INAH prepara un registro de las comunidades que han sido despojadas de sus saberes

La antropóloga María Elisa Velázquez anunció que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) trabaja desde hace dos meses en la creación de una Plataforma de Registro de Patrimonio Cultural y Mercado.

Dijo que dicha herramienta se realiza a través de la Coordinación Nacional de Antropología (Cnan), del INAH, área que esta a su cargo.

Abundó que dicha plataforma se alista para estar disponible al público en la página web de la Cnan. En ella, se visibilizarán casos en los que una comunidad esté siendo afectada por una apropiación de sus saberes.


“Se trata de un mapa en el que documentaremos qué pueblo es el afectado, en qué modo y por quién, a fin de que esto sirva de insumo para investigaciones dentro del propio INAH”, expuso Velázquez.

Acotó que también servirá como fuente de información para futuras reglamentaciones o acciones, por parte de otras instancias públicas o privadas, en la materia.

De igual forma, la responsable de la Cnan mencionó que quienes estén interesados en enviar un caso, podrán registrarlo contactando al Programa de Peritaje Antropológico de la Cnan.

Dicho anunció se dio en el marco de la primera Jornada de trabajo sobre patrimonio cultural y mercado. Reflexiones sobre derechos colectivos y propiedad intelectual.

La jornada fue realizada en torno al Día Internacional de los Pueblos Indígenas, conmemorado cada 9 de agosto de acuerdo con el decreto de la Organización de Naciones Unidas (ONU), establecido el 23 de diciembre de 1994.

Esta actividad académica buscó, a través del diálogo interdisciplinario y con la participación de portavoces de diversas comunidades originarias del país, fomentar la investigación de casos de apropiación de saberes o manifestaciones culturales indígenas para su comercialización, y a la vez exponer las experiencias positivas en esa materia.

La secretaria técnica del INAH, Aída Castilleja González, destacó que el encuentro tuvo como punto medular el análisis de los complejos vínculos que se han establecido entre el patrimonio cultural tangible e intangible que los pueblos indígenas generan, actualizan y transmiten de generación en generación, y los intereses mercantiles actuales.

“Hoy vemos que muchos de los objetos que en las comunidades tienen un uso cotidiano o un significado ritual: textiles, cerámicas o bastones de mando, son considerados artesanías o incluso tomados por meros objetos decorativos en industrias como las de la moda y publicidad”.

Los especialistas reconocieron que, desde el punto de vista de la propiedad intelectual, existen puntos contrapuestos en la materia, toda vez que a menudo, un particular busca registrar un producto cuya elaboración compete o pertenece, patrimonialmente hablando, a un colectivo popular.

Aunaron que las propias características de las creaciones indígenas tienen un uso libre dentro de sus poblaciones de origen y no cuentan con un autor específico puesto que muchos artesanos comparten un mismo saber.

Pese a lo anterior, coincidieron en que actualmente, la legislación y las instituciones mexicanas brindan a las comunidades herramientas para, por ejemplo, otorgar una marca colectiva a un determinado pueblo o asociación civil, o bien denominaciones de origen e indicaciones geográficas a productos característicos de una región.

Además de insistir en la necesidad de mayores acercamientos entre juristas, antropólogos y comunidades, concluyeron que la sociedad en general, es decir, los consumidores, deben también tomar conciencia del tema y, preferentemente, investigar si el producto que adquieren realmente toma en cuenta o beneficia a la comunidad indígena de la que dice derivar.

En dicho diálogo  participaron Xóchitl Zolueta Juan, titular del Programa de Peritaje Antropológico de la Cnan; Martín Michaus Romero, abogado por el Despacho Basham, Ringe y Correa; Jesús Parets Gómez, director del Registro Público del Derecho de Autor, del Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor); y Fidencio Briceño Chel, investigador del Centro INAH Yucatán, así como miembros de colectivos como la Asociación de Voladores, de Veracruz, defensores de saberes como los bordados de Tenango de Doria, Hidalgo, o de la Asociación de Mujeres para el Desarrollo de Sacatepéquez, Guatemala.