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) de 1997, del total de mujeres de 15 a 54 años que tuvieron al menos un hijo nacido vivo, 15.5 por ciento no estaban  unidas, conjunto que se conforma por viudas, divorciadas, separadas y solteras.

Para 2014, observó que el porcentaje aumentó a 21.2 por ciento. Tal incremento, puede explicarse a partir de las transformaciones recientes de la fecundidad, la nupcialidad y la esperanza de vida, que ha generado que haya más viudas que viudos (debido a que las mujeres viven más años que los varones), y a que se ha incrementado la disolución marital por separación o divorcio, así como el incremento de la procreación en mujeres no unidas.

De acuerdo con la Enadid 2014, en México, 33.5 por ciento de las mujeres no unidas de 15 a 54 años que han tenido al menos un hijo nacido vivo, son solteras. Se considera como soltera a aquellas mujeres que no se casaron o vivieron en unión libre, es decir, nunca cohabitaron con el padre de sus hijos.

Asimismo, refirió que la proporción de quienes tienen un solo hijo es mayor entre las mujeres más jóvenes y se observa un incremento en el número de hijos conforme aumenta la edad.

En tanto, reveló que el 97 por ciento del total de las mujeres solteras de 15 a 19 años con al menos un hijo nacido vivo tienen un solo hijo; en las de 40 a 44 años, 32 por ciento ya tienen dos hijos; y en las mujeres de 50 a 54 años, 38.5 por ciento, concibió tres o más hijos nacidos vivos en su vida.

En 2014, el Inegi informó que más de la mitad de las mujeres solteras con al menos un hijo nacido vivo se declara como hija de la jefa o jefe del hogar (55.8%) y 34.5 por ciento son jefas de hogar.

Por edad, observó que entre más años tengan las mujeres de este grupo, se incrementa el número de jefas del hogar. Mientras solo 2.3 por ciento de las adolescentes solteras con al menos un hijo nacido vivo son jefas; el 55.7 por ciento en el grupo de 40 a 44 años tiene este rol, y representan 74.5 por ciento para el grupo de 50 a 54 años.

Reconoció que las mujeres solteras con al menos un hijo nacido vivo, en general, presentan mayor vulnerabilidad que el resto de las mujeres en tanto que cuentan con menos redes de apoyo, y la desventaja puede incrementarse en las que ejercen la maternidad a edades tempranas.

Además de los riesgos de salud, el embarazo en la adolescencia puede tener repercusiones sociales y económicas negativas para estas madres y sus familias; se documentó que madres adolescentes solteras con frecuencia se ven obligadas a dejar la escuela, con la consecuente desventaja que, al tener una escasa o nula educación formal, se reducen las oportunidades en materia de educación y empleo. Esta situación limita gradualmente sus oportunidades de desarrollo.

Mujeres solteras con al menos un hijo nacido vivo ocupadas

Finalmente, con el objeto de amortiguar la vulnerabilidad económica que pueden enfrentar las madres solteras, el Inegi dijo que existen diversas instancias gubernamentales, privadas o familiares, que proveen de apoyos económicos a este grupo de la población.

Datos del primer trimestre de 2017 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo  reportaron que siete de cada diez mujeres solteras de 15 años y más de edad, con al menos un hijo nacido vivo, no reciben apoyos económicos provenientes de algún programa de gobierno o de alguna persona que vive en un hogar distinto al suyo.

La evidente necesidad de sufragar gastos de salud, alimentación y vivienda, entre otros, reveló que impulsa a las madres solteras a incorporarse al mercado laboral, de las cuales el 31.2 por ciento se encuentran en el sector informal; 12.2 por ciento en el doméstico remunerado; y 38.6 por ciento están insertas en empresas y negocios, así como 16.4 por ciento laboran para instituciones.

Respecto a la posición que ocupan en sus lugares de trabajo, seis de cada 10 mujeres solteras ocupadas con al menos un hijo nacido vivo se desempeñan como trabajadoras subordinadas; el 26.2 por ciento trabajan por su cuenta; 6.6 por ciento no reciben pago por su trabajo; y solo 2.8 por ciento son empleadoras.

Al final, el Inegi señaló que organismos internacionales resaltan la necesidad de impulsar políticas dirigidas a reconciliar al trabajo y a las familias y, ante la creciente incorporación de las mujeres al ámbito laboral, se debe alentar a las madres trabajadoras, como dar tiempo para el cuidado de los infantes después del parto, la seguridad social universal, apoyo con horario flexible que permita organizar su vida en familia, el cumplimiento de todas sus obligaciones laborales sin afectar salarios y derechos (ONU Mujeres, 2016).