En sus 8 salas, el museo de sitio da cuenta sobre la época de esplendor de Teteles de Santo Nombre

Teteles de Santo Nombre es, por tanto, un asentamiento clave para entender la interacción que mantuvieron en la época prehispánica las áreas del Centro, Golfo y de Oaxaca ■ Foto Abraham Paredes

A través de sus ocho salas, el Museo de Sitio de Teteles de Santo Nombre da cuenta sobre la época de esplendor de este sitio arqueológico considerado entre los años 400 y 650 de esta era, aunque la ciudad localizada en el municipio de Tlacotepec de Benito Juárez, al sur de Puebla, tuvo una ocupación de mil años.

Por medio de un video difundido en el sitio electrónico radioinah.blogspot.com/2018/05/museodesitiodetetelesdesanto.html se habla sobre este recinto adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia que revela a esta zona de características arquitectónicas similares a Teotihuacan.

En su primera sala, por ejemplo, el visitante será introducido al tema, para conocer que Teteles de Santo Nombre es la ciudad prehispánica más grande de la región de Tehuacán–Zucatlán, que abrió gracias al trabajo de investigación de 15 años del arqueólogo Blas Castellón Huerta, líder del proyecto arqueológico.


En la segunda sala, en cambio, se evidencia cómo el sitio fue un punto importante en las rutas de comunicación antiguas y un centro urbano de primer orden durante el periodo Clásico mesoamericano, con claras rutas comerciales y relaciones con otras regiones.

El tercer núcleo refiere a la arquitectura y hace énfasis en su carácter monumental; ejemplo de ello, es el conjunto arquitectónico de la Plaza Gran Altar, donde se encuentran la Plataforma sur y el Edificio de los Caracoles, de 14 metros de altura; asimismo, la Plaza Central, Fogones, Plaza de los Altares, Casa del Nahual y conjuntos domésticos.

La cuarta sala es sobre la vida cotidiana, y en ella destaca la reconstrucción hipotética de una casa de bahareque. El espacio está conectado al exterior donde fueron descubiertas tres áreas habitacionales durante exploraciones hechas entre octubre y noviembre pasados, mismas que se integraron al área de museo.

La quinta sala proyecta un video sobre la historia y características del sitio prehispánico; la sexta aborda la religión, con énfasis en el proceso de clausura de la ciudad. Al respecto, el arqueólogo Blas Castellón explicó que antes de abandonar Teteles, los habitantes hicieron un ritual de terminación, en el que destruyeron objetos y edificios, y posteriormente sepultaron todo con arena y tierra. Aún no se tiene certeza de cuál fue la razón, pero se piensa en posibles causas naturales o en ciclos de productividad.

La séptima sala describe los trabajos arqueológicos desarrollados en el sitio, y la octava está dedicada al patrimonio e identidad, donde se presenta la historia regional, los antecedentes históricos de Teteles y se ofrece una reflexión invitando al cuidado de la herencia cultural de los pueblos prehispánicos.

Teteles de Santo Nombre es, por tanto, un asentamiento clave para entender la interacción que mantuvieron en la época prehispánica las áreas del Centro, Golfo y de Oaxaca, y se ha definido como un desarrollo local de muchos siglos que fue aprovechado por Teotihuacan para crear un puesto de avanzada hacia el sur y las costas oaxaqueñas, a través de un acuerdo para intercambiar productos comerciales. De ahí su semejanza con la gran urbe del Clásico pero también con características propias.

En su extensión aproximada de 60 hectáreas se conservan restos de plataformas habitacionales, montículos piramidales, plazas, terrazas, zonas de circulación, construcciones aisladas y altares que hacen de este sitio el más grande y monumental del sur de Puebla.