El extranjero: calendario y lugar

 

“Sacará de su cartera un viejo horario de trenes y dirá:
te dije al llegar que era un extranjero”.

Leonard Cohen.


Durante el siglo XX vivió y obtuvo fama el filósofo Martin Heidegger. Siempre vivió en Friburgo, en una provincia alemana, aún cuando tuvo la oportunidad de ir a las universidades más importantes de su país, siempre quiso quedarse. De acuerdo a algunas investigaciones recientes sobre su vida, él siempre permaneció muy apegado al campo, la provincia y una vida sencilla. Además en Todtnauberg construyó una cabaña, misma que sirvió como templo para sus reflexiones.

El filósofo alemán consideró que teníamos una autenticidad, un origen y que uno de sus rasgos estaba en el arraigo a la tierra. Es decir, ontológicamente, desde el ser, nos formamos en base a un mundo con el que nos relacionamos desde distintas maneras. Formamos mundo en tanto que nos llenamos de lenguaje, cultura, lugar, usos, costumbres. Lo cotidiano es lo más inmediato e imprescindible que genera nuestro mundo. A nosotros nos interesa él como personaje, ya que vivió un arraigo, una raíz profunda a su lugar de origen y lo demostró toda su vida.

Hay otros ejemplos de filósofos celebres, otro es el de Eduardo Nicol, quien fue exiliado de España y tuvo residencia en México. Constantemente en sus columnas a periódicos, cartas y escritos él reflexionaba sobre la forma en la que se vivía el exilio, sobre cómo se amaba a la tierra que lo acogió –al mismo tiempo –de extrañar la tierra originaria. Nicol siempre estuvo agradecido con México y fue pieza fundamental para la filosofía de nuestro país. Sin embargo, lo que pretendemos destacar es el carácter de vivir como exiliado en otro país, ser arrancado de tus raíces por las condiciones políticas que se viven en el país originario.

Aquí lo que figura es el carácter del exilio y el arraigo, de la raíz y lo arrancado. Son dos cosas opuestas pero que al final son una: nuestro lugar en el mundo como relación a un entorno, a un ambiente. El exilio es una violencia que saca a los individuos de toda su relación con el mundo y el arraigo es una fijación afectiva con el lugar al que te sientes propio. Pero hay algo en medio, se dibuja una clara línea –también afectiva –entre todo esto, el extranjero.

Todos viajamos, cambiamos de ciudad o país. Algunos por un tiempo, otros por siempre. Una persona llega a un lugar y no sabe muchas cosas, no reconoce sus calles, la gente, el entorno. Nuestra forma de relacionarnos al mundo cambia por completo, nuestra percepción del tiempo también cambia, pero entonces ¿Esto también es afectivo? Transformemos todo esto de una cuestión política a una cuestión meramente afectiva.

Albert Camus ganó un Nobel con la novela El extranjero. No hablaremos de su literatura. A partir de ella se obtuvo una filosofía de lo absurdo. El mundo no tiene sentido, nada ocurre por algo, no hay causa ni efecto, no sabemos porqué o para qué estamos aquí, somos ausentes todo el tiempo. Tampoco hay moral o religión que valga ¿Por qué? Sencillo porque no hay sentido alguno en el mundo que sostenga una variable, un paradigma o una creencia. “Lo que interesa es la posibilidad de evasión, un salto fuera del rito implacable, una loca carrera que ofrece todas las posibilidades de esperanza.” (Camus, El extranjero) Lo único que puede crear una esperanza sobre el mundo es la esperanza.

En algún momento todos estamos como extranjeros, ausentes, sin mundo, sin posibilidad, desesperados, sin espera, sin esperanza, evadiendo todo el tiempo lo importante. Camus noto que era una constante y al carácter de alejamiento del mundo lo llamo ser extranjero. Esto denotaría que todos en algún momento hemos sido extranjeros.

Hemos citado tres pensamientos absolutamente distintos. Mi pregunta durante los últimos dos años en los que me he dedicado a intentar entender la violencia, ha sido: ¿De qué manera nos alteran las situaciones políticas afectivamente? ¿Qué importancia tiene en lo cotidiano, día a día, la afectividad en caso de que tenga una relación con nuestras situaciones políticas? Lo que denotan estos tres pensamientos es que ocurrieron simultáneamente y generaron tres perspectivas diferentes sobre el sitio y el lugar, así como nuestra manera de relacionarnos con él. Ellos se colocaron sobre una manera de reflexión que nos colocaba en la pregunta clásica de ¿A dónde pertenecemos?

Ahora lo que nosotros invitamos a pensar es: con la globalidad de nuestras circunstancias, con la rapidez de la información, con el alto consumismo y la efimeridad de nuestro entorno ¿Cómo nos afecta? ¿Qué nos hace pensar? ¿Qué aire se respira? ¿Qué relación tiene las formas políticas con los modos de vida? Despertar cada día es una oportunidad del porvenir. La posibilidad no está en la esperanza. Tenemos que generar constantes formas de pensamiento y saber de qué manera nos afectan las formas políticas en nuestra relación cotidiana con el mundo, porque eso puede ser una nueva forma de transformar nuestras condiciones de vida en común.