En la ciencia, la mujer adquiere un grado mayor de libertad y de conciencia: Cetto

Para visibilizar el trabajo de las mujeres en la ciencia y la tecnología, están reunidas en Puebla 35 investigadoras jóvenes en las áreas de Física, Matemáticas, Ingeniería y Tecnología, provenientes de Honduras, El Salvador, Guatemala y México, que conviven con reconocidas titulares de diversos institutos de Cuba, Colombia, Argentina y de este país.

Bajo el nombre de Taller de habilidades profesionales para jóvenes científicas, el acto es “una de las acciones de la Women Scientists que impulsó una serie de congresos internacionales”, como explicó Lilia Meza Montes, investigadora del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) y una de las organizadoras.

Desde 2005, Meza Montes y Ana María Cetto, investigadora de la UNAM, forman parte de la delegación que ha organizado una serie de talleres de apoyo para las jóvenes, en los cuales se han trabajado asuntos como la negociación salarialy la falta de fondos.


Lilia Meza informó que el taller que se realiza en Puebla, el cual resalta por ser el primero de su tipo en México y América Latina, fue apoyado por la UAP, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Instituto Mesoamericano de Física Teórica, que tiene su sede en la Universidad Autónoma de Chiapas, y que en breve se convertirá en un centro independiente auspiciado por la Unesco.

 

Los roles de la mujer en la ciencia:

de mártir a sujeto de libertad

 

Ana María Cetto, licenciada en Física por la UNAM y maestra en Biofísica y doctora en Física por la Universidad de Harvard, fue la encargada de dar la conferencia inaugural. Bajo el título “Rol de las científicas en un mundo cambiante”, retomó el trabajo que llevara a cabo Rita Levi–Montalcini (1009–2012), una neuróloga y política italiana, ganadora del Premio Nobel y judía sobreviviente a la Primera y Segunda Guerra Mundial.

En “Las pioneras”, Levi–Montalcini hizo una selección de las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia desde la antigüedad hasta el siglo XX, algunas de las cuales fueron rescatadas por Ana María Cetto desde sus diversos roles en la ciencia.

Por la lista de “mártires” pasaron Hipatia, filósofa, matemática y astrónoma del siglo IV asesinada por cristianos, y Rosa Luxemburgo (1871–1919), que sin ser científica fue una activista política que obtuvo el rol de mártir al ser asesinada en Berlín por su firme creencia en el antimilitarismo, el socialismo y su franca oposición a la guerra.

A las astrónomas, la danesa Sophia Brahe (1556–1643) y la alemana Caroline Herschel (1750–1848), Cetto las calificó como “científicas asistentes”, pues ese papel ocuparon al lado de sus hermanos Tycho Brahe y William Herschel, respectivamente.

Otro rol, identificó la investigadora, fueron las activistas, como fue el caso de Vandana Shiva (India, 1952), científica, filósofa y escritora que abandonó la física para ser activista en su país al lado de campesinos; y Marie Curie (1867–1934), quien además de su paso definitivo por la ciencia fue una activista que ideó las primeras 20 unidades móviles de Rayos X, formando a 150 médicos que trabajaron en Francia y Bélgica durante las guerras.

Otras más, dijo la autora de más de 250 artículos científicos arbitrados, fueron las “científicas ocultas” como Sophie Germain (1776–1831), una matemática francesa que realizó importantes contribuciones a la teoría de números, que tuvo que firmar como hombre para publicar sus trabajos en la universidad.

Otro rol que Cetto identificó fue aquel que ocuparon las mujeres que buscaron “el bien común”, como Rachel Carson (1907–1954), una bióloga graduada con honores y autora de la “Primavera silenciosa”, con la que logró crear una conciencia ecológica.

“Los tiempos de las heroínas ya pasaron. Ahora las mujeres visibles y las no visibles dan paso al trabajo colectivo, algo que significa trabajar conjuntamente, entender mejor al otro y fortalecerse en la solidaridad”, indicó Ana María Cetto.

“¿Por qué debe haber mujeres en la ciencia?”, preguntó, y ella misma dijo que “no sólo por derecho elemental, sino para formar una masa crítica y tener un impacto como colectividad, porque podemos trabajar juntas, guiadas por las preguntas y las preocupaciones genuinas, no las de los otros, sino las que nos dicta la conciencia”.

Para Cetto “se acabó la era de la mujer como mártir, adorno y asistente”; ello, porque a las jóvenes científicas de hoy les corresponde ser un factor de cambio, ya que hay una transición de lo personal a lo colectivo. “En la ciencia –concluyó–, basada en su convicción y en su investigación científica, la mujer obtiene grados de libertad y de conciencia, algo que la hace más fuerte”.