¡Hicimos bien, Victoriano!

“Hicimos bien, Victoriano, hicimos lo que teníamos que hacer! Esa lucha no era nuestra, no era legítima nuestra porque ni tú ni yo somos gays ni nos dedicamos a la prostitución. Esa lucha era legítima de ellas: sus vidas e intereses personales estaban de por medio y requerían aprender a defenderse. Lo que hicimos fue enseñarles el “cómo”, para que tomaran la responsabilidad de sus propias vidas y la batuta de su propia lucha, como lo han hecho. Lo que nos movió, a ti y a mí, y a otros tantos más, de una manera tan profunda y contumaz, fue que teníamos convicciones”.

Victoriano González, activista desde hace muchos años en favor del respeto y la difusión de los derechos humanos de grupos vulnerables, ahora socio y director de “Resonancia Informativa”, radio por internet (www.resonanciainformativa.com), me invitó a una charla en su programa: “Un día en la vida de… Alejandra Fonseca”, donde por 50 minutos tuvimos la dicha de recordar, en la Puebla de hace 31 años (¡imagínense!), cómo inicié la defensa de los Derechos Humanos de las personas dedicadas a la prostitución, lucha a la que él se sumó 6 años después. Todo ha cambiado: ahora es trabajo sexual o sexoservicio y los gays, son reconocidas como mujeres trans.

Honro la memoria de mi mentor y mejor amigo doctor Alejandro Antonio Carcaño Martínez, que como síndico municipal me mandó llamar para realizar este proyecto y fue el principal ideólogo del mismo que, posteriormente, se convirtió en Asociación civil. ¡Cuánto lo extraño!

¿Qué hicimos? Aportar a su educación; enseñarlas a pensar con lógica y a reflexionar; a que tomaran sus propias decisiones con sus propias razones; a descubrirse como seres humanos dignos con respeto irrestricto. Muestra de ello es que hace 25 años, Victoriano se quedó afuera de las reuniones por ¡un año!, esperando a que ellas decidieran que podía entrar. Llegamos a tener 8 mil personas registradas en nuestro programa: con el Instituto de Educación para Adultos (INEA) alfabetizamos, tuvieron primaria, secundaria y talleres diversos con reconocimiento oficial; con el Departamento de Microbiología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), se hacían análisis clínicos y se les ensañaba a ocuparse de su propia salud y la de sus familias; el espacio de La Jornada de Oriente para contar esas historias, entre tantas cosas relevantes.


“¡Cómo no nos mataron!”, exclamó Victoriano cuando recordamos las mil y un veces que las ayudamos a recuperar a sus hijos (con denuncias integradas y apoyo de las instancias oficiales). O cuando las acompañábamos a denunciar a sus lenones, para que luego ellas los perdonaran. Todo era diferente: no había mafias poderosas en la Trata de Personas de aquí cerquita y en el mundo. Y aunque la atención a estos colectivos y fenómenos sociales nunca ha traído votos a un político, quienes se nos unieron, lo hacían convencidos que la causa merecía lo que se pudiera aportar institucional y personalmente. Teníamos convicciones. Esta charla me hizo vibrar profundamente con todo lo que fue y que está pendiente de contar. Hay que decirlo: Puebla fue el primer ayuntamiento en el mundo que tuvo un programa semejante; además, nos adelantamos a la creación en México de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y a la Comisión Nacional de la Lucha contra el SIDA. ¡Y eso no nos lo quita nadie! Aún en una lucha ilegítima, como lo fue, ¡porque hicimos lo que teníamos que hacer!

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