Forrest Trump

Robert Zemeckis estrenó en 1994 Forrest Gump, película basada en la novela de Winston Groom y protagonizada por Tom Hanks. Estoy seguro de que la gran mayoría de nuestros lectores la han visto y sabrán que se trata de la inverosímil vida de un hombre que padece cierto retraso mental, pero que tiene un enorme corazón y talento natural para salir con éxito de cualquier reto inmenso que le plantea la trama. La película cuenta con múltiples logros a destacar, como una estupenda banda sonora, la destacable actuación de Hanks en el papel principal, el trabajo del resto del reparto encabezado por un excelente Gary Sinise, una fotografía pertinente y una buena mezcla de sonido. En fin, en general es una película que se deja ver sin más. Sin embargo, a mí me pareció simpática por dos posibles interpretaciones de la historia que me surgieron al momento de verla: primero, la idea de que para que una persona pueda tener éxito en Estados Unidos, debe tener retraso mental; segundo, que aquellos que llevan los destinos de ese país tienen retraso mental. Nunca he sabido exactamente cuál fue la idea de Zemeckis y de los productores al retratar semejante personaje. Acaso sea como dice Adrián Massanet en su análisis de la cinta para el portal Espinof en 2009 “me siento tan marciano cada vez que algún cinéfilo me cuenta lo mucho que ama esta película, que al menos tengo que concederme el capricho de escribir que Forrest Gump es mucho más que el E.T particular de Zemeckis. Este delirio yanqui es, probablemente, la más calculada y presuntamente ingenua oda a la grandísima falacia en que se ha convertido ese chiste llamado Estados Unidos”. Y remata diciendo “porque, a fin de cuentas, el mismo Forrest no es más que una parábola de lo más hermoso de ese país. Forrest representa el corazón roto de Estados Unidos, lo más puro y lo más noble que hay en él, su esperanza de futuro y su capacidad para olvidar el pasado. Es la cristalización definitiva del sueño americano, pues triunfa en los deportes, va a la guerra y se hace millonario gracias al duro trabajo. Y, para rematar esa vida que le espera a todo americano, si no se cuestiona las atrocidades de su país, conoce a varios presidentes. Qué vida más maravillosa…” En efecto, una auténtica ingenuidad.

Claro, como lo he dicho, la idea de que esa nación esté representada por semejante personaje, me resulta sugerente, pero pensé que se quedaría en el celuloide. Cuál sería mi sopresa al darme cuenta que llegó un personaje con esas características a la Casa Blanca, un auténtico “Forrest Trump”. El nefando y tristemente célebre personaje que dirije los destinos de Estados Unidos es prácticamente un oligofrénico con mentalidad de un niño de primaria. No lo digo yo, por supuesto, lo dice personal cercano a Donald Trump, cuyas declaraciones, publicadas en un libro de Bob Woodward –otrora ganador del premio Pulitzer por el estupendo reportaje que elaboró con Carl Bernstein en 1974 sobre el caso Watergate– lo dejan clarísimo, según reporta el portal de Aristegui Noticias: “James Mattis, el secretario de Defensa, describe a Trump como una persona con el intelecto de un ‘niño de quinto o sexto año de primaria’, mientras que su exabogado John Dowd sostiene que es un ‘mentiroso’ y que podría terminar en prisión si testifica ante el fiscal especial Robert Mueller”. En efecto, el tipejo ese tiene una capacidad intelectual prácticamente nula y sus deciones son trágicamente viscerales. Se que han existido presidentes grises en la historia de los Estados Unidos, presidentes malandrines, incluso uno que otro poco capaz para el puesto o de plano, incapacitado porque empinaba el codo –recordemos el alcoholismo de George Bush hijo– pero creo que nunca han tenido un presidente cuya capacidad intelectual haya sido puesta en duda.

El reportaje continua lapidario: “El libro Fear: Trump in The White House (Miedo: Trump en la Casa Blanca) revela que algunos de los más cercanos colaboradores del mandatario, como su exasesor económico Gary Cohn, llegaron a tomar medidas extremas para proteger al país, como esconder documentos sensitivos para que Trump no los leyera o firmara. (…) ‘Es un idiota. No tiene sentido convencerlo de nada. Se ha descarrilado. Estamos en un pueblo de locos. Ya no sé por qué seguimos aquí. Es el peor trabajo que he tenido’, dijo Kelly, de acuerdo con el libro, obtenido por adelantado por la cadena CNN”. Kelly es el jefe de gabinete de Trump. Por supuesto, sus propios colaboradores dan testimonio de la incapacidad del presidente, pero ello me hace preguntarme ¿cómo es posible que una persona con tales capacidades mentales puede llegar a ser empresario? ¿Cómo puede llegar a ser presidente de la máxima potencia militar del mundo? ¡Riesgo total! Entonces, al comprobar que Forrest Gump puede existir en la figura de Trump, ya no me resulta tan divertida la premisa de la película. El que un personaje con un posible retraso como Trump gobierne ese país provoca terror. El asunto es que Forrest nos da ternura y hasta cierta alegría cuando obtiene, casi sin querer, todas las mieles del modelo gabacho, y nos cautiva por el gran corazón que tiene; empero, Trump no sólo no logra esa empatía, al contrario, nos produce miedo por su exceso de perversidad. El libro hará que se tambalee una de las instituciones más importantes del mundo moderno, pues evidenciará que está gobernado, ahora sí, por débiles mentales con un enorme poderío. No es gracioso.