En Huaquechula, el segundo convento más antiguo fue uno de los dañados por el sismo

El 19 de septiembre no fue sólo un día de movimiento telúrico: también detonó movimientos en lo político y lo social: Experiencias post-sísmicas. Foto: Templo de San Martín de Tours.

El templo de San Martín de Tours, en Huaquechula, fue uno de los inmuebles patrimoniales protegidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que sufrieron graves daños a raíz del sismo ocurrido el pasado 19 de septiembre.

Colapso de su bóveda principal, caída de su torre y desprendimientos ornamentales fueron los daños causados por el terremoto de 7.1 grados que sacudió a la Ciudad de México y a los estados de Morelos y Puebla.

Este ex convento, terminado de edificar en 1569, destaca por la conservación del diseño original de sus acabados arquitectónicos, así como por sus pinturas, esculturas y retablos contenidos en su interior, cuya antigüedad va de los siglos XVI al XX.


Precisamente, de este convento considerado el segundo más antiguo en México, destaca la bóveda de crucería con nervios de piedra labrada seccionada en cuatro tramos por arcos, cada uno con una longitud de 10.70 metros de largo por 11.50 metros de ancho.

“El primer tramo de la bóveda corresponde al coro; el segundo y tercero a la nave del templo y el cuarto al presbiterio, cuya nervadura presenta un diseño más elaborado”, como explicó el restaurador perito Pablo Vidal Tapia.

Asimismo, explicó el especialista adscrito a la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, este templo “presenta la tipología característica de las iglesias mendicantes del siglo XVI en México: una sola nave continua y presbiterio poligonal que sobre los gruesos muros desplanta la bóveda de crucería, algo que para la época significaba una estructura ambiciosa, elaborada y costosa”.

Vidal Tapia, encargado en abril de 2016 de los trabajos de restauración de dicho inmueble, estimó que en este recinto se pueden ver los distintos estilos en el arte y los momentos históricos por los que ha pasado el país.

“El que no se haya modificado ni repintado es otra de las razones que lo hacen único”, expuso.

Durante los trabajos de restauración, expuso el especialista, se recuperó la sillería que decora la bóveda pintada con enlucido blanco aplicado directamente sobre el aplanado, la cual se mantuvo oculta durante siglos.

En aquel momento, al hacer calas estratigráficas se comprobó que bajo 15 encalados se hallaba la decoración original del siglo XVI, prácticamente completa y en buen estado de conservación, por lo que se determinó rescatarla.

Desde ese momento el decorado fue visible para los visitantes: sus sillares simulados con base en juntas rehundidas que les dan volumen y textura; además, en un conjunto de nueve ventanas de estilo gótico –dos de ellas ya intervenidas–, se descubrió una decoración mural con imágenes de un cordón franciscano y cenefas de flores de lis y cardos que rodean los vanos, cuya manufactura es de filiación indígena.

Asimismo, se retiró la capa pictórica gris de finales del siglo XIX o principios del XX que cubría los nervios y arcos de piedra labrada para descubrir sus vetas con tonos naranjas, amarillos y rojos.

Retablo único del siglo XVI

En el templo de San Martín de Tours de Huaquechula se conservan uno de los pocos retablos del siglo XVI en México, que destaca por tener 17 pinturas creadas por el artista novohispano Cristóbal de Villalpando.

Restaurado por especialistas del INAH en 2012, el altar mide 14 metros de altura y 10.5 metros de ancho, se integra por cinco relieves de más de 400 años de antigüedad, 18 óleos sobre tela –17 de ellos hechos en 1675 por Villalpando–, y cuatro esculturas de diversas temporalidades.

La restauradora Amalia Velázquez de León Collins señaló que, además de su antigüedad, el altar sobresale “por su riqueza ornamental, que consiste en corladuras de plata con pigmentación roja, amarilla y verde que le da un brillo homogéneo y singular”.

“Esta técnica fue un recurso decorativo común en la Nueva España durante el siglo XVI, pero hasta el momento no la habíamos encontrado en tal magnitud, es decir, decorando toda la pieza, solo como parte de algunos detalles en el retablo de Huejotzingo, también del siglo XVI”, abundó.