Entre la comedia y la tragedia

FOTO: esimagen / Ángel Flores

A poco más de un mes del triunfo de Morena en las elecciones no me ha sido posible tomar en serio sus discursos y promesas. El guión formal es muy sencillo. Ganaron y punto. Hay que reconocer que nuestra democracia funcionó y, como buenos demócratas aceptarlo. Acepto también su convocatoria a la reconciliación y vi bien que desayunaran juntos Meade y AMLO. Pero en todo lo que hacen y dicen los del nuevo gobierno hay un entramado de simulación y realidad, de impostura y verdadera vocación, que no dejan de producirme entre preocupación y risa, como sucedió en ese mismo desayuno en el que AMLO apareció peinado como Benito Juárez y diciéndole a Meade hombre decente y bueno.

Se entiende la trama que se quiere construir. La reconciliación. Se entiende también el objetivo. “Que le vaya bien a nuestro querido México”. Pero lo que raya en lo ridículo es el disfraz de AMLO y la candidez de Meade. Sólo porque efectivamente es un buen hombre se entiende su gesto porque el PRI de inmediato se apresuró a declarar que fue a título personal.

Otro ejemplo. El 1º de agosto AMLO dio una conferencia de prensa en la que informó que se está trabajando en varios proyectos para la “cuarta transformación”: la creación de la Secretaría de Seguridad Pública, el anteproyecto de Constitución Moral, el plan anticorrupción y el anteproyecto para el funcionamiento de 100 universidades públicas en las regiones más pobres y apartadas del país. “Todos los estudiantes de preparatoria van a recibir una beca mensual”, dijo. Ah! Y el SAT será dirigido por una mujer.


Para el primer proyecto ya le pidió al Presidente en funciones (sólo le faltó decir a “Peñín”), que envíe la iniciativa para que cuando él tome el poder ya no se pierda tiempo y la nueva Secretaría de Seguridad Pública empiece a trabajar desde el 1º de diciembre. Vaya. ¡AMLO no guarda ni las formas en cuánto al poder que tiene sobre Peña Nieto! La trama aparece entonces como “que venga tu candidato de pacotilla a desayunar conmigo y tú envías mi iniciativa, rapidito, para no perder más tiempo”.

Bueno, ese es el resultado de los enfrentamientos y los acuerdos a los que han llegado. Pero en esa misma conferencia anunció su plan contra la impunidad, para lo cual va a derogar varias disposiciones, “empezando por el 108 constitucional para que el presidente en funciones pueda ser juzgado”. O sea, la tabla rasa con el pasado que ya había anunciado, o lo que es lo mismo, la amnistía a Peña Nieto. Un favor menor por los servicios prestados.

En cuanto a la Constitución Moral dijo que “se trabaja en la idea de que no solo debemos tener bienestar material sino el bienestar del alma, fortalecer valores culturales, morales, espirituales”.

En lo personal he sido partidario de involucrar todas las fuerzas posibles para la pacificación del país, incluyendo a las iglesias. Me parece muy bien el diálogo interreligioso y la búsqueda de coincidencias en los valores superiores para enfrentar el actual regreso a la barbarie de la humanidad y la decadencia moral de nuestro México. Pero cada cosa en su lugar. Si no, se corre el riesgo de ridiculizar el esfuerzo y caer en la simulación.

Se puede convocar a todos y a los especialistas de las ciencias, las humanidades, las artes y las religiones, para elaborar una carta sobre tales aspiraciones; se puede incluso coincidir que fuera una Carta para la búsqueda de la concordia del alma nacional, como alguna vez lo planteó Alfonso Reyes; pero de ahí a trastocar ese objetivo con una Constitución Moral, que en alguno de sus artículos defina el bienestar del alma, y que a todos confunda en su papel para la famosa cuarta transformación, reduce la nobleza del objetivo a pura chabacanería.

Ya me imagino a Porfirio Muñoz Ledo revolcándose de risa y coraje al ver que su cuarta República será definida moralmente y que su nueva Constitución Política consistirá en la actualización del manual de Carreño.

Hoy 7 de agosto se inician los foros para la pacificación del país en Ciudad Juárez, después de varios días en que la Ciudad fue víctima de una ola de violencia salvaje. Nuevamente se mezcla lo acertado con lo ridículo. El escenario no podía ser más adecuado para resaltar lo que quiero decir. A golpes de reflexiones, diatribas morales y debates sobre amnistías probables, se pretende iniciar la pacificación en medio de un intenso fuego. En esa línea hasta habían invitado al Papa para, me imagino, el foro final.

Habrá que esperar a la creación de la Secretaría de Seguridad Pública, de la Guardia Nacional, de la Constitución Moral y del diseño de la Ley de Amnistía (no sé si a los capos de la droga, a los traficantes de armas, a los tratantes de personas, a los secuestradores o a los políticos), para terminar de entender la nueva estrategia para la pacificación.

Llama la atención una muy grave omisión en todo esto. Quizá no de palabra, pero sí de la importancia fundamental que debiera tener. La Paz, después de atender sus causas profundas y circunstanciales (a mediano y largo plazos), sólo podrá alcanzarse por medio de la Justicia. Justicia para los criminales, pero sobre todo para las víctimas. Y en ella, la Ley es apenas uno de sus componentes.

Después de años y años de violencia, de cientos de miles de muertos, de millones de personas que sufren todos los días por alguna causa derivada de la guerra contra el crimen organizado, de la tremenda crisis de derechos humanos producto de la intervención también del Ejército y la Marina, de otras decenas de miles de desaparecidos, para no agregar más elementos que se deben de considerar, México cuenta con una justicia completamente rebasada, a la que sólo se le ha calificado de corrupta e incompetente porque así lo ha demostrado con creces.

La pacificación no podrá alcanzarse sólo con los recursos nacionales. Habrá que recurrir a las instancias internacionales. Pero de cualquier manera se requiere de una transformación muy profunda de la justicia mexicana porque, se ha demostrado, la Ley y la Justicia son mucho más importantes para el logro de la Paz que los códigos de ética o las Constituciones Morales.

Bienvenidos los ahorros para las inversiones productivas, pero extraña que para el proceso de pacificación apenas y se haya abordado el problema del financiamiento para la transformación profunda que requiere la justicia del país, para la atención de las víctimas y para la investigación de la verdad, entre otros muchos rubros que tendrá el proceso de pacificación.

Podría seguir enumerando otros temas en los que se entretejen los buenos deseos con las simulaciones o las imposturas. Sobre esto también existe un gran anecdotario en la historia patria: el imperio de oropel de Iturbide; las infinitas disposiciones de Su Alteza Serenísima, Don Antonio López de Santa Anna; el ridículo Imperio de Maximiliano; la mano de Obregón, y muchísimas más. Espero que la cuarta transformación no quede para la historia como alguna de éstas, entre la comedia y la tragedia. Como comedia no importaría si la tragedia no fuera tan terrible como la estamos viviendo.