El jesuitismo de Fernández Font

Por lo menos hasta el primer tercio del siglo XX, conducta jesuítica se refería al comportamiento hipócrita, confuso, taimado, subrepticio y hasta tramposo que se le atribuía a los integrantes de esta congregación de Ignacio de Loyola. Las generaciones vivas, más allá de algunos estudiosos de la historia, no deben haber conocido este epíteto tan popular en artículos periodísticos y hasta juicios penales de aquellos años.

Desde luego, es una adjetivación que no puede aplicársele a Fernando Fernández Font, rector por segunda ocasión de la Universidad Iberoamericana Puebla. Ni en su gestión anterior ni en la presente. En aquella tuvo como gobernador a Mario Marín en los momentos de las aprehensiones de Lidya Cacho y Martín Barrios, y levantó su voz y la de su universidad con mucha energía y poniendo el ejemplo a otros.

En este segundo mandato ha sabido señalar muy puntualmente lo que a su juicio son comportamientos equívocos y hasta reprobables de los gobernantes tanto del ámbito federal como local. Ayer mismo, en su segundo informe de la presente gestión, volvió a levantar su voz contra las políticas que considera deben ser cuestionadas desde la tribuna universitaria.


De entrada dijo que “la propaganda oficial va por un lado y la realidad por otro”, y lo dijo delante de Martha Érika Alonso, esposa del gobernador Rafael Moreno Valle; de la subsecretaria de Educación Superior del estado de Puebla, María del Carmen Salvatori, y del delegado de Educación Pública federal, José Alarcón. Siguiendo esa idea y recurriendo al lema de esta universidad, que es “La verdad nos hará libres”, enumeró críticas muy duras contra las administraciones federal y estatal.

Fernández Font fue muy respetuoso, en mi opinión hasta cordial, pero fue contundente. Vivimos en el estado que más represión ejerce contra movimientos sociales y actores independientes, dijo. Mencionó los problemas de transparencia, las violaciones a derechos humanos, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa; habló del peligro de despojo a los más desposeídos, lo que amenaza la existencia de todos, y fustigó aquellas visiones que “ven cifras y no vidas”. No olvidó mencionar, desde luego, los lamentables hechos de Chalchihuapan de hace poco más de un año y la falta de cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos al gobierno poblano.

El detalle de lo dicho aquí estará en nuestra nota informativa, pero parece necesario registrar un comportamiento tan valiente y acertado en tiempos tan oscuros para el país, como el de Fernando Fernández Font. Nuevamente, es un ejemplo para otros.