El relevo de Estefan fue un castigo por tener postrado electoralmente al PRI poblano

La salida de Jorge Estefan Chidiac de la dirigencia estatal del PRI y su arribó al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del tricolor no fue ni un premio, ni el reconocerle algún mérito, sino es un intento de José Antonio Meade Kuribreña de recuperar algo de lo perdido en el priismo poblano. Es un esfuerzo tardío de que el tricolor regrese a la lucha electoral en el estado, luego de que no ha podido salir de un rezagado y penoso tercer lugar de la contienda.

El relevo de Jorge Estefan Chidiac es resultado de la solicitud que hace más de dos meses habría realizado el candidato a la gubernatura Enrique Doger Guerrero, ante Meade y Enrique Ochoa Reza –quien el jueves dejó la dirigencia del CEN priistas–, de que le dieran el control total del partido, pues los directivos que encontró cuando obtuvo la postulación tenían postrada a esta fuerza política.

En su momento, tanto Meade como Ochoa habrían ignorado el llamado de Doger Guerrero como un reflejo de lo alejado de la realidad en que se encontraban los dos primeros al confiar de que la campaña electoral del PRI despegarían en abril y que no había la necesidad de hacer cambios en las estructuras nacionales y estatales del tricolor.


Meade en su momento salió en defensa de Jorge Estefan, por la amistad que existe entre las familias de ambos personajes, y en lo único que cedió es que la dirigencia del PRI fuera compartida entre Estefan Chidiac y Doger Guerrero, razón por la cual se le dio la secretaría general a Javier Casique Zárate, quien es un incondicional del aspirante a la gubernatura.

Sin embargo al CEN del PRI en lugar de que llegaran reportes favorables del PRI poblano, se acrecentaron las quejas de muchos candidatos, de todo tipo, a diputados y alcaldes, de que se “extravió” el dinero de las campañas, que no hay propaganda, ni reuniones de estrategia electoral y no se perciben apoyos para activar las estructuras electorales.

Las quejas púbicas del desastre en que se encuentran las campañas del PRI que hicieron Humberto Aguilar Viveros y Juan Manuel Vega Rayet, quienes son candidatos a legisladores en Tepeaca y Atlixco, respectivamente, fueron apenas la punta del iceberg de las constantes quejas de que el priismo poblano se encuentra en el marasmo y está controlado por el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Es por eso que la semana pasada, cuando Meade decidió dar un “manotazo en la mesa” y demostrar que él manda dentro del PRI, no solamente decidió relevar al negligente Enrique Ochoa Reza, sino ordenó remover a los dirigentes priistas en los estados que no estaban funcionando o habían empezado a acercarse al PAN, luego de que se dejó correr la versión de que el tricolor va a acabar pactando con el aspirante albiazul, Ricardo Anaya Cortés.

Contra Estefan había una doble queja: no hacía funcionar a la estructura electoral del PRI y parecía tener acuerdos con el panismo controlado por Rafael Moreno Valle Rosas.

Por la amistad antes citada, se dice que José Antonio Meade decidió que Estefan fuera incorporado al CEN priista, donde lo podrá tener controlado y alejado de Puebla, un estado prioritario por tener el quinto padrón electoral más importante del país.

Al ser nombrado como secretario de Acción Política del CEN del PRI, Estefan no obtuvo recompensa alguna, ya que tardará en dominar el manejo de esa área del tricolor y es una labor que únicamente tendrá los 51 días que restan de la campaña electoral.

José Antonio Meade cree que ha dado un viraje a su campaña, pero en realidad sus cambios no apuntan a mejorar en nada su proyecto electoral que se encuentra en caída libre.

En Puebla, la salida de Estefan no va a cambiar nada, pues se percibe que Enrique Doger Guerrero no tiene muchas intenciones de confrontarse abiertamente con Rafael Moreno Valle Rosas.

Los últimos días su campaña se ha enfocado a atacar únicamente al candidato de Morena a la gubernatura, Luis Miguel Barbosa Huerta, con un grado de severidad que no emplea contra la aspirante del PAN, Martha Erika Alonso.

Es decir, estaría ajustando su campaña a los requerimientos del morenovallismo que consisten en lo siguiente:

Que el PRI tenga un candidato que busque retener cierto índice de votos priistas para evitar que esto se pasen del lado de Morena.

Si esta semana Doger no da muestra de ataques severos, fuera de los lugares comunes, en contra de Martha Erika Alonso, estaría exhibiendo que está apostado a negociar con el morenovallismo.

Es decir, que su intención de quitar a Estefan del PRI fue para disputar la negociación con Rafael Moreno Valle, no para levantar al partido de la postración electoral.




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