Experto expone los vínculos de patronato que estableció la Puebla novohispana

■ Foto Abraham Paredes

Para muchos de los creyentes en la Edad Media europea, una vida apacible y un orden social inmutable se veían frecuentemente trastocados por epidemias, inundaciones, terremotos y otros fenómenos naturales que asolaban sus pueblos. La solución a esta situación fue el establecimiento de contratos “terreno–celestiales” entre comunidades y advocaciones religiosas, a través de los cuales, unos se comprometían a rendir culto y otros a brindar “protección divina”.

Ampliamente difundida en España, dicha práctica migró al continente americano y tuvo un profundo arraigo en ciudades como Puebla de los Ángeles, la cual entre los siglos XVI y XVIII estableció vínculos de patronato con 17 figuras celestiales. Cada uno de estos patronatos es revisado en su contexto e importancia simbólica en la exposición temporal Protección para los ángeles. Los santos patronos de la ciudad de Puebla, que se exhibe en el Museo de arte religioso ex convento de Santa Mónica.

En este recinto adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se exhiben 23 piezas: óleos, esculturas, libros antiguos y relicarios; 15 de ellas pertenecientes al acervo del citado recinto, y ocho de colecciones correspondientes a la Biblioteca Palafoxiana, el archivo municipal de la capital poblana, el Templo Conventual del Carmen y los museos de Huejotzingo, Regional de Puebla y de Guadalupe, en Zacatecas.


De acuerdo con el historiador del Centro INAH Puebla y curador de la exposición, Jesús Joel Peña Espinosa, se trata de una oportunidad para que los ciudadanos del siglo XXI conozcan la correspondencia público–sagrada que, legalmente, regía a los poblanos de antaño, y que, curiosamente, no ha sido cancelada según consta en archivos.

“Hay que imaginar que en un solo año y junto a las festividades mayores, debían realizarse 17 conmemoraciones en honor de los santos patronos. Cada una implicaba para el ayuntamiento el pago de la fiesta y la limpieza de las calles por las que pasaría la procesión, y obligaba a la gente a adornar sus casas y vestir sus mejores galas”, dijo el historiador de formación.

Expuso que Puebla de los Ángeles tuvo como protectores a: San Miguel Arcángel como figura tutelar al momento de ser fundada en 1531, San Sebastián, San José, Santa Bárbara, San Roque, Santa Teresa de Jesús, San Felipe de Jesús, San Nicolás de Tolentino, San Francisco Javier, San Juan de la Cruz, a la virgen de Guadalupe, Santa Rosa de Lima, Santa Gertrudis la Magna, a los Santos Inocentes y a san Francisco de Asís. Además de las imágenes de la virgen la Conquistadora y la Purísima Concepción.

Jesús Joel Peña apuntó que el ayuntamiento –formado por dos partes que se ayuntaban, es decir, se reunían para gobernar: el cabildo para dar voz a los vecinos, y el alcalde mayor en nombre del monarca– era el órgano que elegía a los patronos y firmaba un contrato a perpetuidad.

Dicha institución, agregó, recibía solicitudes de particulares o de congregaciones religiosas y monacales, y retomaba advocaciones de otras ciudades, o incluso sorteaba a los santos para encomendarles tareas específicas.

Como ejemplo, el investigador del Centro INAH Puebla mencionó a San Sebastián, quien desde la Edad Media actuaba en contra de las pestes y fue retomado para combatir una epidemia en los primeros años del virreinato. Otro más fue San Roque, votado a propuesta de los hipólitos, quienes buscaban dar realce a su orden e integrar a su santo al calendario devocional de la urbe. Uno más fue san José, electo por sorteo en aras de evitar la caída de rayos en la ciudad.

Incluso, dijo el experto, hubo ocasiones en que aún bajo el amparo de un santo el problema continuaba, lo que llevó a los poblanos a refrendar su devoción mediante visitas extraordinarias a la figura religiosa, o bien, a pactar con un segundo numen encargado de la misma labor. Mencionó que ese fue el caso de santa Bárbara, que reforzó a San José como patrona contra los rayos y las tempestades.

Para ilustrar todo este aparato de creencias, aunó el historiador, la exposición inicia con la reproducción de un óleo del siglo XVII en el que se plasma al ayuntamiento de Puebla votando a San Juan de la Cruz, guardián de la urbe contra los demonios.

Las pinturas, algunas de las cuales pasaron por trabajos de restauración ex profeso para su montaje, se han instalado según el orden cronológico de los contratos patronales: desde un óleo de autor anónimo y centrado en San Miguel Arcángel, hasta una imagen, también sin firma, de San Francisco de Asís.

El curador destacó la presencia de piezas como la reproducción de la portada del Libro de patronatos, escrito en 1769 por el regidor Basilio Arteaga con el fin de hacer un listado de los santos con los que el gobierno tenía obligación de culto.

Asimismo, destacan pinturas como la de san Felipe de Jesús, procedente del ex convento de Huejotzingo Museo de la Evangelización, en la que se aprecian detalles nacionalistas como el paisaje de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, y el escudo del águila devorando una serpiente; ello en festejo del primer santo mexicano, canonizado en 1862.

La exposición Protección para los ángeles. Los santos patronos de la ciudad de Puebla permanecerá hasta el próximo 15 de agosto en el Museo de Santa Mónica, ubicado en la calle 18 Poniente número 103, en el Centro Histórico. El horario de visita es de 10 a 17 horas. Los domingos el acceso es gratuito para público nacional.