El síndrome Houdini

Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella.

Joan Baez

El próximo 31 de octubre se cumplen 88 años del fallecimiento del legendario ilusionista Harry Houdini, cuyo verdadero nombre era Erik Weisz. Nacido en Budapest, Hungría, el 24 de marzo de 1874, emigró a Estados Unidos, donde murió el 31 de octubre de 1926. Alcanzó un éxito notable como ilusionista y escapista, lo cual no sorprende siendo judío, por aquello de los pogromos.


Su maestría hizo escuela y hasta nuestros días sigue siendo un referente del género. Uno de sus más populares sucesores es, sin duda, David Seth Kotkin, mejor conocido como David Copperfield. Creador de espectaculares trucos, asombró al mundo con la desaparición de la afamada Estatua de la Libertad en Nueva York.

En México ambos ilusionistas han sido superados con creces. Desde hace décadas ha surgido una hornada de malandrines que se ha especializado en desaparecer personas (16 mil actualmente según la Secretaría de Gobernación). Sus habilidades se superan cada día y han terminado por desaparecer también la capacidad de asombro del público  mexicano.

Su más reciente numerito fue la desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, Guerrero. A casi un mes de la mortal agresión a los normalistas, nadie sabe, nadie supo.

El presidente Peña, principal responsable de la seguridad del país; el gobernador del estado y demás funcionarios federales y estatales, así como los principales políticos y líderes partidistas, se desgarran los casimires y se recriminan unos a otros, pero resultados cero.

En los medios internacionales, aparte de la indignación por la brutalidad de las “fuerzas del orden”, nadie entiende como pueden desaparecer sin más 43 estudiantes y no haya consecuencia alguna. Nadie da una explicación coherente y satisfactoria de los hechos. Nadie asume ni finca responsabilidades. Todos tratan de sacar ventaja política de la desgracia y al mismo tiempo se tapan unos a otros. En tanto, los padres, familiares y compañeros de los desaparecidos andan como almas en pena en busca de un milagro.

En momentos como estos las archidenunciadas corrupción y su hermana impunidad se exhiben desnudas ante el mundo. Sobre todo porque se aproxima un periodo electoral que significa grandes ganancias o pérdidas económicas para los partidos y la clase política toda. Porque la política es hoy, usted lo sabe bien, un gran negocio.

Así, el magistrado presidente del Tribunal Electoral, Alejandro Luna Ramos, declaró muy orondo que “la violencia que se ha registrado en el estado de Guerrero no impedirá que se lleve a cabo el proceso electoral de 2015”. Y citó como ejemplo Chiapas “cuando hubo una revolución se llevaron las elecciones en todo el estado”. Sabrá dios lo que este burócrata entiende por revolución, pero está claro que le importan más las elecciones que el país y lo que en él pasa.

En ese contexto hay que ubicar los discursos y declaraciones políticas de los próximos días, semanas y meses. Mientras los ciudadanos están preocupados por su seguridad y por la vida de los jóvenes desaparecidos, los políticos están ocupados en las elecciones.

No extraña pues que el PAN salga con un enjundioso discurso a proponer una ley para combatir la corrupción de manera “radical e integral”, cuando los gobiernos emanados de ese partido se han hartado de saquear las arcas públicas. Y menos extraño resulta que los próceres del PRI se pronuncien a favor de la propuesta y afirmen que ellos “van con todo contra la corrupción”. Sí Chucha decía mi amá.

Si realmente quisieran combatir y abatir los niveles de corrupción de las esferas pública y privada, ya tienen instrumentos para hacerlo. Solo tendrían que seguir el dinero. Porque como dice el clásico refrán “el dinero y lo pendejo no se pueden ocultar”.

Pero precisamente el dinero se ha convertido en el objetivo y motivador principal del quehacer político. Eso explica la desaparición de las diferencias y fronteras ideológicas y el desplazamiento masivo de empresarios y sus juniors del sector privado hacia la administración pública. Ahí ganan más, más fácil y con menos riesgos. Por eso se han disparado los índices de corrupción.

Así que las reiteradas promesas de que ahora sí “van con todo contra la corrupción” no es más que una engañifa para ganar votos y espacios de poder para conservar y ampliar sus negocios.

Dice el presidente Peña que la delincuencia ha infiltrado a las instituciones gubernamentales, pero los hechos parecieran indicar que ocurrió al revés. Solo así se explica la supuesta incapacidad del Estado mexicano para someter a la llamada delincuencia organizada.

Tal vez por eso la rabia y desesperación de quienes buscan a los estudiantes desaparecidos no encuentran respuestas ni soluciones.

Cheiser: 2 mil 500 pesos me costó el capricho del gobernador Moreno Valle de que todos los vehículos poblanos circulen con placas del color de su partido. Mil 400 de las placas y mil 100 de pago de tenencias, esas que prometió que iba a quitar. Lo más indignante es que no informe cuanto ha recaudado con su arbitraria medida y menos en qué lo va a gastar.