El poder en tiempos inciertos

El poder se expresa, de manera permanente, en las relaciones sociales cotidianas. En el día a día, el poder se corporeiza en diversas expresiones de dominación. Es fundamental; sin embargo, aclarar que el poder no es siempre dominación y que la dominación, por su parte, nunca es total. La dominación, en términos de Enrique Dussel, es la corrupción del poder. Y en este sentido me parece relevante recuperar una antigua pregunta: “¿Por qué luchan los hombres por su esclavitud como si fuera por su libertad? (Boétie/Spinoza).

Las personas parecemos enfrascadas en la lucha por nuestros derechos y libertades, pareciera que eso es únicamente posible si nos subordinamos a las estructuras actuales de poder. Incluso, las organizaciones sociales, hablan de sistemas fracturados que deben resarcirse. Difícilmente se advierte que el sistema capitalista, tal como lo diseñó la modernidad, ha nacido perverso y dominante, plagado de violencias, despojos y atrocidades contra la madre tierra y la vida. Aun así, seguimos pensando que la mejor vía para cambiar las cosas es a través de las instituciones sociales, políticas y económicas existentes. Nos ha faltado la creatividad necesaria, y el pensamiento crítico, que nos permita cuestionar, indagar y develar lo que a primera vista se nos presenta como la única posibilidad.

La lucha por la igualdad no es equivalente a la lucha por la equidad, que a su vez no equivale a la lucha por la justicia social. En general los instrumentos jurídicos vigentes en los diferentes ámbitos, nacional e internacional, se jactan de ser equitativos en tanto se legisla por la igualdad. Esto ha permitido legitimar las injusticias sociales, puesto que no todas las personas nos encontramos en condiciones iguales. Es tiempo quizá de legislar desde la diversidad. Por otra parte, las luchas por la equidad, necesarias pero insuficientes, implican reclamar al Estado y a la sociedad generar programas y proyectos compensatorios para aquellas personas que se encuentran en condiciones inequitativas. Por su parte, la lucha por la justicia social debería potencializar que todas las personas, cualquiera que sea su situación, pueda acceder, sin necesidad de acciones compensatorias, a condiciones dignas de vida.


El poder, entonces, no solo es la posibilidad de insertarse en las actuales estructuras políticas, sociales y económicas para representar a la población, sino la posibilidad de construir proyectos diversos, que potencialicen las capacidades de las personas, permita establecer vínculos comunitarios, ser punto de encuentro, de diálogo y construcción colectiva del bien común. Nos corresponde construir desde lo cotidiano, desde los diversos ámbitos en los que se hacen manifiestas las relaciones sociales, ser creativos y develar y erradicar las injusticias. Nos toca potencializar la participación colectiva, la expresión de la diversidad y establecer diálogos polifónicos desde donde no se tenga que reparar un sistema fracturado, sino que se pueda transformar creativamente la concepción de poder vinculada a la dominación y construir una mirada del poder como capacidad creadora del bien común en nuestras comunidades.