El Museo Regional Mixteco Tlayúa será sede de la estación geobiológica UAP–UNAM

En el Museo Regional Mixteco Tlayúa se exhibe una colección de restos de mamut, huesos fósiles de caballo, reptiles, aves y peces petrificados, además de muestras gráficas que explican la antigua conformación de las zonas aledañas. Ese pequeño espacio abierto en 1989 en Tepexi de Rodríguez será sede de la estación geobiológica UAP–UNAM.

Lo anterior, como parte de un convenio de colaboración suscrito por la UAP, la UNAM y el Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla (Concytep) que fortalecerá el intercambio académico entre dichas instituciones, a la par de que ayudará a incrementar y enriquecer la colección paleontológica, señaló Ygnacio Martínez Laguna, vicerrector de Investigación y Estudios de Posgrado de la UAP.

El convenio se dio en el marco de la cátedra Alfonso L. Herrera de la Facultad de Ciencias Biológicas de dicha universidad. El Museo Regional Mixteco Tlayúa se consolidará con la recolección, clasificación y exhibición de materiales biológicos y bienes paleontológicos de la región de Tepexi de Rodríguez y el estado, para generar conocimiento y ser un espacio de capacitación para los estudiantes interesados en el tema.


Ricardo Barragán Manzo, director del Instituto de Geología de la UNAM, indicó que este convenio será un motor para impulsar el trabajo académico entre las instituciones involucradas. “Es claro que a partir de este esfuerzo se impulsará la actividad docente, de extensión de la cultura y formación de recursos humanos de calidad”.

Mientras que Salvador Galicia Isasmendi, director de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UAP, explicó que Puebla sobresale por su riqueza cultural, faunística y los conjuntos de organismos vivos que alberga, por lo que es fundamental su estudio y conservación.

A 90 kilómetros de Puebla capital se encuentra Tepexic, palabra náhuatl que designa al cerro partido o despeñadero. Ahí se ubica Tlayúa y otros 10 lugares como este de otras edades que entre sus geografías resguardan fósiles que datan de hace 100 millones de años, lo que lo convierte en un verdadero parque jurásico.

Tlayúa, lugar de oscuridad o crepúsculo en lengua mixteca, fue descubierto entre los años 1959 y 1960 por Miguel Aranguti Juárez y Matilde Contreras Guadalupe, y su hijo Félix Aranguti, heredero de la cantera Tlayúa, quienes por años cargaron las lajas con “los peces piedra”, es decir, los fósiles. a

Entre 1980 y 1981 un editor de la revista México Desconocido visitó la cantera de Tlayúa y conoció la colección de 2 mil piezas fósiles que había extraído la familia. Bajo el nombre de “Huellas del misterio” apareció un primer reportaje hasta que el paleontólogo estadunidense Shelton P. Applegate hizo los primeros estudios científicos de la zona, y estableció un convenio con la familia Aranguti sobre el acervo, mismo que es conservado en su mayoría por el Instituto de Geología de la UNAM.