Estudiaron la música de la catedral y las parroquias de Oaxaca cercanas a Puebla

Luego de dos años de trabajo fue publicado el texto Ritual sonoro en catedral y parroquias, que aborda la música sacra de la capilla de la catedral de Oaxaca y de las capillas musicales de las iglesias parroquiales, visitas y casas del obispado de dicha ciudad, así como de pueblos nahuas y mixtecos que en la época virreinal estaban bajo la jurisdicción del obispado de Puebla.

Coordinado por Sergio Navarrete Pellicer, también encargado del proyecto nacional Ritual Sonoro Catedralicio, el libro gira en torno a una hipótesis: “que el ritual sonoro en catedral y parroquias con sus manuales, sus ceremoniales, reglas de coro y prácticas musicales establecidas para la liturgia diaria a lo largo del año en breviarios y misales, fue un modelo ritual que se desarrolló en parroquias y doctrinas”.

Dicho material de más de 360 páginas se divide en dos grandes capítulos. En el primero inicia con el trabajo de Sebastián van Doesburg, quien aborda las presentaciones de los clérigos para beneficios simples, prebendas y raciones catedralicias en las que se reconoce su labor en los pueblos y se reporta su conocimiento de alguna o varias lenguas vernáculas.


En seguida, Ryszard Rodys introduce al lector al volumen más antiguo de la Catedral oaxaqueña: un libro de cuentas de fábrica (espiritual y material) en la que se describen los pagos y movimientos de la capilla entre 1584 y 1604.

Asimismo, Rodys identifica las genealogías de músicos haciendo hincapié en la sucesión generacional de alumno–maestro en la capilla de la catedral por 80 años, lo que indica la formación de una escuela.

En la segunda parte del libro “Ritual sonoro en Catedral y parroquias” los investigadores se ocupan de la música en la vida ritual de las parroquias y las doctrinas del siglo XVI al XIX. El primer texto, escrito por el reconocido investigador Aurelio Tello, es un recorrido por las catedrales de México, Puebla, Valladolid, Oaxaca, Durango y San Cristóbal de las Casas; destaca además el códice musical hallado en el convento del Carmen en México y en el de la Santísima Trinidad de Puebla, con obras que ahora forman parte de la colección Sánchez Garza.

Asimismo, se incluye la investigación de Lidia Gómez y Gustavo Mauleón que tratan a las parroquias del obispado de Puebla–Tlaxcala, diócesis que compartió la región cultural de la Mixteca con el obispado de Oaxaca.

Por su parte, David Tabaréz revisa los cantos zapotecos llamados “libana”, que son géneros orales indígenas de origen prehispánico con narrativas didácticas cristianas.

Mientras que Lérida Moya aborda los privilegios de los cantores del pueblo o barrio de Jalatlaco, abarcando del siglo XVII a mediados del siglo XVIII, del estatus y jerarquía que tenían los cantores y ministriles de la sociedad novohispana, quienes tenían privilegios como la exención de tributo o tequio, o el derecho de ser enterrados en el coro de su iglesia.

A su vez, Juan Manuel Yáñez inicia los estudios de finales del virreinato y del siglo XIX, desde la perspectiva de la historia del arte y la riqueza pictórica documentada de la parroquia de Etla, compara la suntuosidad de las ornamentaciones de San Pedro Apóstol Etla, que fueron ejecutadas por pintores apreciados en la Nueva España.

Para concluir, Perla Jiménez revisa el acervo musical que hay actualmente en las parroquias de los pueblos: de San Cristóbal Suchixtlahuaca y su cofradía de San Miguel, la cual estaba al día con las innovaciones musicales de las catedrales.