El espíritu empresarial

El corazón mismo del capitalismo está constituido por la empresa privada cuya esencia es la obtención de beneficios particulares a partir de la aplicación de recursos económicos y materiales, por un lado, y la obtención de mano de obra que transforme esos recursos en bienes de consumo que al ingresar al mercado produzca las anheladas ganancias al inversionista. Esta es la realidad encuerada que todos conocemos y en la que vivimos. Al sistema político y social que sustenta este mundo del dinero se le ha denominado mañosamente “democracia” para hacernos creer que se toma en cuenta el parecer de las personas en los asuntos colectivos.

Votamos, como ejercicio democrático, para elegir a las personas que nos han de representar y que, conocedores de los asuntos públicos, velaran por nuestros intereses, pero tanto senadores como diputados sirven única y exclusivamente al partido que los ha postulado y negocian con los “representantes” de otros partidos los asuntos que los han de beneficiar en lo particular. También elegimos a quienes nos gobiernan, los cuales se deben ocupar de administrar juiciosamente el dinero público, producido por los impuestos, para aplicarlo al bienestar de la sociedad, pero sabemos que hacen mal uso de ese dinero y lo desperdician o lo sustraen para su propio beneficio y el de sus familias.

Pero los políticos no están solos, ni son los únicos responsables de la rapiña. Resulta que los señores empresarios y las señoras empresarias (para no discriminar) son algunas personas con las cuales hacen “negocios” los políticos y se reparten las ilícitas ganancias. Hace unas semanas ocurrió un fatal accidente en el “paso exprés” que transcurre por la ciudad de Cuernavaca y tanto los políticos como los empresarios constructores son responsables del fraude al erario, como de las muertes ocasionadas por el hundimiento que se produjo y así, le pido a Usted lector que analice el dinero invertido y la calidad de cualquier obra pública: la rueda de la fortuna de Angelópolis, los puentes innecesarios, la deficiente pavimentación de las calles, las ciclopistas, las concesiones mineras, el Museo Internacional del Barroco, la venta de Petróleos Mexicanos, la privatización del agua, etcétera.


Según los organismos patronales el espíritu empresarial está constituido por la cualidad de liderazgo, por la vocación emprendedora, por la actitud desafiante ante los retos y los obstáculos, por ser benefactores de la sociedad en su conjunto, por ser la cristalina fuente o manantial de donde emana el trabajo, por la producción de artículos para el bienestar de la sociedad y por ser promotores de los sueños de triunfo y de grandeza de todos los mexicanos. En un artículo que encontré en internet acerca del espíritu empresarial y emprendedor saltó alegre y juguetón el siguiente gazapo de Sarahi Gutiérrez Flores: Es una forma de pensar razonar y actuar, enmarcada en la obsesión por la oportunidad con un enfoque holístico y con un liderazgo muy bien balanceado.

¡Hágame usted el re fabrón cabor! Tenga mucho cuidado con los empresaurios, porque esa obsesión por la oportunidad que tienen estos sujetos puede ocasionarle un madruguete en cualquier asunto, propiedad, bien o inclusive algún afecto que tenga usted. Lo que más nos debe preocupar es el enfoque holístico, porque vaya usted a saber que es lo que entiendan esos canijos por la palabreja. No vaya a ser el diablo y le anden olisqueando el cicilisco a uno; en cuanto al liderazgo bien balanceado, prefiero no imaginar de qué trata esto del balance. ¡Que vivan los políticos y los empresarios! Pero que vivan de su trabajo y no de jorobar a los demás.