Fábulas neoliberales

Los obstinados neoliberales persisten en festinar sus fantasías, al parecer, convertidas, en insana obsesión, como es el caso de Peña Nieto quien, al referirse al crecimiento anualizado del PIB de 2.8 por ciento, “logrado” en el primer trimestre del año, echó las campanas al vuelo y dijo: “Estos datos son el mejor ejemplo de que nuestro país le está yendo bien y que la economía es… fuerte (sic)”. A la misma alegría, otro tecnócrata, José A. Meade, fue más allá, al celebrar los “triunfos” alcanzados por los cambios estructurales: “Seguiremos teniendo espacios de volatilidad e incertidumbre, pero las reformas… funcionan”.

Pero si bien el crecimiento anual corresponde a esa cifra, el crecimiento real en los tres primeros meses del año, según el Inegi, fue de 0.7 por ciento, mísero incremento acompañado de un índice inflacionario de 6.17 por ciento en la primera quincena de mayo. Se trata, entonces, de una manipulación de cifras que corresponde a la actual etapa electoral, situación que impone a las autoridades federales llevar agua a su molino para intentar hacernos cree otra realidad de lo que acontece en el país.

El asunto es que, pese a 35 años de políticas neoliberales, México no ha alcanzado el ansiado desarrollo, a excepción de sectores y estados conectados a las cadenas productivas de las empresas transnacionales; persisten en el país zonas de atraso, como los estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Puebla, Tlaxcala y otros más donde la marginación y la pobreza son una constante, ya no sólo entre los habitantes del campo, a éstos, recientemente se han incorporado núcleos urbanos.


El Fondo Monetario Internacional, ya ésta atento a los continuos altibajos de la economía nacional, para imponer otro crédito a la alicaída economía nacional por un monto de 86 mil millones dólares, a condición de continuar las reformas estructurales y cubrir compromisos internacionales, recursos, entonces, que poco ayudan al desarrollo pues, como recientemente comentó Arturo Huerta, el gobierno “está recurriendo a pagar deuda, con más deuda”.

En otro orden de ideas, esperemos por el bien del país que las autoridades encargadas de llevar a buen puerto los próximos comicios a celebrarse en cuatro entidades, se comporten a la altura de las actuales exigencias y dejen de ser cómplices de los fraudulentos recursos priistas (urnas embarazadas, padrones rasurados, compra de votos, “tarjetas rosas”, etcétera). El año próximo se efectuarán elecciones federales y en algunos estados, como Puebla, cambiaremos gobernador. Será una buena oportunidad para que las autoridades muestren su voluntad de evitar las prácticas tramposas que tuercen la voluntad popular y dejen al pueblo de México elegir a quienes quiere como gobernantes.