Éxito en la fase uno de la vacuna contra el VIH

El 5 de septiembre del presente el Instituto de Salud de EU dio por terminada la primera fase de investigación clínica para la producción de una vacuna para personas infectadas con el virus de inmunodeficiencia (VIH), el cual produce el Sida1. La vacuna consistió en inyectar intramuscularmente el virus del VIH genéticamente modificado e identificado como muerto totalmente (killed whole virus). Esta investigación estuvo diseñada para valorar la seguridad y la respuesta inmunológica de las personas infectadas crónicamente con el VIH. La fase I concluyó exitosamente y sin efectos secundarios en los sujetos a los que se les administró la vacuna.

El desarrollo de un nuevo medicamento puede durar entre 10 y 12 años, aunque en el caso del Sida se redujo el tiempo por la premura que exigía la epidemia. El costo de producción puede ser de varias centenas de millones de dólares, dependiendo del producto a desarrollar. Por lo general los consumidores desconocemos las diferentes fases por las que atraviesa un medicamento antes de aparecer en la farmacia. Uno de los periodos de investigación más desconocidos son los preclínicos. Antes de poder iniciar cualquier investigación en animales o seres humanos se deben obtener nuevas moléculas con uso potencial como medicamentos; para esto se requiere que se extraiga y purifique un principio activo presente en un producto natural. Una vez obtenido el producto se modifica químicamente y se sintetiza químicamente la nueva molécula. La fase preclínica, fase 0, conocida como la Fase Química y de Medio Farmacológico, consiste en la caracterización fisicoquímica del medicamento en potencia. Durante este periodo de la investigación se debe conocer el conjunto de propiedades fisicoquímicas que permitan la explosión terapéutica del futuro medicamento.

Una vez elaborado el medicamento éste debe pasar por cuatro fases de investigación clínica para determinar la seguridad y la eficacia del medicamento. Durante la Fase I, el nuevo medicamento en investigación es probado en seres humanos para determinar su metabolismo, acciones farmacológicas, efectos secundarios con dosis crecientes y, si fuera posible, de obtener evidencia temprana sobre la eficacia. En la Fase II se determinan la eficacia y la seguridad de diferentes rangos de dosis. De ser posible también se establecen las relaciones dosis–respuesta, con el objeto de obtener sólidos antecedentes para el diseño de estudios terapéuticos ampliados (Fase III). Para la Fase III se diseñan estudios en grandes y variados grupos de participantes con el objetivo de determinar tanto el balance beneficio–riesgo a corto y largo plazo de la o las formulaciones propuestas como el valor terapéutico relativo de manera general. Se exploran el tipo y perfil de las reacciones adversas más frecuentes y las características especiales del nuevo medicamento como, por ejemplo, las interacciones clínicamente relevantes y los factores modificatorios principales del efecto, tales como la edad, entre otras. La Fase IV abre las puertas a la comercialización del medicamento en estudio. Durante la comercialización se continúan los estudios para establecer el valor terapéutico, aparición de nuevas reacciones adversas y/o confirmación de la frecuencia de las conocidas y las estrategias de tratamiento. En la elaboración de una vacuna puede haber algunas variantes, pero en principio se debe determinar la seguridad y la eficacia de la vacuna en investigación. El propósito de la Fase I recientemente terminada fue el de probar la seguridad, la tolerabilidad y la respuesta inmunológica para erradicar el VIH.


Los científicos parecen estar más cerca de lograr uno de los objetivos más perseguidos por la investigación en Sida: una vacuna efectiva contra el VIH. La infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y la enfermedad que ocasiona, el sida, se mantiene como un desafío ante el mundo. Aunque se han hecho avances significativos en relación a la prevención se infectan aproximadamente 2.5 millones de  personas cada año. El número de personas viviendo con sida asciende a 34 millones y continúa creciendo. Actualmente, sólo dos de cada cinco personas que requieren medicamento lo reciben.

Las vacunas preventivas (con una eficacia superior a 80–90 por ciento) son los instrumentos más eficaces para controlar las enfermedades infecciosas y, eventualmente incluso erradicarlas del planeta, como ha sido el caso de la viruela. Las vacunas son el primer instrumento con que cuente la salud pública para la prevención de enfermedades infecciosas alrededor del mundo; son fáciles de administrar y sus efectos son duraderos. Como una de las herramientas más poderosas, la accesibilidad a una vacuna contra el VIH es una de las grandes prioridades de esta década.

Una vía en el desarrollo de vacunas es la utilización del mismo microorganismo que causa la infección natural, pero atenuado mediante procedimientos de laboratorio. Estas vacunas son muy inmunogénicas (eficaces) porque imitan a la infección natural tanto en la producción de células asesinas capaces de eliminar otras células infectadas (respuesta celular) como anticuerpos neutralizantes (respuesta humoral). El resultado es la inducción de inmunidad (defensas) de por vida después de una o dos dosis generalmente administradas durante la infancia.

Otro tipo de vacuna es la que utiliza microorganismos inactivados (muertos) o subcomponentes de los mismos; sin embargo, este tipo de vacuna preventiva imita mal la infección natural. La administración de estas vacunas suele inducir sólo una respuesta humoral (anticuerpos neutralizantes). Además, suelen requerirse dosis de recuerdo de forma periódica para mantener las concentraciones adecuadas de anticuerpos neutralizantes.

Las vacunas con virus atenuados están prohibidas en humanos, ya que el virus de la inmunodeficiencia del simio (VIS) altamente atenuado que protegía a macacos adultos de infección por VIH producía sida en macacos neonatos; además, algunos los macacos adultos también desarrollaron sida posteriormente. Las vacunas con VIH inactivados no han dado resultados en ensayos clínicos. Otras aproximaciones como vacunar con subunidades de VIH se han intentado; sin embargo, los resultados de los ensayos clínicos en fase I/II también han sido desalentadores.

La capacidad del VIH, única en su tipo, de evadir y suprimir la respuesta inmune, su extraordinaria diversidad genética, la propiedad de la glicoproteína de membrana y la capacidad de establecer una infección sistémica en días así como de inducir la disfunción y la muerte de células inmunes con la necesidad de remontar una respuesta de protección han establecido un desafío sin precedente en el desarrollo de una vacuna. Entre las vacunas más prometedoras se encuentra la desarrollada en Tailandia. En la prueba clínica la tasa de infección entre dos grupos en prueba mostró un 31 por ciento menos de posibilidad de infectarse. Los hallazgos en la prueba clínica de Tailandia sugieren que la respuesta inmune provocada por la vacuna puede disminuir la tasa de adquisición de VIH.

Además de las vacunas preventivas, se han dirigido esfuerzos por desarrollar vacunas que coadyuven al restablecimiento del sistema inmune en personas infectadas. En un estudio coordinado por la doctora Barbara Ensoli en 11 centros de salud de Italia, se aplicó una vacuna contra la proteína Tat. La vacuna ataca la proteína Tat, que se encuentra dentro del VIH y que es el motor que le permite replicarse y difundirse por el organismo. De acuerdo a lo publicado en la revista científica internacional Plos One, el análisis sugieren que la vacuna Tat puede llevar hacia la normalidad, de manera selectiva, las funciones inmunitarias de pacientes con infección VIH que son tratados con terapia antirretroviral.

 

1 ClinicalTrials.gov Identifier: NCT01546818

 

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