Fiel a su congruencia, Olivia Revueltas rechazó el Premio Nacional de Ciencias y Artes

“Los Revueltas somos libres de preocupaciones, difíciles de controlar y fieles a sus posiciones sociales”, afirmó hace casi ocho años la hija del escritor José Revuelta ■ Foto Abraham Paredes

Fiel a su congruencia, la pianista del jazz Olivia Revueltas rechazó el Premio Nacional de Ciencias y Artes que entrega el gobierno mexicano en reconocimiento a la trayectoria de científicos, investigadores y artistas mexicanos. Su negativa se dio por una razón: porque rechaza la forma en que el presidente Enrique Peña Nieto “deja a este país”, es decir, en una profunda crisis económica y social.

“Los Revueltas somos así: libres de preocupaciones, difíciles de controlar y fieles a sus posiciones sociales”, afirmó hace casi ocho años la hija del escritor José Revuelta a esta reportera. Ahora, años después y en voz de su hija Kayani Revueltas, escritora e investigadora, reafirma esa posición.

“Ella es muy sencilla. Le pregunté: ¿oye mami, por qué rechazas el premio? A lo que me dijo que por la situación en que el presidente deja al país, por la forma en que se va y nos deja”, narra Kayani Revueltas mediante una entrevista telefónica.


Cuenta que, si bien su mamá ya no quiere abordar el tema, pues prefiere dar la vuelta a la página, le dijo que no, que “de ninguna manera”, recibiría el premio instituido en 1945 que se define como “el máximo reconocimiento público que otorga el gobierno de la República a la labor científica y cultural, así como de las artes populares”.

Además de por la forma en “que deja al país”, agregó que Olivia Revueltas dijo que no al galardón nacional por la forma en que “deja a los artistas del país”, pues consideró que la cultura ha sido un renglón que “no ha recibido el apoyo” justo y suficiente.

La nieta del escritor José Revueltas agregó que, si bien el Premio Nacional de Ciencias y Artes es considerado un reconocimiento que “te lanza a otro nivel”, es también cierto que lo que “lanza” a cualquier artista es su trayectoria y su comportamiento ante el arte, como es el caso de su madre Olivia.

Kayani Revueltas agregó que, por tanto, su madre “nunca ha pensado en ello” pues siempre ha estado segura y consciente de que “su público es primero”, tal como demostraba cuando era joven, llevando a sus hijos a sus conciertos sin importar que no hubiera forma de desplazarse, pues incluso pedía aventón para llegar a sus presentaciones.

Frente a esa falta de apoyo a la cultura, al arte y a sus creadores, e incluso para remediar la manera en que “la gente de cultura se parte el lomo”, haría falta que el gobierno mexicano abra más espacios en el que se acojan todo tipo de artes y éstas estén cercanas para los ciudadanos.

“Antes las casas de cultura estaban llenas de niños y de artes, y ahora están llenas de cursos de macramé y cultura de belleza”, señaló la autora de la antología Velo Negro, una serie de cuentos “percusivos y musicales”, que develan, además, una influencia “inevitable y sabrosa” de su madre.

Concluyó que el mejor homenaje para artistas de la talla de Olivia Revueltas es “abrir centros, escuelas, repartir libros –o discos– en su honor”, es decir, hacer que su obra sea promocionada y valorada por públicos distintos.

Destaca que Olivia Revueltas, pionera del jazz en México, inició su carrera en México a los 23 años de edad de manera autodidacta, junto a músicos legendarios como Chilo Morán, Tino Contreras y Enrique Almanza.

En Estados Unidos, durante el autoexilio que la llevó a permanecer en San Antonio Texas durante 25 años, alternó con músicos como Roberto Miranda y Billy Higgins, con quienes grabó el álbum Round Midnight in L.A., en 1998; al que le seguiría, tres años después, el material titulado Angel of Scissor.

De México, la pianista ha reconocido su calidez, pues es “un pueblo que rebosa en generosidad y en calidad humana”. Sobre el jazz, en cambio, ha dicho que es un género capaz de tocar el corazón por que utiliza una comunicación sonora.