En Tiempo compartido, Sebastián Hoffman crítica la cooptación familiar y corporativa

En Tiempo compartido, una cinta mexicana que está actualmente en la cartelera de los complejos de cine comercial en Puebla, el director Sebastián Hoffman realiza una crítica al consumismo, a la manera en que las grandes corporaciones funcionan como “una secta”, cooptando a sus consumidores.

En este filme en el que actúan Cassandra Ciangherotti, Miguel Rodarte y Luis Gerardo Méndez hay entonces una crítica a la industria que existe en torno a las ventas de tiempos compartidos y, al mismo tiempo, una mirada sobre la familia que también, de cierta forma, coopta la identidad de quienes pertenecen a ella.

En Tiempo compartido –se describe en la sinopsis- “dos hombres de familia atormentados, un huésped y un empleado de limpieza, unen fuerzas para rescatar a sus familias del ´paraíso´, convencidos de que Everfields International, la siniestra administración del mega resort tropical Vista Mar, quiere quitarles a sus seres queridos”.


Entrevistado por el periodista cultural Jaime López, el cineasta Sebastián señaló que esa forma de abordar a la familia es un poco “retorcida”, con un conflicto dramático absurdo, “muy buñueliano”. En ese sentido, reconoció que en esta su segunda película hay influencias de “los grandes absurdistas del cine como Luis Buñuel, o Fellini, con su sentido del humor irónico y su empleo de las ensoñaciones, lo mismo que David Lynch, el gran surrealista estadunidense, y Stanley Kubrick, quien es el gran cínico del cine”.

El también director de Halley acotó que sus filmes no encajan en el “mainstream” de Hollywood, y que en sus guiones ningún personaje sobra y cada uno tiene su momento para lucirse. Dijo que al lado del guionista Julio Chavezmontes “trató de encontrar el balance perfecto, algo que fue muy complicado”, pero con el tiempo que le dedicaron, lograron que los personajes tuvieran su voz propia, un porqué, y una aportación a la historia o a la temática.

Hoffman destacó que al inicio fue difícil el conseguir el presupuesto, a la par de que fueron muchos años de prueba y error, y de convencer a los socios y a los actores. Por fin, ya en rodaje, se tardaron siete semanas en filmar en un famoso hotel de Acapulco, que fue la locación.

“Me lleva tanto tiempo de hacer una película, que estoy al 300 por ciento. Cada uniforme de los empleados y de los turistas fueron creados para la película. Cada prenda que vistieron.  Hasta el jabón fuera de foco tiene un porqué. Trabajé con los mejores técnicos del país. Con todos armé un buen equipo e hice un buen cast”, refirió el director, quien contó con la participación de la vestuarista Brenda Gómez y el diseño de arte de Claudio Castell.

Sobre el cine mexicano, en particular sobre las comedias que sí se programan en el circuito comercial, Sebastián Hoffman opinó que hacen falta películas de todo tipo, aunque es claro que las otras abundan. Añadió que en México solo hay dos tipos de películas: las que tienen fines culturales y las que se hacen para conseguir dinero. “Es válido que la gente busque distraerse dos horas en la sala para ver las pendejadas de Eugenio Derbez, pero también es así de valido quien busca exigirle mejores contenidos al cine”, dijo.

Sobre sus expectativas de que “Tiempo compartido” pueda ser postulada a los premios Fénix, el realizador mexicano admitió su deseo porque ello ocurra, aunque acotó hay otras obras y directores importantes en competencia. Destaca que en la más reciente entrega de los premios Ariel, Tiempo compartido ganó los correspondientes a Coactuación Masculina y Actor de Cuadro, para Miguel Rodarte y Andrés Almeida, respectivamente.