¿El fin del modelo neoliberal?

Andrés Manuel López Obrador declaró el miércoles 22 de agosto que “estamos ante el fin de tres décadas de modelo neoliberal”. Sin embargo, las políticas económicas por las que se ha pronunciado, tanto en la campaña presidencial, como después del triunfo del 1 de julio, donde ha estado a favor de la autonomía del banco central, como de la austeridad fiscal y de los tratados de libre comercio, no suponen un cambio en el modelo económico imperante, sino constituyen los principios básicos del modelo que ha venido predominando en los últimos treinta años con efectos adversos para el país.

La autonomía del banco central le quitó el control de la moneda al gobierno, por lo que éste no puede financiarse con ella y expandir el gasto público a favor de Pemex, de la CFE, de la infraestructura, del desarrollo tecnológico, del impulso a la agricultura y del sector manufacturero y del empleo. De tener el gobierno el control de la moneda, podría incrementar la capacidad productiva, la productividad, y ello no sería inflacionario y le permitiría mantener el control al Estado de los sectores estratégicos de la economía.

Se dio autonomía al Banco de México bajo el principio de que era para garantizar el poder adquisitivo de la moneda, es decir, reducir la inflación. Al dejar de tener el control de la moneda, el gobierno se ve obligado a trabajar con austeridad fiscal (gasto igual a sus ingresos), para evitar caer en deuda pública. Para alcanzar la austeridad fiscal, el gobierno desde hace décadas ha disminuido la inversión en Pemex, en la CFE, en la infraestructura, con la consecuente privatización de estos sectores. Es decir, la autonomía del banco central y la austeridad fiscal han reducido el tamaño y participación del Estado en la economía, han acentuado la desigualdad del ingreso y de la riqueza, y frenado el crecimiento económico.


El único instrumento que tiene el banco central para bajar la inflación es el alza de la tasa de interés, la cual está dirigida a frenar la actividad económica y las presiones de demanda sobre precios. Asimismo, el diferencial de tasas de interés interna versus externa, es para atraer capitales para abaratar el dólar y el precio de los productos importados y así bajar la inflación. A ello se han sumado los tratados de libre comercio, que permiten la libre movilidad de mercancías, en un contexto donde la economía no tiene los niveles de productividad y competitividad para salir airosos. La producción nacional ha sido desplazada por importaciones, lo que ha desindustrializado a la economía y hemos perdido la autosuficiencia alimentaria, lo cual ha frenado el crecimiento económico, ha aumentado el desempleo, y las presiones sobre el sector externo, así como nuestra dependencia de la entrada de capitales. Ello evidencia el alto costo de bajar la inflación a través de la autonomía del banco central, la austeridad fiscal y el libre comercio, que constituyen las principales políticas del modelo neoliberal imperante, que el nuevo gobierno que asumirá el 1 de diciembre, no cuestiona.

Los problemas que enfrena el país, no son solo de corrupción, que siempre ha estado, sino son derivados de las políticas económicas que privilegian más mercado y menos participación del Estado en la economía, o mejor dicho, que están por un Estado subordinado a los intereses del gran capital y que relegue la atención de las demandas de empleo, de mejores salarios, de distribución del ingreso. El modelo neoliberal deja al mercado de economía abierta la regulación y conducción de la actividad económica. De ahí que no ha habido desde los años ochenta política monetaria y fiscal a favor del crecimiento y del empleo. Tampoco ha habido política industrial, política agrícola, política de empleo, política crediticia a favor del sector productivo y del empleo. Las políticas monetaria, fiscal y de libre comercio predominantes, han actuado a favor del sector financiero, de las empresas transnacionales y del gran capital.

El combate a la corrupción es una cuestión ética, que debe estar presente en toda sociedad, independientemente del modelo económico imperante, pero ello no hará al nuevo gobierno menos neoliberal que sus antecesores, solo lo hará más honesto. El nuevo gobierno hasta ahora no ha anunciado ninguna política que venga a contrarrestar el modelo económico neoliberal causante de los problemas que enfrentamos. La mayor parte de la gente votó por cambio de las políticas que nos han llevado al bajo crecimiento, al desempleo, subempleo y a la miseria crecientes, y a que el país no nos pertenezca.

De no retomar el Estado el manejo soberano de la política económica para impulsar el empleo y el desarrollo tecnológico y productivo, la economía seguirá mermando su potencial de crecimiento, lo que hace más difícil satisfacer las demandas de empleo y bienestar, por lo que se agudizarán los problemas que llevan a la violencia y delincuencia.