IMPARABLES Y EN BUSCA DE LA CONTINUIDAD

Ya van seis periodistas asesinados este año, sin que haya ninguna investigación seria al respecto y el señor Peña Nieto insiste que no evaluamos correctamente su administración. Lo que nos lleva a recordarle que son 44 homicidios en su sexenio y 12 el año pasado, con una impunidad del 99.5 por ciento. ¿Eso, a fin de cuentas, es saber gobernar?

Frente a dicha masacre, que nos pone en el nivel de Irak, Afganistán y Siria, el señor Enrique intenta presumir que tiene logros al por mayor. Aunque las organizaciones empresariales, a las cuales ha favorecido ampliamente, ahora se le rebelan y lo mismo la Coparmex que el CCE insisten que es hora de parar la violencia que vivimos durante todo este y el anterior sexenio ya que las inversiones no llegan, el clima de negocios se deteriora y la impunidad es lo frecuente, no obstante que se nos quiera dorar la píldora con acciones efectistas pero sin que cesen los delitos en todas partes de la República.

En el caso de los periodistas, hace días ultimaron a Alicia Salgado, corresponsal del periódico El Financiero en Monterrey, Nuevo León. Y ayer le tocó el turno a Héctor González Antonio, de Excélsior en Tamaulipas. Uno de los estados donde la ley no existe, ya que de tiempo atrás Los Zetas controlan la entidad sin que la autoridad tenga el menor asomo de enfrentárseles.


Pero no se crea que los informadores, desprotegidos, estamos únicamente espantados por lo que nos ocurre. Más bien sabemos que somos víctimas como miles de compatriotas que no tienen la menor posibilidad de protegerse. Los criminales lo mismo que las autoridades, incluidas algunas corporaciones de las llamadas fuerzas del orden, se dan un banquete contra la gente común, la cual no tiene realmente a quién acudir para que le ayude y proteja. Tanto así que muchas familias han tenido que buscar a sus desaparecidos, muertos y secuestrados, durante meses o años.

Hay grupos heroicos en todo el país, especialmente formados por madres y parientes femeninas, que han dejado todo por encontrar el mínimo rastro de un familiar. Algo que ha sido observado lejanamente por la autoridad o incluso visto con desprecio. Porque la unión de malandrines y las aparentes fuerzas de vigilancia es muy añeja y cada vez más cercana. Por ello se explica muy bien cómo los cárteles de drogas y los asaltos a diferentes tipos de establecimientos, muchos de ellos oficiales, ocurren a plena luz del día y no hay detenidos. Un caso reciente de justicia a modo es el de Karime Macías. La señora tiene largos meses fugada y viviendo como princesa, muy cerca de la aristocracia inglesa, y no se le había requerido por sus malversaciones y pillerías. No es sino hasta que ahora la necesita Miguel Ángel Yunes, el déspota que gobierna Veracruz, quien intenta dejar a su hijo en la silla grande de la entidad, que lanza un reclamo judicial en contra de Karime. ¿Por qué hasta ahora? La respuesta, diría Bob Dylan, está en el viento.

Por otro lado, sabemos que una buena cantidad de empresas llaman a votar contra Andrés Manuel López Obrador. Coca Cola, Herdez, Vasconia y el siempre cuestionable Grupo México, de Alberto Bailléres, la minera que jamás restauró los daños en el Río Sonora, los cuales son una vergüenza para la ecología del país. Bien que abran sus cartas esas fábricas y sus dueños, pero luego no digan que la inversión es para bien del país, ya que hacen política y malas artes en cuanto sienten que no hay negocio al frente por no contar con el apoyo de los gobernantes. Y si bien como dice Lorenzo Córdova, en un país democrático hay libertad de expresión, se debería sancionar abiertamente la coacción a los trabajadores para votar a favor de cualquier partido. Algo que durante muchos años hizo el PRI y actualmente llevan a cabo los empresarios.

Ya que esa forma de obligar a los ciudadanos a sufragar por alguien no es democracia, sino autoritarismo. Todo esto ocurre este 30 de mayo, el trigésimo primer aniversario del homicidio de Manuel Buendía, quien en su columna Red Privada alertaba en contra de personajes, empresas y agencias como la CIA que trataban de desestabilizar México. Algo que debemos tomar muy en cuenta ahora que se intenta acallar la voz de millones de mexicanos, aquí y en los Estados Unidos, quienes buscan una transformación para bien de los que viven en la miseria y el abandono.

Según estadísticas confiables, hay 53 millones de pobres, el 43 por ciento de la población nacional; el gas aumentó en los últimos años en 30 por ciento y la gasolina en 80 por ciento. Al decir de Gustavo de Hoyos, Coparmex, en 2018 hubo 852 atracos en trenes y tres mil 357 robos de mercancías. La lista de agravios puede ser más amplia y nos espantaríamos ante ella. Pero baste con estos números para darnos cuenta porque hay un anhelo de cambio no obstante las triquiñuelas de políticos añejos y poderosos empresarios. Dejaremos que se impongan, otra vez, unos cuantos o la mayoría hará un esfuerzo para decir en las urnas lo qué necesita esta nación para ser libre de oligarquías.

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