Fernando Adriacci en la plazuela del Teatro Principal

La historia de nuestra Puebla de los Ángeles es interesante, más aún cuando se tratan de espacios públicos en nuestro Centro Histórico, mismos que exigen respeto a su historicidad, lo cual queda anulado cuando de plantean obras municipales desde la ignorancia de las instituciones gubernamentales y de quienes las conforman. Este es el caso de la plazuela del Teatro Principal, ubicada sobre la 8 Oriente, entre la 6 y la 8 Norte.

A la altura del callejón de la 6 Norte se distinguen unos portales cuya licencia de construcción data de 1593 y que recibe la denominación de Portalillo desde 1773, este elemento arquitectónico es el límite poniente de lo que durante siglos se le conoció como la Plazuela de San Francisco y que antiguamente abarcaba toda la manzana hasta la construcción del Coliseo hoy conocido como Teatro Principal. Desde inicios del siglo XVIII se le vendió esta edificación -sobre la que se construyó el mencionado portal- al convento de Santa Inés, así como las casas contiguas. Para 1714 ya era mesón propiedad del dicho convento, fungiendo como tal aunque con diferentes nombres hasta 1885. A partir de 1897 ahí se instaló una escuela preparatoria, posteriormente albergó el Colegio del Verbo Encarnado, para , a partir de 1913, convertirse en el Colegio Pío de Artes y Oficios, y al año siguiente en el Colegio Comercial de las Escuelas Pías de Puebla.

A la explanada conocida como Plazuela de San Francisco se le construye en su lado Sur, en 1759, el sexto teatro que se levanta en la ciudad, conocido con los nombres de Coliseo y Antiguo Corral de Comedias, bajo el reinado de Fernando VI, mismo que se inaugura un año después, y que funcionó como bodegas de artillería durante la guerra de independencia. Es hasta 1842 cuando recibe el nombre de Teatro Principal y como tal se le vendió al ciudadano Miguel García en 1856, aunque el ayuntamiento lo vuelve a vender en 1863 a Manuel Azpiroz otorgándole la posesión del inmueble hasta 1867. Después de décadas de abandono, múltiples usos (hasta corridas de toros había en su interior) y cambios de propietarios, se termina de destruir por un incendio en 1902.


Pues bien, esta explanada o Plazuela del Teatro Principal, en nuestra actualidad, se ha abotagado de esculturas de cuestionable calidad, irrumpiendo en el espacio, obstaculizando la movilidad de los transeúntes y contaminando visualmente la imagen urbana de una parte importante de nuestro Centro Histórico. En esta ocasión abordaremos a obra del oaxaqueño Fernando Adriacci.

Fernando Adriacci es un artista plástico que ha dominado la comercialización en las calles de México, tanto capital como provincias. Es originario de Cuicatlán, Oaxaca. Carece de estudios formales de arte, lo cual queda constatado en su obra, pues durante diez años (de 1983 a 1993) cursó diferentes talleres de dibujo, pintura y grabado en la Casa de la Cultura Oaxaqueña y en el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo, en este último lugar, además de los talleres mencionados, tomó talleres especializados de grabado (litografía, xilografía) y sumó el taller de escultura. Fue partícipe de la fundación del Taller de Artes Plásticas Municipales y Pintura Monumental Rodolfo Nieto, en su estado natal, a partir de donde despegó comercializando su pintura mural, por lo que varios espacios públicos de Oaxaca y de la Ciudad de México albergan sus murales.

Estilísticamente, Andriacci, sigue un camino similar al del artista plástico de origen brasileño Romero Britto, a quien curiosamente algunos catalogan dentro del Arte Pop, con la osadía de compararlo con Andy Warhol, lo que francamente considero fuera de tiempo, forma y concepto, sobretodo en esto último, pues Britto se distingue por su ardua labor comercial. Ciertamente el consumo era centro de atención desde el Arte Pop, pero con una mirada crítica; de ahí que los objetos de Warhol fueran los elementos más comerciales con marcas distinguidas como Coca Cola o Cambells. Por su parte, Britto hace uso excesivo de elementos infantiles y juveniles, de fácil asimilación, tanto en formas como en el uso de colores (dominando los primarios), lo que facilita su entendimiento y la hace más comercial. Desde esta perspectiva ¿no es lo opuesto al Pop Art? Aquí no hay análisis ni crítica de una realidad, por lo que tampoco hay una propuesta estética en lo que ella confiere: las formas son simples y la idea es la venta. Lo mismo se aplica a Andriacci, por eso es que su obra se vende fácilmente, por el lenguaje infantil dominante, el uso de colores básicos y formas fácilmente comprensibles; aunque sin fondo ni idea, su obra es visualmente accesible y no implica cuestionamiento ni planteamientos teóricos de ningún tipo, es plásticamente superficial.

En Andriacci es común la representación de animales en su obra, pero no para crear su propio bestiario (como en el caso de Toledo que crea seres fantásticos a partir de la mixtura de hombres y animales), ya que el usa los animales tal cual son, sin transgresión ni alteración alguna, de hecho, también en sus representaciones formales utiliza el lenguaje infantil.

En cuanto a los colores, al igual que Romero Britto, dominan los colores primarios, facilitando su lectura y denotando su carácter meramente decorativo. En sus pinturas se distingue un mejor manejo del color en cuanto al matizado y la disposición contrastante de las gamas, elementos no presentes en la escultura, ya que en esta disciplina maneja colores planos.

Su pintura –dentro de lo decorativo- posee un carácter narrativo, a diferencia de la escultura, que es meramente ornamental. En ambos casos es barroco, utiliza la línea recta, el zig-zag y la línea curva, para diferenciar los campos, pero siempre saturándolo todo, sin dejar espacios vacíos para el reposo visual, o para generar contrastes. Todo tiene que estar repleto, dificultando la lectura visual. Carece de composición, ya que varios elementos compiten en protagonismo dentro del mismo plano. En la escultura, por otra parte, solamente se trata de la figura a representar y ésta la cubre de colores en diferentes modalidades.

En el caso particular de su obra presente en la Plazuela del Teatro Principal contamos con un elefante, una mujer y una libélula. Están hechos a base de pequeños planos, geometrizando la forma, por lo cual se puede hablar de un punto de partida con fundamento del geometrismo mexicano, de donde también utiliza su gama de colores (básicos).

Sobre los escalones del portalillo se ha colocado la Libélula, conformada por un conjunto de planos geométricos, mismos que son decorados con colores lisos y las aristas se han remarcado con líneas negras, ya que entre tanto color se pierde la forma, y con la ayuda de dichas líneas bordeando cada color y cada plano geométrico, se hace más entendible la forma general.

También hay un elefante y una mujer, al norte y oriente de la explanada, configurados por medio de la unión de polígonos regulares e irregulares y sobre cada una de estas figuras ha diseñado una pintura, por lo que cada plano contiene una escena pictórica, abotagando de color y de elementos la superficie de cada una de las piezas.

Cabe mencionar que en 1999, Adriacci obtuvo Mención Honorífica en la Segunda Bienal de los Ángeles organizada por la Universidad Iberoamericana Puebla, con el tema de Arte Barroco, lo cual dado su particular estilo concuerda muy bien, pues comprarte con este importante movimiento de la historia del arte el horror vacui.

En otras palabras, se trata de un artista plástico con dominio en la pintura y que, dada su capacidad de comercialización, se ha colocado en estupenda posición de venta de obra escultórica, aun cuando carezca de calidad plástica y de discurso conceptual, lo cual evidentemente no interesa ni al vendedor ni al comprador, manteniendo una relación de mediocridad entrambos.