El país de todos

Tengo una hija franco mexicana de apenas cuatro años que come tacos con el mismo placer con el que disfruta una crepa. Con mi muy limitado acento francés le canto el Alouette y la Chanson Douce para luego rematar con el Cielito Lindo… esa es la belleza de tener dos patrias.

 

La vileza, sin embargo, se encuentra entre el dolor del Soy Ayotzinapa y del Je Suis Charlie. Cuando lo reflexioné, con profunda tristeza y claridad, pude decirle a mi hija que los países, sus países, son los de todos. Porque no hay condición humana que nos libre del asesinato y la desconfianza, ni mucho menos del fanatismo. Todo se entrelaza en una maraña en la que el bueno y el malo se convierten en la misma cosa, y no porque lo sean, sino porque ya no sabemos ni podemos diferenciar.


 

“Locos hay en todas partes” me decía mi abuela cuando me contaba sus historias, y la cosa no ha cambiado en mis tiempos, y dudo que cambien en los de mi hija, quien con todo y sus dos patrias, no se libra de los supuestos males de los países en vías de desarrollo, como se les nombra elegantemente. Ahí están, en primera plana los homicidas en Paris, los intolerantes, los estúpidos, los fanáticos; y ahí están, también en primera plana los padres de los jóvenes desaparecidos movilizando a un país cansado de las mentiras de los medios de comunicación y de los gobernantes que ya no saben cómo rendirle cuentas al pueblo.

 

¿Dónde están los locos? ¿Dónde está el desarrollo?… y la pregunta más preocupante ¿Dónde está la libertad, la verdadera libertad?

 

No, ni los de abajo ni los de arriba nos libramos de la muerte que sacude la conciencia y que nos vuelve víctimas del miedo, unos al gobierno, otros al terrorismo, algunos más al hambre, pero al fin y al cabo, del miedo.

 

Hoy en Francia comienzan las movilizaciones y las protestas… en México continúan y la historia es la misma: la del pueblo que se une porque sabe que siendo muchos los que cargan al miedo en hombros, lo llegarán a sentir más liviano, y es ahí cuando podrá surgir el verdadero cambio.

 

Los locos seguirán siendo locos. México, Francia, cualquier país, el país de todos, habrán de convivir con los demonios que deambulan por las calles, sin embargo, yo que tal vez también estoy loca, no solo le hablaré a mi hija de Ayotzinapa y de Charlie Hebdo, sino también del pueblo valiente con pancartas en las manos, de Mireles, de Digna Ochoa, de Marcos, de Charles de Gaulle y de la Liberté, la Égalité y la Fraternité.