El Pliegue del cuerpo y su horror

십자상을 위한 세 연구,1962

 

Pensemos en Francis Bacon, en su tríptico “Crucifixión”. Todo es rojo. Primera escena: dos cuerpos husmean sobre lo Otro, lo siguen, murmuran sobre él y la forma en la que les aparece. Caminan a él pero no se acercan lo suficiente, son cómplices. Sólo miran. Segunda escena: es un cuerpo sobre una cama, le acompañan dulces sabanas revueltas entre lo que queda de él. Está desgarrado, masacrado, es digna representación de lo inerte. No se percibe absolutamente ninguna parte del cuerpo. Sabemos, más o menos, cual es la cabeza, y cuales son los pies. No hay reconocimiento alguno de los miembros, pareciese que todo es órgano, que no ha quedado mucho de eso que se reconoce como cuerpo, y realmente tampoco del órgano. Es una mancha entre blanco y rojo. Y es que así es un cuerpo masacrado, cuando no se tiene consciencia sobre la muerte, termina siendo una mancha, una inercia que ocupa un lugar ahí. En su representación y primera aparición, es un pliegue. Tercera escena: habitan los órganos. El espacio de la carne destazada que muestra a los órganos, que ocupan un espacio en la pintura, también ocupan una figura mucho más dibujada de lo que podría ser menos pliegues.


Al estilo de Deleuze, es un pliegue, sobre el pliegue, entre el pliegue, con el pliegue, en uno y otro y otro pliegue. Durante el barroco conocimos muy bien los pliegues, más en sus adornos donde difícilmente se reconoce una forma distinta de la otra. También en sus cuerpos, en los pliegues, gorduras multiformes de una característica de la época. El cuerpo tiene la luz que lo demás no vislumbra. El cuerpo es luz. La oscuridad es lo que lo rodea, el rededor, el afuera. El pliegue es una forma sobre la otra que no logra aparecer a simple vista, sino que se oculta hasta hacerse a lo otro sin poderse distinguir por sí misma. El pliegue siempre participa de lo otro. Bacon sólo logro representar una forma del horror en la pintura.

Ahora podemos entender que la masacre es una forma de horror, es decir, es una manifestación violenta del acabamiento –no sólo de la vida– sino del cuerpo. El cuerpo como un pliegue que se desgarra hasta confundirse entre todas sus partes, sus miembros y sus órganos hasta aparecer una mancha que ya no es cuerpo ni vida como tal, es una masacre.

El problema es cuando esa mancha se pliega con otra. Hay lugares en los que los cuerpos inertes se juntan unos con otros hasta confundirse. El espacio que reclama el cuerpo inerte se vuelve tan hostil que se confunde. Sólo hay manera de pensar en el cuerpo porque se puede pensar su desmembramiento, la desgarradura y el dolor que provoca en nosotros pensar que eso nos pueda suceder. Por más que nos preocupe el otro, lo que provoca esa empatía es que lo mismo nos puede ocurrir a nosotros.

La fosa es ese espacio de lo inhabitable. Un lugar que funciona como recipiente. La única manera de hacerlo consciente es adoleciendo. El pliegue en el arte, se mostró con Bacon como una forma del terror en el espectador, al tiempo de ser la posibilidad de horror en el otro. No hay calma mientras se piense en el sufrimiento. El dolor es al cuerpo lo que el sufrimiento es al afecto, y la distancia entre el terror y el horror. Entonces que queda ¿Cuerpos y pliegues o cuerpos e inertes? Pensar la muerte es una necesidad para todo aquel que quiera estar despierto hoy.