El TLCAN y el TPP–11 actúan a favor de las empresas trasnacionales y contra el país

El libre comercio, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), como el recientemente acuerdo comercial aprobado en el Senado de la República, el Tratado Integral y Progresista de Asociación TransPacífico (mejor conocido como el TPP–11), reducen aranceles para facilitar el libre movimiento de las mercancías. Además, protegen las patentes y derechos de autor, que actúa a favor de las empresas transnacionales que monopolizan el desarrollo tecnológico, las cuales colocan altos precios a sus productos y lucran a costa de los consumidores. Ello aleja a las empresas nacionales del acceso al desarrollo tecnológico para mejorar su posición competitiva frente a las empresas transnacionales, lo que nos perpetúa en el subdesarrollo.

La mayoría de las industrias nacionales han sido desplazadas por las importaciones, debido a que no tienen competitividad frente a ellas. Ello se ha traducido en rompimiento de cadenas productivas, menor industria, pérdida de autosuficiencia alimentaria, creciente déficit de comercio exterior, mayor desempleo y subempleo y reducción de los salarios. Estos han caído, tanto para los que pasaron a subemplearse en otras actividades, como para los que siguen en la industria manufacturera para que ésta pueda encarar la competencia, sea frente a importaciones, como en el mercado internacional.

La economía ha dejado de tener condiciones internas de crecimiento y ha pasado a depender del comportamiento de la economía de Estados Unidos, como de los flujos de capitales. La economía nacional se coloca en un contexto de alta vulnerabilidad y fragilidad, pues no tenemos capacidad de incidencia sobre ello. La política económica ha pasado desde hace décadas a priorizar la entrada de capitales a través de altas tasa de interés, austeridad fiscal, reformas estructurales, que achican el tamaño y participación del Estado en la economía, y desatienden las demandas nacionales, acentuando la pobreza, la desigualdad del ingreso y de la riqueza y el clima de violencia y delincuencia que se vive en el país.


Los defensores del libre comercio señalan que este favorece a los consumidores, debido a que tienen acceso a productos provenientes del resto del mundo a menores precios y de mejor calidad que los nacionales; sin embargo, no consideran que muchos de esos consumidores han quedado desempleados por las importaciones, y han visto reducido sus salarios, por lo que no tienen ingreso para consumir tales productos.

Los defensores de los acuerdos comerciales, festinan el crecimiento de exportaciones manufactureras, pero no consideran que ello no se ha traducido en mayor desarrollo productivo ni en mayor empleo, debido al alto componente importado de las mismas. Las favorecidas han sido las empresas trasnacionales, las cuales lucran por los bajos salarios e impuestos nacionales que les abarata costos y mejoran su competitividad y ganancias, sin que el país se vea favorecido. El empleo que ellas generan no contrarresta el desempleo derivado del cierre de empresas nacionales, debido al crecimiento de importaciones. Las empresas transnacionales ubicadas en el país, no transfieren tecnología a las empresas nacionales y terminan aumentando las presiones sobre el sector externo, debido a que compran del exterior más de lo que venden y trasladan sus ganancias a su país de origen, descapitalizando y sobre endeudando a la economía nacional.

No se puede continuar con políticas de libre comercio que atentan sobre el desarrollo económico del país. México nunca ha contado con los niveles de productividad y capacidad productiva para salir airoso en el libre comercio. Son las empresas trasnacionales las que ganan en ello.

En el TPP–11, como en el TLCAN, predominan los intereses de las empresas trasnacionales y no los objetivos nacionales de lograr transferencia tecnológica a favor de las empresas nacionales, así como para alcanzar mayores cadenas productivas, para aumentar el valor agregado nacional de las exportaciones y reducir importaciones. En dichas negociaciones no está presente lograr la autosuficiencia alimentaria en granos básicos, lo cual es un problema de seguridad nacional, que el propio Enrique Peña Nieto, desestima. No hay preocupación por parte de los tomadores de decisiones de alcanzar mayor desarrollo productivo, empleo mejor remunerado, reducción del déficit de comercio exterior y de los requerimientos de entrada de capitales. No toman en cuenta que cuando el país deje de contar con entrada de capitales, el dólar se disparará y no habrá capacidad de seguir comprando productos del exterior, por lo que habrá desabasto y una fuerte inflación, que nos llevará a una crisis de proporciones.




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