Emociones: control de cuerpos, mentes y espíritus

La modernidad burguesa controla cuerpos, mentes y espíritus. Nos ha impuesto mecanismos de control social, limita incluso expresar nuestras emociones. Las emociones son respuestas inmediatas, no conscientes, que realiza nuestro cerebro ante diversas experiencias que pueden tener variedad de matices, desde lo más gozoso hasta lo más desagradable y molesto.

Las personas reconocemos ciertas emociones, sin embargo, y volviendo al modo en que la modernidad nos ha impuesto mecanismos que nos obligan a restringir la expresión de las mismas, nos ha desconectado de nosotras mismas y de las otras personas. El individualismo impuesto por el capitalismo, nos fragmenta como personas y como comunidad. La salud no tiene una mirada holística que permita reconocer nuestros cuerpos desde las dimensiones no únicamente física, sino social, cultural, ambiental, etcétera.

Olvidamos conocimientos ancestrales, nos separamos de la naturaleza, no se considera racional. Fiestas, rituales de sanación, cantos, danzas y música no se consideran elementos fundamentales en nuestra salud. Se nos ha fragmentado, y hemos permitido, romper el equilibro entre comunidad y naturaleza.


No está permitido llorar, gritar, reír a carcajadas. Se niega la libre expresión que implicaría un proceso de autorreconocimiento. Reconocer lo que molesta no requiere de alcohol o drogas para liberar la tensión, sino que implica reconocer la energía que fluye en las personas, resultado de las codificaciones que tiene el cerebro humano desde la edad de piedra, es decir, la búsqueda de la seguridad, la tranquilidad y la sobrevivencia.

Las personas seguimos respondiendo a esas necesidades. Sin embargo, la lógica de la acumulación de capital, ha generado una serie de dispositivos de control. Regula el modo de lidiar con nuestras emociones en la vida cotidiana. La tristeza y la depresión no se lloran, se cubren con maquillaje, licor, o un auto: consumismo fatuo. Eso también permite ser trabajadores sumisos, que logran, no controlar, sino esconder y bloquear emociones, resistiendo las formas de explotación impuestas. Y una vez que salgamos del trabajo, explotadas y explotados, nuestro raquítico sueldo será invertido, subordinados a las garras del consumismo, a todo lo que la propaganda nos ha interiorizado como la solución a nuestros problemas, resultado de estados de ánimo negados. Sentirlos, reconocerlos y expresarlos nos libera, en cambio, un día de furia (es decir, un descontento mal canalizado) puede concluir con terribles expresiones de violencia, tanto física, estructural, como simbólica. Pero, entonces ¿por qué se nos ha prohibido liberar nuestras emociones? Porque el control de los cuerpos, mentes y espíritus (sanidad, educación, religión o los sistemas penitenciarios, advertidos por Foucault), solo sirven al capital.

En cambio, la adecuada expresión de las emociones nos llevaría a lugares insospechados de libertad. A encontrar la calma, la paz interior, la alegría, el amor, entre otras emociones que las personas gozosamente deseamos sentir, y si pudiéramos expresarlas, y dejarlas fluir, no sería necesario consumir lo que el capitalismo nos quiere vender para hacernos creer que somos libres y felices.

Por un mundo libre y emotivo. https://www.naturalhighs.org/