En verano vienen con las lluvias

En verano vienen con las lluvias

las penas que retrasó el viento:

masacres, desapariciones,


rupturas, abandonos, muertes

que nos roban el sueño.

 

Tocan la ventana,

sacuden la puerta,

se cuelan por el quicio,

y de mojarnos los pies

alcanzan las rodillas,

para que, al poco,

naveguen los genitales,

el original ombligo,

el vientre y la boca del estómago vacíos.

 

Así asaltan la respiración y los latidos.

 

Lluvias de penas crueles

que nos hunden cada verano,

hasta que logramos retirarlas

en otoño –como las hojas secas

que abandonan las frondas–,

entonces algunas reanudan

el vuelo y se dispersan en el aire,

el resto es fermento de rebeldía:

¡Flores del estío, ni perdón ni olvido!