Expectativas

Cartas a Gracia

A menudo me preguntan quién es Gracia y cuál es la razón por la que le escribo de manera tan recurrente. La respuesta que doy, no deja la menor duda. Gracia es una maestra que desempeña su actividad docente en cualquier escuela de educación básica de nuestro país, que me comparte sus experiencias y las de sus compañeras y compañeros de trabajo. A Gracia –como a la gran mayoría del personal docente de alguna escuela pública o privada– le acompañan sueños, ilusiones y esperanzas. Y también, como muchas y muchos de los maestros en funciones, Gracia se encuentra harta por las “malas” condiciones en las que se encuentra el país, incluida la inseguridad que le ha afectado personalmente y la inflación que le obliga a comprar menos con el mismo dinero; incon–forme por las malas decisiones burocráticas que les imponen las autoridades en funciones –en particular las educativas– quienes en su gran mayoría nunca pisaron –laboralmente– una escuela de preescolar, primaria o secundaria y dolida por los comentarios que les endilgan algunos dueños de la “sociedad civil organizada” quienes les tachan de flojas, flojos, haraganes y les culpan por los malos resultados que obtienen niñas, niños y adolescentes en las evaluaciones de cualquier naturaleza.

Y, aunque les diera pormenores de nuestra amistad Gracia, pocas y pocos podrían identificarte. Cierto que Gracia es una maestra que, como la gran mayoría, se supera constantemente, se encuentra comprometida con sus alumnas, alumnos y con la comunidad académica que con ellas y ellos, construye cotidianamente; que comparte sueños y esperanzas con sus colegas acompañándose en el ejercicio de la docencia y que, al mismo tiempo, desarrolla un sin número de actividades que complementan su desarrollo personal y profesional y que incluso se diera tiempo para participar en cuatro maratones, dos de la CDMX, uno en Chicago y uno en New York. Las cartas a Gracia son también la remembranza de una lectura que hace algunos ayeres –no preguntes cuántos– me impactara placenteramente y que, aún ahora, puedo disfrutar en línea (Carta a una Maestra. Los alumnos de la escuela Barbiana). La carta, elaborada por ocho alumnos a instancias de su mentor, cuestiona la existencia de una escuela neoliberal que excluye y margina a los que menos tienen. Sin embargo, debo confesar que Gracia, es también un constructo mediante el que se comparten experiencias y expectativas de maestras y maestros. Toca el turno a Paty, Gracia, maestra de una escuela telesecundaria que labora en la zona de Tehuacán, Puebla y quien a pesar de trabajar en condiciones adversas, concluye al valorar el ciclo escolar 2017–2018 mencionando: “A mis 26 años de servicio, ¡he cumplido nuevamente!”.

Paty pondera el liderazgo de su director, la comunicación y el profesionalismo con el que se desempeñan quienes conforman la plantilla de docentes, el bajo nivel académico del alumnado y la falta de articulación entre los conocimientos que les fueron proporcionados  en la escuela primaria y los requeridos para el nivel subsecuente. Paty ataja “no dominaban las operaciones básicas para la adquisición de nuevos aprendizajes”. Tras un examen diagnóstico –señala– se diseñaron, entre maestras y maestros –todos en conjunto– estrategias que permitieran “subsanar deficiencias” que ayudaran a “mejorar en español, matemáticas y otras asignaturas, haciendo más fácil el desarrollo de nuestras clases”. Poco le falto para decirlo Gracia, pero debo resaltarlo: construyen una comunidad de aprendizaje.


Paty y sus compañeras y compañeros de trabajo gozan de un inmejorable clima laboral  (me suena muy diplomática) en la escuela, a pesar de las carencias y del ambiente extraescolar. Empero, como muchas maestras y maestros agraviados por la administración de Peña Nieto, ansían el finiquito de las medidas persecutorias que acompañaran a la reforma educativa mediante su derogación y la construcción colectiva del nuevo plan educativo que anunciara el presidente electo y que, en teoría, nacería después de una amplia consulta popular en la que participarían en primer lugar, maestras y maestros secundados por madres y padres de familia, académicos e investigadores del que–hacer educativo y por qué no, agrupaciones de la sociedad civil incluidas las pro empresariales que ya están cambiando su discurso.

Mientras que el personal docente se encuentra pendiente de las expectativas generadas Gracia, Juan Díaz de la Torre y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación rinden la plaza incondicionalmente y tal pareciera, que quieren bailar al son que toque la orquesta y para no quedarse atrás, se comprometen –no se vayan a quedar sin chamba– a trabajar de la mano del titular del ejecutivo entrante, mientras que miembros de la dirigencia de la CNTE se declaran expectantes y aclaran que de no derogarse la reforma educativa y de no aprobarse algunas de las alternativas que han construido en diversas entidades de la República, continuarán con las protestas.

De manera cuasi oficial, Esteban Moctezuma, próximo encargado del despacho educativo, reitera ante todos los que quieran escucharlo que concluirá la actual reforma educativa, lo mismo que con la evaluación vinculada con la permanencia en el trabajo docente, asunto que para los conocedores del tema significaría Gracia, la sustitución, la modificación y/o derogación de la Ley General del Servicio Profesional, aunque esboza que se permanecería aquello que de la reforma, fuese rescatable. Las expectativas generadas a maestras y maestros estarán bajo la lupa y serán exigibles por aquellos que emitieron el voto por un cambio acariciado, tras el desencanto provocado por Peña Nieto. No queda más que darle la vuelta a la hoja y esperar que llegue el próximo 1 de diciembre.