¿Independencia?

Frustración, molestia, indignación, resignación y muchos otros sentimientos negativos se vierten en el discurso de los líderes de los principales partidos políticos en Nuevo León después del triunfo del candidato independiente al gobierno de esa entidad, Jaime Rodríguez Calderón apodado el “Bronco”. Y francamente lo único que denotan es mezquindad, desasosiego y azoro después de que vieran totalmente anuladas sus esperanzas de hacerse con el gobierno de una de las entidades más ricas del país. Por supuesto, cualquiera diría que sólo un loco quisiera gobernar un lugar con esos altos niveles de violencia, que es hogar de capos y sus familias y que vive quizá uno de sus momentos más complicados, por más que la presente administración quiera negarlo. No obstante, hay que decirlo, hay dinero en el lugar, se pagan impuestos y hay poder, por lo que no deja de ser un espacio atractivo para cualquiera de las fuerzas políticas del país, especialmente el Revolucionario Institucional y a Acción Nacional quienes han alternado en el poder. Ambos partidos supusieron que con sus respectivos gobiernos y con las diatribas que se lanzaron uno al otro a nivel nacional podrían garantizar el triunfo; no obstante, el electorado se mostró cansado del sistema de partidos y decidió optar por un candidato independiente, que sin embargo, procede de las elites políticas del sistema de partidos tradicional. Con un pasado complicado marcado por la violencia y la muerte, sería un candidato estupendo, uno que podría obtener la empatía de los neoleoneses y que, de manera convincente podría encabezar el movimiento civil en ese estado y en el país.

Por supuesto, las cosas no le saldrían de inmediato bien. De acuerdo con un reportaje de Luciano Campos Garza publicado por Proceso (número 2016) recientemente hubo un atentado en Nuevo León que a todas luces pareció un mensaje para el Bronco pues se dio en el municipio de García, donde él fue presidente municipal: “El grupo armado irrumpió en el centro de ventas de Corona, en la colonia Sierra Real, seleccionó a sus víctimas y las encerró en una bodega. Ahí les designó una sola bala a cada una. Los peritos encontraron en el lugar únicamente 10 casquillos percutidos”. El gobierno actual quiso enterrar el hecho bajo la idea de que se trató de un ajuste de cuentas entre grupos rivales, pero para el Bronco, las cosas fueron muy distintas como recoge el semanario: “No deben la policía y las autoridades relajarse en ese tema. Deben buscar hasta encontrar a los culpables, sin escatimar nada. No deben permitir que vuelva la ola de violencia que según los actuales gobernantes dicen todos los días que está controlado (sic)”. Como quiera que sea, Rodríguez Calderón gobernará en breve y no deja de demostrar desprecio hacia los partidos políticos de los cuales no quiere saber nada. Habrá de integrar gobierno con ciudadanos sea cual sea su filiación, y negociará con los diputados del Congreso, pero no con sus partidos, lo que ha provocado una andanada de reclamos. La diputada local del PAN Rebeca Clouthier habló de la supuesta obligación que tendrá el gobernador independiente de negociar con los partidos, según el reportaje: “El Congreso le aprobará sus presupuestos, recursos, financiamiento… Con todo respeto –puntualiza–, su discurso está completamente fuera de la realidad. Debe saber que vivimos en un estado con instituciones y división de poderes. Tendrá que dialogar (con el Poder Legislativo) porque no está por encima de ningún poder”. Lo dicho, frustración y una total incapacidad para aceptar los cambios que se avecinan.

Hace muchos años trabajé en el Congreso de la Unión, lo que me proporcionó una visión muy clara de los intereses de los partidos en el legislativo: ellos no representan sus entidades o distritos; representan claramente a sus fracciones parlamentarias, su ideología y sus intereses políticos, por encima de los intereses de la nación. No por otra cosa, los neoleoneses decidieron votar por un candidato sin partido. Pero, así y todo, es un hecho que ha de negociar con las diversas fuerzas políticas de su entorno, con los empresarios e incluso con los variopintos grupos de poder, legales o no, para poder llevar la fiesta en paz. Y pese a que se convirtió desde su triunfo en la representación de la “pureza” ciudadana en redes sociales y medios de comunicación, lo cierto es que es un político sin partido que habrá de hacer política en un cargo que, le guste a quien le guste, es político. Lo que es más, él no lo niega y seguramente sabrá gobernar por su herencia partidista (PRI), lo que hará que eventualmente se caiga el velo de pureza que le han atribuido sus seguidores y los fanáticos que se cuelgan de cualquier causa, lo mismo una ciudadana, que ecologista, que de defensa de los animales. No la tienen fácil los otros candidatos independientes que lograron diputaciones porque aparentemente ellos sí provienen de la sociedad civil y tendrán que entablar negociaciones y acuerdos políticos con políticos, muy por debajo del pedestal en el que los han colocado. Por tanto, es pertinente que nos preguntemos por las fronteras de este nuevo fenómeno de independencia que se manifestó en las elecciones pasadas y que observemos con cautela lo que está por venir. Es menester no dejarnos llevar por victorias pasajeras que bien podrían no resultar suficientes ante la complejidad de la realidad en la que vivimos. Sobre todo, no podemos darnos el lujo de la ingenuidad, no en este escenario.