El municipio

El municipio, base fundamental del sistema político mexicano, padece severos problemas. Maniatado económicamente, sus funcionarios, y en particular el presidente municipal, parecen ser, y actúan en consecuencia, empleados del gobernador en turno. De esta manera, se difumina el municipio como orden de gobierno, es decir, que no está subordinado a ninguno de los otros dos órdenes: el estatal y el federal.

A pesar de la importancia del ayuntamiento, en tanto es el gobierno más cercano a la gente, muchos de ellos carecen de capacidad política y estructural para hacer frente a las demandas inmediatas de la población. De hecho, a los gobiernos municipales corresponde atender los servicios más sentidos, costosos y conflictivos, sin embargo, para afrontarlos, la mayor parte de las veces carecen de los recursos financieros suficientes y la infraestructura administrativa y operativa necesaria para proporcionarlos. El artículo 155 constitucional, inciso V, establece que los municipios tendrán a su cargo las funciones y servicios públicos siguientes: Agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de sus aguas residuales; Alumbrado público; Limpia, recolección, traslado, tratamiento y disposición final de residuos; Mercados y centrales de abasto; Panteones;  Rastro; Calles, parques y jardines y su equipamiento; Seguridad pública, policía preventiva municipal y tránsito y los demás que las Legislaturas locales determinen.

En México, 20 por ciento de las transferencias federales corresponde a los municipios y el impuesto municipal más significativo es el predial, que, cada año, provoca la inconformidad de quienes lo deben pagar. Pero estos recursos a disposición de los ayuntamientos, resultan francamente  insuficientes dadas las necesidades por satisfacer, algunas, como el agua, derecho humano inconculcable.


Esta limitación, hace que de los 2 mil 446 municipios (sin contar las 16 alcaldías de la Ciudad de México), más de 90 por ciento tengan problemas de viabilidad económica y apenas 150 (6.1 por ciento) están en condiciones de solventar sus compromisos con la ciudadanía. En muchos casos, la situación de los municipios adquiere ribetes dramáticos, pues en muchos de ellos los recursos no alcanzan ni para pagar al personal que labora en el ayuntamiento o el alumbrado público, la recolección de basura, la policía o arreglar una calle y proporcionar de manera eficiente y eficaz los servicios públicos, lo cual hace crecer la irritación ciudadana.

En el caso de Puebla las cosas no son muy distintas. Y enfrentar la delicada situación de los municipios significa acudir a su rescate. Lo primero, es tener un ayuntamiento incorruptible que gobierne de manera democrática y tenga como principio la transparencia y la rendición de cuentas; un gobierno que permita la participación de la gente en la toma de decisiones de todo aquello que le compete y que una parte del presupuesto de gasto sea decidido con la participación de la población.

No es utopía un gobierno honesto que no mienta, no traicione y no robe. Pero, como parte de un todo, el municipio será libre y democrático en la medida que el país lo sea. El cambio deberás ser total o nada cambiará.