Es una época peligrosa para la cultura, los valores y las naciones, señaló René Derouin

Estamos en una época peligrosa para la cultura, los valores y las naciones, consideró el artista quebequense René Derouin, quien centra sus reflexiones en torno al territorio, la identidad y los desplazamientos.

Días atrás, al presentar catálogo El muro de los rapaces en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos (MNFM), volumen homónimo a la exposición que se exhibe en el Centro Cultural Roberto Cantoral de la Ciudad de México, el artista de 80 años de edad señaló que por primera vez en su carrera, tiene una preocupación política.

Acompañado del curador José Manuel Springer y el museógrafo Marco Barrera, el creador de 80 años de edad habló de su propuesta artística y su postura sobre los efectos necesarios de la migración en cualquier cultura.


Ello, señaló, porque esos aspectos generan un conjunto diverso, democrático y armónico en la sociedad.

Mencionó que la preocupación social dentro de su obra venía de la influencia de la cultura mexicana, de muralistas como David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, y Rufino Tamayo.

El artista merecedor de la Condecoración del Águila Azteca en 2006 y la Orden Nacional de Quebec, en 2008, recordó que fue en 1953 cuando viajó por primera vez a la Ciudad de México, lo cual resultó una revelación al conocer el movimiento muralista, el arte público, la música, la cultura y la artesanía.

En 1957, continuó, estuvo en la Escuela Nacional de Escultura, Pintura y Grabado La Esmeralda para estudiar arte, periplo que contribuyó a pensar sobre el territorio, la identidad y los desplazamientos.

En ese sentido, dijo que el mural El muro de los rapaces, es una obra realizada sobre módulos de madera tallada y pintada al acrílico en el que destacan aves de diferentes tamaños que aluden al sistema neoliberal dominado por la rapacidad de unos pocos sobre el destino y la migración de los pueblos.

Dicha exposición –que sería montada en el MNFM pero el sismo del 19 de septiembre lo impidió– hace énfasis en el papel de la movilidad constante que el ser humano requiere para su adaptación a la naturaleza y las circunstancias socioeconómicas.

Asimismo, aborda el enfoque sobre las migraciones y el nomadismo en América Latina que han caracterizado al trabajo de René Derouin.

De acuerdo con el curador José Manuel Springer, el ave de rapiña representa esos intereses de la globalización, la economía y el efecto que tiene el neoliberalismo en países vulnerables.

“La obra de René se detona a partir de su postura sobre la migración como un movimiento demográfico histórico. Él dice: ‘Yo soy un continentalista, creo que América es una’”.

El curador consideró importante que el mensaje de René Derouin se conozca y se difunda cada vez más en diferentes museos de nuestro país, ya que es una propuesta que comunica el arte con el activismo para mover la conciencia sobre una situación global.

“Es un artista nómada que se define a sí mismo como mestizo del norte y ha tomado cosas de la estampa japonesa, el arte de Islandia y hasta las tradiciones de los pueblos originarios de Canadá.

“Su obra es un compendio de muchos estilos y formas de figurar donde lo abstracto, lo figurativo, lo simbólico y lo representativo, compiten, dándole a cada una de sus obras gráficas un mosaico interesante”.

Destaca que René Derouin donó al acervo del Museo Nacional de la Estampa, la carpeta Hiver noir (Invierno negro), creada en 2004, en la que muestra el resultado de su investigación sobre el grabado de madera.