Gracias, Payán

Carlos Payán recibió el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Guadalajara rodeado de amigos, familiares y admiradores. El Paraninfo, espléndido recinto signado por murales de Orozco, estaba repleto. Payán representa mucho para los que allí estábamos; no es exagerado decir que sin el vínculo que unos y otros establecimos con Carlos, nuestras vidas hubieran tenido un recorrido diferente.

Para La Jornada de Oriente y quienes en ella vivimos, el hoy doctor resultó el factor decisivo. Hace por estos días 24 años, Payán nos dio el sí para echar a volar este proyecto; siempre nos estimuló, nos enseñó el periodismo, nos puso en nuestro lugar cuando caíamos en el yerro. Fue fundamental también en los momentos difíciles, ésos en los que todo parece insuperable. Su serenidad, su afabilidad, su contundencia, pero sobre todo su enorme solidaridad, constituyeron la base del decirnos: esto que hacemos vale la pena; vivir –dice a sus 84 años– vale la pena, siempre vale la pena.

El discurso de Payán debería hacerse público. Es un homenaje a la vida y a la lucha; a la congruencia y el amor.


En el video que presentaron en la ceremonia se ofrece una entrevista con Epigmenio Ibarra, su compañero en Argos Comunicación. En ella, Ibarra dice que Payán es su padre, su maestro, su compañero, su socio, su amigo. Eso mismo puedo decir yo, podemos decirlo en La Jornada de Oriente. Es un gran privilegio para nosotros, para mí, que así sea.

Escuchando a Payán refrendé la convicción de que es posible superar los valladares, que es necesario seguir pugnando por una sociedad mejor, que hay que combatir contra esta situación de hoy día, que parece empeorar. Es decir, que vale la pena vivir y hacerlo siendo congruente con uno mismo.

Gracias, Carlos Payán, por todo lo que nos has dado.