Entre el horror y el terror

Bien es cierto que vivimos tiempos de violencia, que las ciudades se derriten al calor de la bala, que el desierto urbano huele a nitrógeno, azufre y aromas nucleares. Que Chernobyl es hermoso y horripilante. Es claro que hemos llegado a una realidad disfrazada de Coca-cola pero también de la hipocresía política. Toda forma oculta en la realidad es necesaria hacerla descubrir por el arte, las humanidades y el trabajo colectivo. Nada importa, más que eso, nada importa más que la realidad.

Para comprender la diferencia entre horror y terror pongamos un claro ejemplo: el cine. Pongamos dos ejemplos de peliculas comerciales. Saw es una historia que se comprende de un sociopata que encierra a distintas personas para que, a través de distintas pruebas, logren su supervivencia. Este es un claro ejemplo del horror, de acuerdo con Adriana Cavarero, el horror se comprende como el cuerpo inerte, el destasamiento claro del cuerpo, la tortura, la castración, la degollación. El horror es la violencia que se ejerce por el uso de fuerza excesiva contra un cuerpo hasta su fulminación o mutilación. El horror es la manifestación de violación al cuerpo, la profanación de lo propio.

Mientras que Buñuel en El ángel exterminador tiene un eje fundamental: No sabemos a lo que le tememos pero le tememos. Muy parecido a la formula filosófica que reza: No saben porqué lo hacen pero lo hacen. En la pelicula un grupo de personas se reunen para dar cita a una tertulia y compartir una noche. De pronto, nadie puede salir de la habitación por distintas circunstancias, hasta generar un miedo por pasar del umbral del cuarto, temiendo por lo que pueda ocurrir allá afuera. No saben qué es lo que ocurre y durante toda la trama salen a relucir los temores y miedos más profundos de esas personas. Eso es el miedo. De acuerdo a la misma autora, Adriana Cavarero, el terror es esa parte afectiva que es provocada por la violencia que se pueda ejercer sobre nosotros. La violencia nos atraviesa en lo sagrado, y lo sagrado no esta en la religión, esta en la disposición que tenemos para relacionarnos con el mundo. Nuestra apertura con los otros y con el mundo se ve confinada a los hechos que nuestros temores revelan. En ese umbral, al igual que en la pelicula, se muestra una barrera díficil de atravesar con la reserva de vernos afectados en cuerpo, afectividad, emoción, disposición y otros modos más.


El centro del terrorismo es precisamente provocar la emoción suficiente al otro de ser atacado. Mientras que el centro del horror es la profanación de nuestro cuerpo, ese ejercicio de la fuerza que puede culminar con nuestro cuerpo y nuestra vida. Traduciendo esto a la ley: el horror es el castigo e injusticia que se provoca por la ley, su ejercicio pleno; el terror es esa marca, ese signo, es la posibilidad de sanción, eso que hace detenernos ante la autoridad, el orden, la regla. Este es el modo “estuctural” por así llamar del horror y la violencia.

Vivimos tiempos más que violentos. Vivimos el horror de niños como cuerpos inertes y el terror de que eso que le ha sucedido a otros nos suceda a nosotros. Nos vemos envueltos a diario del calor de la bala en el otro pero también con el temor en que eso nos pueda ocurrir. A diario sabemos del horror pero a diario vivimos el terror ya que es afectivo, el terror es una forma de relacionarnos con el mundo, es la forma de no saber en-frentarnos a él. El terror es la confusión cuando nos sabemos qué es de nosotros. ¿El terror puede ser el modo afectivo que predomina hoy?

Miedo