El inicio de la actividad deportiva

Es muy común tener expectativas exageradas al comenzar cualquier tipo de entrenamiento físico, ya sea con fines estéticos o de salud. Algo muy importante al comenzar a hacer ejercicio, sobre todo si es de levantamiento de pesas, es saber qué es lo que se desea. No es lo mismo iniciar un entrenamiento para adelgazar que levantar pesas para aumentar la masa muscular.

El inicio de una actividad atlética debe tomar en consideración la edad y el sexo de la persona. Además de la genética, el cuerpo refleja el trato que le hemos dado o las condiciones de salud que ha sufrido. Para tener éxito en un proyecto de entrenamiento corporal se debe adecuar al estado inicial del cuerpo. Por ejemplo, el exceso de grasa en el abdomen no sólo refleja una vida sedentaria; también demuestra que se ha ingerido mayor cantidad de alimento (energía) que la que se puede consumir, esto es transformarla en trabajo. La grasa abdominal, cuando se trata de la que se almacena por debajo de la piel (subcutánea), es principalmente una reserva natural de energía que el organismo utiliza en épocas de necesidad, lo que la convierte en algo muy difícil de erradicar.

Otro ejemplo importante es el andar, en este sentido una condición de salud que afecta el andar es la enfermedad arterial periférica. Esta enfermedad obstruye las arterias principales del cuerpo como lo son la aorta abdominal y sus ramas, arteria renal, aorta inferior y arterias de las piernas. Cuando una obstrucción ocurre en la aorta inferior, la reducción de la luz arterial trae como consecuencia que la persona sienta cansancio muscular o dolor en las nalgas, las caderas, y las pantorrillas al caminar. En los varones es frecuente la impotencia cuando existe un estrechamiento de la aorta inferior o de ambas arterias ilíacas. Si la obstrucción se produce en la arteria que comienza en la ingle y que baja hacia las piernas (arteria femoral), aparece un dolor típico en las pantorrillas al caminar, así como debilidad o falta de pulso por debajo de la obstrucción.


La utilización fisiológica de las hormonas se afecta por el tipo d actividad que llevemos a cabo. La glucosa es el combustible esencial de la célula, la cual transforma este alimento en energía llamada ATP. El páncreas produce la hormona insulina, que ayuda a normalizar los niveles de glucosa. Pero la eficacia con que el cuerpo realiza esta tarea depende de la actividad física de la persona. La inactividad y la obesidad son dos factores que juntos, contrarrestan un estilo de vida saludable. La literatura científica ha evidenciado que el incremento en el peso corporal está asociado con los indicadores sanguíneos del metabolismo de las grasas, así como con el de los procesos inflamatorios. Los niveles elevados de LDL–C en sangre, así como el tejido graso, estimulan la actividad inflamatoria, lo que hace que aumente el riesgo de trombosis, y daña las células de la pared de las arterias (endotelio) aumentando así el riesgo total de accidentes cardiovascular.

Aproximadamente 45 por ciento del total de la masa corporal corresponde al músculo esquelético. Este tejido es el responsable de la generación de la fuerza requerida para mover las articulaciones durante el ejercicio. Por virtud de su masa y de su capacidad metabólica, el músculo esquelético tiene el mayor impacto en el metabolismo de todo el cuerpo y sobre el de las enfermedades. El ejercicio físico requiere una respuesta fisiológica coordinada donde se involucran los distintos sistemas responsables tanto del metabolismo energético como de la salida de los desperdicios metabólicos y del calor, así como del mantenimiento de los fluidos y del estado de los electrólitos. El modelo tradicional que explica la contracción muscular se denomina “Teoría del filamento deslizante” y sus fundamentos de cómo el músculo genera energía siguen siendo los mismos, aún después de este descubrimiento; filamentos de miosina tiran de los de actina para acortar o contraer el músculo. Pero al contrario de lo que se pensaba hasta ahora, la tensión de la miosina no es sólo en una dirección. Tira hacia todos los ángulos, lo que le da una fuerza radial.

La función de los músculos del cuerpo humano no es sólo contraerse. En muchas ocasiones crea un estado de tensión constante que permite mantener erecto el esqueleto o cualquier otra postura (de pie, sentados, etcétera). A este estado de tensión constante del músculo se le llama tono muscular. El tono muscular es involuntario (es un acto reflejo) y siempre debe vencer la oposición que le presenta la fuerza de la gravedad.

Los músculos esqueléticos sufren cambios que corresponden a la cantidad de trabajo que suelen desarrollar normalmente. Durante la inactividad prolongada, el músculo se contrae su masa, lo que se denomina atrofia por falta de uso. Por el contrario, el ejercicio puede ocasionar un aumento en el tamaño muscular al que se conoce como hipertrofia. El músculo puede ser estimulado para aumentar la hipertrofia a través del entrenamiento de fuerza, que consiste en contraer los músculos contra una gran resistencia. Los ejercicios isométricos y el levantamiento de pesos son actividades frecuentes en el entrenamiento de fuerza. Este tipo de entrenamiento produce un incremento del número de miofilamentos en cada fibra muscular. Aunque el número de fibras musculares sigue siendo el mismo, el aumento del número de miofilamentos incrementa considerablemente la masa muscular.

La habilidad del músculo esquelético para extraer y usar oxígeno disminuye con la edad y en personas sedentarias. Esta disminución es debida a la reducción del número de capilares dentro del músculo esquelético y en la capacidad de redirigir el flujo sanguíneo en los músculos, lo que compromete la entrega de oxígeno al músculo que está trabajando durante el ejercicio. La pérdida de la masa muscular junto con la acumulación de grasa, colectivamente disminuye la cantidad de tejido muscular metabólicamente activo que consume oxígeno para producir energía para realizar ejercicio.

La velocidad al caminar puede ser un vaticinador de supervivencia y esto se debe a que el caminar requiere energía, control de movimiento y apoyo. Además, el caminar exige un esfuerzo en múltiples sistemas de órganos, incluido el corazón, los pulmones y los sistemas circulatorios, nerviosos y musculoesquelético. La disminución en la velocidad del andar refleja, tanto daño en esos sistemas como un alto costo de energía al caminar.

Podemos pensar que estamos muy viejos para ambicionar un abdomen firme y fuerte, pero la realidad es que no. Aunque los estudios indican que con el transcurso de los años se va perdiendo masa muscular, este proceso se puede retardar o revertir con el ejercicio. No existe ninguna razón para que no se pueda mejorar la fortaleza, la flexibilidad y sobre todo la apariencia de nuestro abdomen, sin importar la edad. Nunca se es demasiado viejo para recibir un beneficio en la salud cuando se hace ejercicio.

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