Hacedor de bombas de chicle

Quién mejor que los niños para compartir dulces y chicles con otros niños que no tienen! Cuando niña me tocó compartir dulces y chicles para hacer bombas con mis amigos que, sentados en la banqueta de la calle, en hilerita bien formada y tomando turnos, hacíamos  competencias de a ver quién hacía la bomba más grande sin que se le rompiera. Concluida la oportunidad, nos sacábamos el chicle de la boca con la bomba echa, para presumirlo ante los ojos extasiados de los demás –no importaba lo sucio de las manos sino el tamaño de la bomba–. Ahí estaban los supuestos jueces había quienes se paraban de la banqueta para estar frente al hacedor de bombas y determinar qué tan grande era la bomba y si era digna de ganar el concurso.

Convocábamos a todos los niños de la colonia que quisieran jugar a hacer bombas de chicle, juntábamos nuestro dinerito –quien tuviera– para comprar chicles de la marca que alguien ya había probado que era una garantía para hacer bombas grandes, y nos lo repartíamos parejo –hasta dobleteábamos– sin importar quién había puesto más, menos o nada de dinero. Éramos todos: hijos de “patrones”, de la muchacha de la tortillería, de la trabajadora de casa –recuerdo con mucho cariño a Pepito– o de la que vendía verduras. ¡Todos éramos iguales y queríamos hacer bombas!

Tengo la experiencia de estar en ambientes menos afortunados y convivir con gente de escasos recursos donde a los niños se les reparten dulces, chicles y juguetes por igual. Nadie nunca se ha quedado mirando.


Pero nunca me había tocado, ni siquiera escuchar hasta hoy, algo que me estremece por su profundo significado. Lo cuenta Luiz Inácio “Lula” da Silva, ex presidente de Brasil ahora preso, con sus propias palabras en su libro “La verdad venderá”: de niño era tan pobre que no le alcanzaba para comprarse chicles. Algunos de sus amigos podían pagarlos y pasaban el día mascándolos y haciendo pompas con ellos. Lo que Lula hacía, era pedírselos una vez que veía que los iban a escupir, para lavarlos cuidadosamente y poder masticarlos él.

Esto me rebasa…