Hormonas y envejecimiento

Uno de los sistemas corporales que más se altera en el proceso de envejecimiento es el hormonal. Al igual que en la mujer, el envejecimiento del hombre está asociado con una disminución de los niveles de las hormonas sexuales. La reducción aproximada de 1 por ciento por año en los niveles de testosterona después de los 30 años de edad ha sido llamado andropausia, aunque este término es impreciso debido a que los niveles de testosterona no “pausan” realmente en el hombre, como sí ocurre con los estrógeno en la mujer. Por ejemplo, en el hombre, a partir de los 30 años de edad comienza a disminuir los niveles de testosterona y en la mujer, aproximadamente a los 50 años de edad, presenta una suspensión brusca en la producción de estrógenos, lo que se conoce como menopausia. Estas no son las únicas hormonas que se presentan cambios durante el envejecimiento.

Las hormonas se interrelacionan, lo que hace que la alteración de una afecte la producción de otra. Esta relación hormonal puede observarse en procesos tan comunes como la alimentación–digestión, donde la presencia de alimentos estimula la secreción de insulina y ésta a su vez estimula la inhibición de glucagón. La función más importante de la insulina es contrarrestar la acción concertada de varias hormonas que causan hiperglicemia, además de mantener niveles de glucosa sanguínea bajos. Sin embargo, estas no son las únicas funciones de la insulina. Esta hormona participa en la regulación del metabolismo de la glucosa, en la estimulación de la lipogénesis, disminuye la lipólisis e incrementa el transporte de aminoácidos a la célula. Otro papel importante de esta hormona es su función como hormona de crecimiento modulando la trascripción y alterando el contenido celular de numerosos mRNA. Además, estimula la síntesis de DNA y la replicación celular. Incrementos crónicos en otras hormonas, como la hormona de crecimiento, lactógeno placentario, estrógenos, y progestágenos, aumentan la secreción de insulina, probablemente incrementando el mRNA de la preproinsulina y de enzimas involucradas en el procesamiento de la preprohormona.

La menopausia (del griego mens que significa mensualmente, y pausi cese) se define como el cese permanente de la menstruación y tiene correlaciones fisiológicas con la declinación de la secreción de estrógenos por pérdida de la función folicular. Es un paso en un proceso lento y largo de envejecimiento reproductivo. Los estrógenos inducen fenómenos de proliferación celular sobre los órganos, principalmente en el endometrio, las glándulas mamarias y en el mismo ovario. La mayor concentración de estrógenos sanguíneos se presenta en los primeros siete días del ciclo menstrual. Esta hormona influye en el metabolismo de las grasas y el colesterol de la sangre. Gracias a la acción de los estrógenos los niveles de colesterol se mantienen bajos e inducen la producción HDL–colesterol “colesterol bueno”. Además, ayuda a la distribución de la grasa corporal, formando la silueta femenina con más acumulación de la grasa en caderas y en las glándulas mamarias. También, contrarrestan la acción de otras hormonas como la paratiroidea (PTH), que promueven la resorción ósea, haciendo que el hueso se haga frágil y poroso. Actúa sobre el metabolismo del hueso, impidiendo la perdida de calcio del hueso y manteniendo la consistencia del esqueleto. Al regular el ciclo menstrual, los estrógenos afectan el tracto reproductivo, el urinario, los vasos sanguíneos y del corazón, los huesos, las glándulas mamarias, la piel, el cabello, las membranas mucosas, los músculos pélvicos y el cerebro. El descenso de estrógenos afecta al comportamiento emocional de la mujer provocando cambios de humor, irritabilidad, depresión.


La disminución en los niveles de hormonas en el hombre no es un paso o algo súbito como ocurre en la mujer durante la menopausia, pero sus efectos pueden ser significativos. En el caso de la testosterona, esta hormona influye en la composición de la grasa corporal y la masa muscular. Su disminución sanguínea está asociada  con un incremento de la masa grasa (en particular adiposidad central), ya que su deficiencia promueve un incremento en el número de adipocitos. Además, su disminución reduce la sensibilidad a la insulina, altera la tolerancia a la glucosa, aumentan los niveles sanguíneos de triglicéridos así como los de colesterol junto con una reducción del HDL–colesterol. La lipólisis en el tejido adiposo es regulada por los andrógenos y puede ser un mecanismo por el cual la testosterona afecta el almacenamiento de grasas y la obesidad. La testosterona incrementa la lipólisis a través del aumento del número de receptores–adrenérgicos. Adicionalmente, los andrógenos afectan la expresión de varias enzimas claves involucradas en la lipogénesis. Por otra parte, la testosterona inhibe la captación de lípidos en el adipocito.

Normalmente la testosterona tiene muchos efectos diferentes en diversos tejidos del cuerpo, lo que explica su habilidad para actuar directamente sobre áreas específicas que cuentan con receptores para esta hormona y sus derivados. Por tal motivo, la disminución de la testosterona con la edad afecta todos los tejidos sobre los que puede actuar. Las consecuencias son: disminución en la densidad ósea, reducción en la masa muscular y su fortaleza.

El aumento en el reconocimiento de que los niveles bajos de testosterona aumentan los riesgos de morbilidad y de mortalidad ha hecho que se expanda el uso de varias formas de tratamiento de reemplazo hormonal (TRT) en hombres. Entre los tratamientos para hipogonadonismo que han alcanzado más uso están: el reemplazo con testosterona exógena y la estimulación de producción de testosterona endógena. Los estudios clínicos demuestran que la terapia de reemplazo de testosterona en hombres con deficiencia de andrógenos mejora la resistencia a la insulina, así como el control glucémico y también reduce la masa grasa, el colesterol y los triglicéridos. En el caso de la mujer la terapia de reemplazo hormonal es un tema en discusión. Estudios preliminares, actualmente en revisión, señalaban al reemplazo hormonal en la mujer como contraproducente, el cual inducía al desarrollo de cáncer. Sobre este tema aún no se ha dicho la última palabra.

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