INAH: lenguas originarias peligran por poco uso y función exclusiva en espacio familiar

México está reconocido dentro de las 10 naciones con mayor diversidad lingüística en el mundo: en el territorio nacional confluyen 11 familias que derivan en 68 lenguas, expresadas en 364 variantes.

No obstante, estudios cuantitativos y cualitativos anuncian que en las últimas décadas, en la región norte del país se ha desatado un acelerado proceso de pérdida de lenguas nativas, con minorización de su uso y funciones en los espacios tradicionales como lo son la comunidad y la familia.

El conflicto más intenso lo padecen las lenguas pima, tohono o´odham (pápago) y las de la familia yumana, habladas en Baja California: kiliwa, kumiai, cucapá y paipai.


En tanto, el mayo, tarahumara, guarijío, seri y kikapoo, que eran hablas con una alta vitalidad hacia mediados del siglo XX, incluso las dos últimas hasta finales del milenio, han pasado de un proceso gradual de pérdida a uno acelerado.

Mientras el yaqui y el tepehuano del norte se han mantenido en proceso de desplazamiento gradual, lo que ha implicado mayor resistencia de sus comunidades.

Los espacios comunales han sido donde la resistencia lingüística ha cobrado mayor relevancia, pues a pesar de que aún en ese terreno el español domina ciertos escenarios, todavía existen importantes actividades donde la lengua indígena tiene vigencia, principalmente en los de tipo ritual.

No así en el contexto privado, donde el conflicto alcanza más relevancia, pues la familia dejó de ser el lugar de vitalidad de las lenguas que padecen mayor desplazamiento por el español; es decir, la familia ya no representa el núcleo de la resistencia lingüística en sociedades donde los idiomas han entrado en un vertiginoso proceso de pérdida.

Tal situación es advertida por el antropólogo José Luis Moctezuma Zamarrón, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Sonora, quien ante el frágil panorama, observa la imperiosa necesidad de buscar nuevas formas de revitalización para el uso de lenguas indígenas en ámbitos donde todavía es posible revertir su desplazamiento, porque de lo contrario vislumbra la muerte de varias de ellas.

Una de las posibilidades que propone el antropólogo para detener ese desplazamiento y revertirlo es la aplicación de una política del lenguaje en donde se pondere la oralidad en todos los ámbitos posibles, ya que son excepcionales los espacios públicos en donde la lengua indígena tiene cierta presencia.

El investigador dice que para poner en marcha programas de revitalización, primero es necesario reconocer las características particulares de cada comunidad; determinar el estado que guarda el conflicto lingüístico en los planos público, comunitario y privado, así como partir de los intereses y motivaciones de las comunidades.