El dilema del meneíto: reggaetón por todos lados

Normalmente no me interesa mucho tomar partido en las discusiones que limitan las posturas de las personas a pro y anti, sin embargo, la reciente crecida de la legión anti-reggaetón, me ha hecho reconsiderar mi posición dentro del conflicto: me declaro anti-mamertos.

Perdiendo el tiempo en internet me encontré con dos videos en Facebook que me hicieron tomar parte en el asunto del reggaetón, y que finalmente, me orillaron a escribir esta breve reflexión. En el primer video, realizado por alguna página de Facebook que firma con la marca de agua LDGV, se mostraba un montaje de lo que supongo, el editor consideró como momentos icónicos del rock, al tiempo que surgían títulos superpuestos, que informan al espectador acerca de algún estudio hecho en Nagasaki (no mencionan cuál) que arrojó una serie de fascinantes revelaciones transcritas a continuación: “Los hombres que escuchan rock son más inteligentes Soportan mejor el dolor (no se doblan como niñitas) Y son más nobles y sencillos” (sic.) Con respecto a las imágenes que acompañan a los textos, la mayor parte de éstas muestra a conocidos intérpretes del rock en momentos de sencillez hacia los fans: Steven Tyler cantando con un joven en la calle, James Heatfield abrazando a una chica, etcétera; mientras que, por el otro lado, se ofrecen algunos videos de ídolos del pop como Justin Bieber, y el reguetonero colombiano Maluma, en momentos que denotan todo lo contrario: el canadiense le niega el abrazo a una fan y Maluma se queja de un dolor en el cuello después de que una niña se le echa encima a estrujarlo, imagen que se acompañó con “(no se doblan como niñitas)”.

El segundo video, de gráficos y estilo de edición similares al primero, empezaba con la transcripción de la letra de la canción Ginza, del cantante J. Balvin, a la vez que el videoclip oficial de la canción corría en el fondo, para después yuxtaponer el de la canción Enter Sandmand de la banda de thrash metal gringa Metallica (que hace más trash que thrash últimamente).  La transición del reggaetón a la cara de psicópata de Heatfield cantando, estaba acompañada de la leyenda “Hay una gran diferencia entre ambos” refiriéndose a los géneros correspondientes de cada canción. Después de varios contrastes como este, otro texto reafirmaba la primera postura: “…Una enorme diferencia intelectual”. El video continúa así por más de sesenta tortuosos segundos, en los que aprovechan para comparar las letras de Maluma contra las de Foo Fighters, asegurando que las del género que representa el colombiano son misóginas y huecas. Finalmente, para terminar la brillante exposición de motivos a favor del rock, el editor del video creyó conveniente incluir un “El rock ha ganado incluso un nobel”  con un fragmento del video Thunder On The Mountain de Bob Dylan detrás del texto.


Lo más triste del asunto no es que alguien pierda el tiempo haciendo estas cosas, ni que yo haga lo propio mirándolos para dedicarles dos párrafos de mi vida; lo más triste es que el primer video había sido compartido más de dos mil veces y comentado por noventa y tres personas, mientras que el segundo alcanzaba las ciento trece mil compartidas y los tres mil comentarios en Facebook… ¡Más de cien mil personas compartiendo falacias y contradicciones!

Hay muchas razones por las cuales considero que alentar la producción, reproducción y difusión de este tipo de contenido es perjudicial para la salud mental; la primera de ellas podría referir a la intolerancia mostrada por los autores del video, aunque considero que ésta es la causal más aburrida a desglosar. Lo más interesante, a mi parecer, es en conflicto subyacente que se vislumbra en esta actitud anti-reggaetón, que está adquiriendo fuerza a medida que el género crece en popularidad.

