¿Existe empresariado de izquierda?

“La descolonización está en camino;

lo único que pueden intentar nuestros

mercenarios es retrazar su realización”.


 

Jean Paul Sartre

 

ue complicada es una pregunta como ésta: ¿Existe empresariado de izquierda? En un tiempo prolongado de los siglos XIX y XX existieron dos pensamientos políticos antagónicos: los de izquierda y los de derecha, que tuvieron su final, a decir de Francis Fukuyama, con la caída del muro de Berlín (Fukuyama, Francis, El fin de la historia y otros ensayos, Alianza, Madrid, España, 2015). Cita el autor: “Lo que podríamos estar presenciando no es simplemente el fin de la Guerra Fría o la desaparición de un determinado periodo de la historia… El punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano”. Entonces la respuesta a la pregunta se podría complicar aún más.

Para el tratadista italiano Norberto Bobbio (Bobbio, Norberto, Derecha e izquierda, Taurus, México, 2014), las políticas de derecha son las que apelan por la libertad, por los derechos de libertad política y, sobre todo hoy, de libertad económica, tecnológica y científica, es decir, que no existan disposiciones jurídicas que limiten el desarrollo económico de las grandes corporaciones mundiales, pues las leyes antilavado y los delitos denominados de “cuello blanco” son para el empresariado local–nacional y no para el global; que no exista límite alguno a los descubrimientos e innovaciones tecnológicas y científicas, los daños al medioambiente; a la salud de la población, dañada por la ciencia y la tecnología será atendida en una mejor ocasión. Por ello, las empresas trasnacionales apelan a ubicarse en aquellos territorios donde los sistemas jurídicos son blandos en regulaciones del medioambiente –para muestra, China y la India, que se encuentran a un paso de un colapso ecológico de dimensiones desconocidas–, donde hay exenciones impositivas permanentes –desde luego, solo para ellos– bajo la justificación de que brindan trabajo permanente a pesar de que los salarios y los derechos laborales son tan limitados que convierten a la población en sujetos técnicos, es decir, en gente hiperespecializada en un trabajo que, al perderse, no les deja otra oportunidad si no es en el mercado informal, y cuya única aspiración personal es no perder el trabajo, gozar del día de descanso y, si acaso, de algún equipejo tecnológico, ya sea una pantalla, un teléfono inteligente, una computadora personal, etcétera.

Por su parte, los pensamientos de izquierda están encaminados a la protección de los derechos de igualdad, que hoy desafortunadamente, ante la ausencia de pensamientos o ideales –pues las políticas de derecha comúnmente son pragmáticas, por no decir que son ausentes de pensamiento–, dirán que se trata del denominado “piso parejo”, es decir, de la igualdad de oportunidades, igualdad en la competencia económica, de precios, de mercado, de exenciones, de beneficios fiscales, de estímulos gubernamentales, etcétera; sin embargo, surge la pregunta: ¿Que acaso esto no lo solicita algún empresario, sobre todo mexicano, ante la existencia de grandes desventajas frente a los monopolios y oligopolios? ¿Qué no se encuentra en una situación de desigualdad como proveedor de los grandes almacenes de ropa, supermercados o para fungir como maquilador de una empresa transnacional?

Es evidente no existe igualdad en la competencia económica en el mundo global actual, y menos en este capitalismo denominado “financiero”, que es especulativo (Bauman, Zygmunt, La posmodernidad y sus descontentos, Akal, España, 1997), también llamado tecno–capitalismo o capitalismo comunicacional (Feinmann, José Pablo, Crítica del neoliberalismo, Planeta, Buenos Aires, 2016), donde el crédito y las facilidades de pago las debe de otorgar ese proveedor local, las mejoras de los productos y ofertas van a su costa; adicionalmente, debe cargar con las obligaciones laborales, y es perseguido permanentemente por las autoridades fiscales, ansiosas de justificar su existencia, más que de recaudar los ingresos para el gasto público, ante la inteligencia de que ese empresariado local no huirá del país, pues las corporaciones globales cuentan con su mejor justificación para evitar que sean tocadas con el pétalo de un “requerimiento fiscal”, con el argumento de que se van de esa nación y que se instalarán gustosos en otra, encargándose de acabar con el medio ambiente de ese nuevo territorio, así como con las costumbres y tradiciones de la localidad, además de extinguir el empresariado y comercio local, que vive al día y que cada momento tiene un crecimiento más complejo, prácticamente a lo que aspira es a la supervivencia, a pesar de que es quien contrata a más personas locales y con mayor permanencia en el trabajo. Ante todas estas desigualdades, ¿existe empresariado de izquierda?