Entre amigos, el artista José Bayro festejó 15 años de trabajo y logros en Puebla

“Úrsula la quinceañera de amores” se volvió real. La figura femenina realizada por José Bayro Carrochano (Cochabamba, Bolivia, 1960) pasó del óleo a la escultura y por fin a la tercera dimensión representada por una actriz quien, en un acto performático, vistió y actuó como ella: con esa falda azul eléctrico, esos labios rojos y ese cabello revuelto, como una nube de pelo negro, levantado y erizado hacia un lado.

La figura femenina, una de las consentidas del artista avencidado en México porque representa la libertad económica que tuvo para llevarla al plano escultórico, acompañó a los asistentes del aniversario número 15 del Estudio Bayro Carrochano que está marcado por el trabajo y los logros del artista.

“Este es el éxito de mucho trabajo. Son 15 años de esfuerzos pero también de logros. Hoy me he visto recompensado de la mejor manera: con satisfacción, con tres esculturas en la ciudad que la gente reconoce y ahora con la asistencia de mis amigos”, señaló en una entrevista breve.


A ellos, a sus amigos que son también sus coleccionistas, José Bayro los recibió en su estudio, que es también su taller, el lugar donde se crean y descansan sus óleos, sus cerámicas, sus grabados, sus instalaciones y sus esculturas, en pequeño y en gran formato.

También, les ofreció lo mismo platillos típicos de Puebla, ciudad en la que vive por lo menos hace década y media, como camotes preparados desde un tradicional carrito, que aquellos que se cocinan en su natal Bolivia, como una sopa de cacahuate.

“Siempre está el temor que fiestas de este tipo no funcionen pero ahora están aquí (mis amigos), demostrando su cariño y su afecto”, dijo mientras señalaba a los asistentes.

José Bayro consideró que en su caso, el coleccionista traspasa los asuntos comerciales y pasa a formar parte de un círculo más íntimo y personal, “viendo las obras que también son parte de ellos”.

Mencionó que además del centenar de piezas que exhibe en su estudio, como el “Sombrerudo”, “Último fragmento”, “Elena de Troya” o “Noticias que vuelan”, se mostraron las obras de quienes han formado parte de ese taller para mostrar el trabajo de compartir, enseñar y aprender que también se ha desarrollado en este espacio.

Asimismo, como una forma de reconocer a quienes han aplaudido su trabajo, el artista donó un óleo hecho ex professo para el festejo de sus primeros 15 años titulado “Los juguetes de la quinceañera”, el cual fue rifado entre los asistentes.

Por último, Bayro Carrochano dijo que ya está lista la exposición que mostrará en su natal Cochabamba, la cual realizará después de 10 años de no hacerlo llevando una selección propia de su obra plástica además de la presentación de un catálogo.

De manera particular, como explicó en una anterior entrevista, a su ciudad lleva un “anzuelo cultural”. Se trata de un pequeño óleo sobre la Wallunk’a, una fiesta ancestral de Día de muertos en Vinto, una comunidad ubicada a 16 kilómetros de Cochabamba, en la que una mujer se columpia en una estructura móvil que es cargada por los hombres y paseada por el pueblo, mientras sonríe y arroja dulces.

Además de la exhibición que muestra en su taller y la que hará en Bolivia, la creación de José Bayro es pública como lo es su escultura más reconocida, “El hombre azul”, una figura masculina de más de cinco metros colocada desde 2006 en el jardín del Centro de convenciones que resalta por el uso de la talavera como íntimo rasgo con la cultura local.

A lo largo de tres décadas, además, el artista ha trabajado por tener un estilo propio que ya se reconoce. “La figura humana es el recurrente, en ella retrato la belleza del horror y el antagonismo; es una obra que si bien es colorista y agradable en composición, puede ser un monstruo que cuenta una historia divertida y con verdades del subconsciente, es una doble historia”, como dijo en otra entrevista.

“Tengo una paleta latinoamericana con herencia de España, con una atracción por los países italianos y su Renacimiento, aunque también por la pintura inglesa y por supuesto la mexicana, que es donde me formé”.

Además de la figura humana, en su pintura se reconocen a la flora y la fauna, la pintura colonial, y siendo un artista méxico–boliviano, la pintura sudamericana ocupa un espacio importante en sus creaciones.

Su inspiración, dice el artista, “surge por los momentos cotidianos, por los detalles de la vida diaria”, que se reflejan con la técnica, la composición y sobre todo el uso del color, aspecto por el que ha sido llamado “el maestro del color”.