El Museo Amparo exhibe la obra elegante y nada folklórica del fotógrafo Paul Strand

El recorrido visual sobre la obra de un fotógrafo que comenzó muy joven en la vanguardia de Nueva York, que se internó en los paisajes y la arquitectura de las poblaciones originarias del suroeste de Estados Unidos, que llegó a México en 1932 en un viaje que se repetiría en 1966, produciendo un trabajo fotográfico “elegante y nada folklórico” sobre el país y cultivando amistades de la talla de Manuel Álvarez Bravo, con quien mantuvo un ejercicio epistolar que al final de sus días se tradujo en imágenes intimistas de un universo propio que, al mismo tiempo, seguirían firmes en la creencia que el arte debe tener un compromiso social.

Ese es el viaje visual que propone la exposición El murmullo de los rostros. Paul Strand en México que abrirá el próximo sábado 14 de mayo a las 12 horas en el Museo Amparo www.museoamparo.com , muestra que incluye 140 fotografías en pequeño formato, 10 videos y una amplia documentación, y que significa la primera ocasión que llega a Puebla el legado de este fotógrafo estadunidense.

Aquí en Puebla, explicó uno de los curadores, Héctor Orozco, se mostrarán fotografías que no se vieron en 2011 cuando la exhibición ocupó el Museo del Palacio de Bellas Artes , en la Ciudad de México. Se trata del trabajo que el joven Paul Strand (1890, Estados Unidos–1976, Francia) realizó en la década de los 20 del siglo anterior en Nueva York al lado de Alfred Stieglitz como parte de la revista Camera Work, que en sus páginas exhibió a los protagonistas de la vanguardia.


Incluso, como apunto Orozco –curador al lado de Alfonso Morales–, el Paul Strand de aquellos años es autor de “obras fundacionales de la historia de la fotografía”, de las cuales sólo quedan copias –impresiones en papel salado– que ahora se muestran en Puebla.

Tras su trabajo vanguardista en Nueva York, continuó el co–curador, el fotógrafo transitó entre el desierto y las construcciones indígenas de Nuevo México, donde conoció al músico Carlos Chávez, entonces encargado del Departamento de Bellas Artes, quien le extendería la invitación para cruzar la frontera.

Fue el 26 de noviembre de 1932, en Nuevo Laredo, cuando Strand pisó por primera vez México. “Entra a un país que no conoce, a una geografía distinta, a espacios y arquitecturas nuevas. Hace retratos, conoce rostros rurales. Llega a finales de una época de plena ebullición nacionalista y rodeado de artistas preocupados por construir una identidad nacional”, señaló Orozco.

No obstante el contexto y su inclusión como maestro en la Secretaría de Educación Pública (SEP), puntualizó el curador de “El murmullo de los rostros”, el fotógrafo estadunidense “tomó una vía alterna determinada por sus propios intereses, que le permitió tomar distancia del folklore, ya que opinaba que lo folklórico sobre el mundo indígena era una forma de explotación del individuo”.

Bajo esa lógica, mencionó, Strand construyó imágenes publicadas en 1940 como parte de su portafolio impreso a mano, de edición limitada, titulado “Photographs of Mexico”, en el que se admiran paisajes, construcciones y rostros indígenas de Oaxaca, Toluca, Puebla y Michoacán. Asimismo, como parte de su segunda estancia en el país en 1966, etapa en la que forjó una profunda amistad con los también fotógrafos Manuel Álvarez Bravo y Nacho López, realizó imágenes emblemáticas como Ventana abandonada, pueblo fantasma; el retrato de Carolina Amor; la serie Hacienda, captada en Taos, Nuevo México; Paisaje cerca de Saltillo; Dos hombres, así como otras realizadas en San Luis Potosí, Michoacán, Oaxaca y nuevamente Puebla, entre otros lugares del país.

Una particularidad, contó Orozco, es la forma selectiva de producción de imágenes, ya que el artista trabajaba de manera “medida y cuidadosa”, algo que se demuestra en el legado de cuatro mil fotografías. “Es un autor atípico en su momento e incluso hoy lo sigue siendo por el respeto que da a sus encuadres, su preparación ya que incluso, son pocas las tomas que deja fuera, lo que devela su intención clara al momento de disparar”.

En la muestra “El murmullo de los rostros” no queda fuera el trabajo cinematográfico de Strand, quien propuso a la SEP la creación de cinco cortometrajes que no se llegaron a concretar con excepción de “Redes”, nombrado originalmente por su autor como “Pescados”, en el que trabajó al lado del músico Silvestre Revueltas.

No está exenta la mirada sobre los fotolibros hechos por el artista, materiales a los cuales concibió “como cine en papel”, construyendo –a decir de Héctor Orozco- “algunos de los más importantes de la época” como lo son La France de Porfil y Un Paese: Portrait of an italian Village.

Destaca que la exposición “El murmullo de los rostros” significa “la repatriación de un legado cultural sobre México”, acción que estuvo a cargo de Fundación Televisa www.fundaciontelevisa.org , que adquirió la mayoría del acervo de Strand, y que ahora se encarga, al lado del Museo Amparo, de organizar esta muestra.