Al analizar los argumentos ofrecidos por el video de por qué el reggaetón es intelectualmente inferior al rock –al que por cierto, es cada día más difícil de definir, con tanto cabrón subgénero surgido- se deja ver una cara más ñoña del conflicto. El rock, la música, que por uso y asociación, ha sido estandarte de lucha contra la moral barata, el tradicionalismo y la censura, hoy, se ha empleado como bandera en lo que parecería una iniciativa de radicales religiosos: la cruzada contra la inmoralidad del reggaetón. Sí, desde que surgió el género del meneíto, a los rockeros les ha empezado a molestar todo aquello que en su momento defendieron: letras subversivas, irreverencia, promiscuidad, cosificación de la mujer en los videoclips, atuendos que los viejos consideran ridículos, ejemplo perverso a la juventud, etcétera. La doble moral alcanzó al rock hace muchísimos años, lo de los anti-meneo es sólo una muestra más de ello.

Supongamos que Stevie Ray Vaughan hubiera hecho un video misógino, en el que se mostrara a su pareja como una suerte de humanoide femenino con retraso mental, dientes chuecos, atuendo horripilante y actitud violenta, a la que el guitarrista humilla constantemente, haciéndole saber que su importancia para él no se acerca ni remotamente a la de su guitarra. ¡Oh, oh! Ese video existe, y corresponde a una canción que de hecho me gusta: Cold Shot, de Stevie Ray Vaughan And Double Trouble.  Lo curioso es que no he visto a nadie quejándose por ello, ni siquiera a los reguetoneros, quienes, siguiendo la lógica de los aguerridos anti-meneitómanos, deberían ser la otra parte combatiente. No, a ellos no les interesan los vicios morales o de conducta que puedan existir en el género incuestionable de las guitarras eléctricas, porque evidentemente, no les interesan ni los del género propio.

También he escuchado argumentos anti-reggaetón que aluden más a lo musical que a la inmoralidad del género. Se habla de monotonía, lírica sin sentido y sencillez en exceso. Créanme cuando les digo que no soy fan del reggaetón –aunque lo parezca, por estarlo defendiendo ahora- pero las razones musicales mencionadas tampoco me parecen suficientes para demostrar la superioridad, del tipo que sea, del rock sobre el reggaetón. Si habláramos de monotonía tenemos bandas como AC/DC para ejemplificarla; la lírica sin sentido podría representarla una de las muchas bandas grunge de los 90’s y la sencillez extrema –esa que raya en la holgazanería a la hora de escribir canciones- podría materializarse en varios discos de The Beatles.  Estas razones, las mías, han sido expuestas ya en una que otra reunión con amigos, quienes generalmente se desesperan y terminan escupiendo la verdad: el reggaetón les molesta por su inmensa popularidad, porque la gente no escucha, habla o respira algo que no esté relacionado con el meneíto en compas de 3-3-2.

Creo que el asunto es que los únicos opositores en la historia son los rockeros y no es nada más contra el reggetón, el pop también ha sido víctima de los true-fans que tachan de poco conocedor a cualquiera que no haya escuchado algunos discos de Led Zeppelin; lo mismo con el rap, la música del norte de México, etcétera.

Si algo hace feliz a un autoproclamado melómanorockero, es escuchar la música que, según él, nadie más escucha ¿Entonces por qué les molesta que todos oigan lo mismo? ¿Eso no alimentaría su excentricidad? Para mí no tiene sentido.

No me molesta el rock, pero el reggaetón tampoco. Me aventuro a decir que algunas de las canciones que disfruto de escuchar constantemente, están encasilladas dentro de los dos géneros aquí discutidos y jamás he tenido vergüenza en admitirlo. ¿Cuál es el problema entonces? ¿Es que quieren unirse a la liga de la decencia de Aleks Syntek, que quiere evitar a toda costa la híper-sexualización de los niños, evitando que escuchen reggaetón? Tranquilos, incluso en un mundo sin reggaetón, la publicidad que los niños ven en la TV basta para pervertirles de por vida.

Los vicios de conducta del reggaetón, o de cualquier música, son los de la sociedad misma, los que permitimos con nuestra conducta indolente: mediocridad, misoginia, idolatría, materialismo, consumismo exacerbado. Si eres un true fan del rock y estás tachando de mediocre a Daddy Yankee, deberías poder hacer lo mismo con Lars Ulrich –a quien a veces cuesta creerle que es baterista- o si reprochas la inmoralidad de las letras de Maluma que invitan al sexo grupal, deberías tener una opinión similar de las orgías que organizaba Mick Jagger… cuando estaba en edad de hacerlo, claro.