En el sexenio de Marín se frenó a Haghenbeck en dos intentos de apoderarse de Flor del Bosque

No es nueva la intención del empresario Carlos Enrique Rafael Haghenbeck Cámara de obtener –mediante un decreto del Congreso local– 42 hectáreas de Flor del Bosque, ya que durante el sexenio de Mario Marín Torres en dos ocasiones quiso conseguir el mismo beneficio y en ambas oportunidades sus propuestas fueron rechazadas por carecer de certeza jurídica las operaciones que pretendía llevar acabo de permutar los terrenos en cuestión.

El fondo del asunto es que Haghenbeck es el principal accionista de las empresas que han edificado un grupo de cuatro fraccionamientos de lujo más un club hípico en la denominada Haras Ciudad Ecológica y quiere obtener las 42 hectáreas en cuestión para que esos conjuntos residenciales se acaben comunicando con Flor del Bosque, se expanda el área de construcción de casas y aumente la plusvalía de todos esos desarrollos inmobiliarios.

A la mitad del sexenio del entonces gobernador Mario Marín Torres, Haghenbeck se acercó a la Secretaría del Medio Ambiente, que dirigía Francisco Castillo Montemayor, para proponer que estaba dispuesto a donar 50 hectáreas de bosque –de su propiedad– a cambio de que le cedieran entre 20 y 30 hectáreas de Flor de Bosque, una zona protegida que abarca 664 hectáreas en el rumbo de la salida de la ciudad de Puebla con dirección hacia Tehuacán.


En un principio parecía atractiva la propuesta, ya que las 50 hectáreas que quería donar eran de “buen bosque”, narró una fuente bien informada a este tecleador.

Y en cambio, el fraccionador pedía un conjunto de hectáreas de Flor del Bosque que ya registraban problemas de erosión.

Parecía un intercambio de tierras buenas por tierras malas. Sin embargo, cuando se analizó el tema se descubrió que el asunto no era así de sencillo.

No se tenía certeza jurídica de que Haghenbeck tuviera el dominio legal sobre las 50 hectáreas que quería entregar en permuta.

Además se analizó que si se le cedían las 20 o 30 hectáreas de Flor del Bosque, iba a significar el inicio de la expansión inmobiliaria sobre el parque, que es un área protegida y uno de los pocos pulmones que le quedan a la zona metropolitana de la ciudad de Puebla.

Luego de un año de que se le rechazó por primera ocasión el proyecto de permutar tierras, Carlos Enrique Rafael Haghenbeck Cámara buscó al entonces rector de la Universidad Autónoma de Puebla, Enrique Agüera Ibáñez, para proponerle que esta casa de estudios obtuviera una importante área de terrenos para construir instalaciones de unidades académicas destinadas al estudio de la biología y el medio ambiente.

Era el mismo esquema, él daría terrenos de bosque a la UAP a cambio de que le dejaran tener en propiedad una porción de Flor del Bosque.

Agüera llevó al gobierno del estado, con entusiasmo, la propuesta del empresario. Por segunda vez se analizó el proyecto y arrojó los mismos resultados que en la ocasión anterior. Por eso se produjo un nuevo rechazo.

Cuando concluía el sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas se emprendió una no justificada remodelación de Flor de Bosque, que le costó purgar casi un año de cárcel a Francisco Castillo por cuestionar dicho proyecto. Fue un preso político del morenovallismo, ya que nunca le probaron los cargos de malversación de fondos públicos que le imputaron.

En aquella ocasión se advirtió que la remodelación de Flor del Bosque tenía la intención de abrir las puertas del parque a los desarrolladores inmobiliarios.

Así ha ocurrido, con la propuesta, presentada a finales de la semana pasada, de Haghenbeck Cámara de obtener 42 hectáreas de Flor del Bosque a cambio de donar 461 mil metros cuadrados de otra área.

La diferencia es que en el sexenio de Marín se analizó con detenimiento la propuesta de Haghenbeck, a lo largo de varias semanas, y ahora en menos de 24 horas los diputados morenovallistas del Congreso local dieron entrada a la propuesta de que el empresario se apodere de una parte de Flor del Bosque, tale por lo menos dos mil árboles y ponga en riesgo a cientos de aves que llegan a esa zona protegida.

No cabe duda, para el morenovallismo los árboles son enemigos públicos de los negocios.