El día que murió un fantasma

Siempre me ha gustado el box: El estruendoso ruido de las funciones, las luces de Las Vegas, la voz de Michael Buffer presentado a los contendientes, y esos hombres que se atreven a subir al ring sin saber si bajarán de él. Hay que conocer sus historias de vida para entender cómo es que logran hacerlo.

En ese mundo conocí a Oscar “El Fantasma” González.

No fue hace mucho cuando en el Cerro del Otomí ubicado en el municipio de Temoaya, tuve la oportunidad de convivir con el equipo de Erik “El Terrible” Morales. El objetivo era conocer más a fondo el ambiente boxístico que no se ve en las peleas estelares ni en los pagos por evento. “Un día escribiré una novela sobre boxeo”, le dije a Erik, quien amablemente me invitó a visitar su campamento. Se acercaba su pelea contra Danny García.


Entre su equipo había un joven muy delgado de mirada inexpresiva que pasaba desapercibido entre las conversaciones, en verdad parecía un fantasma. Oscar era un muchacho de pocas palabras, o tal vez se las reservaba porque yo era una desconocida.

Correr, saltar la cuerda, golpes a los costales, combate… Era de noche y el entrenamiento continuaba en el austero gimnasio del pueblo que ya tenía las ventanas empañadas. Uno de los sparrings y Oscar, me llevaron a comer algo a la cenaduría. Fue la única vez que conversé con él.

–          ¿Cuándo es tu próxima pelea?

–          No sé, ando revisando lo de los pesos

–          Tienes problemas con tu peso, entonces

–          A veces, pero lo tengo que resolver

–          Estás muy jovencito, seguro que lo resuelves

–          Sí, gracias. Y cuando sea Campeón del Mundo, escribimos un libro.

José “Olivaritos” Morales, padre de Erik, veía muchos dotes en él: “Tiene talento, buena pegada y mucha técnica; va para Campeón del Mundo”, confirmó el entrenador de ojo clínico. “Le quedó bien eso de fantasma, es muy tranquilo, pero muy soñador. Buen muchacho”.

 

Fantasma, usando playera morada

 

Pasaron meses. Después me enteré que Oscar había decidido firmar con “Canelo Promotions” y no supe más de él, hasta la noche del 1 de febrero.

Me lo imagino con los ojos cerrados durante el vendaje soñando con ese Título Mundial, pienso en él persignándose antes de subir al ring, y puedo sentir su desesperación al caer en la lona cuando iba ganando la pelea… Unos cuantos golpes en el décimo asalto terminaron con todo. Oscar bajó del ring en una camilla y con los aplausos del público.

Los médicos diagnosticaron hemorragia en el tallo cerebral y a los dos días, el Fantasma había muerto.

Muchos hablaron su fallecimiento, y otros fueron señalados pero eso ya de nada sirvió, el joven cuerpo de Oscar ya descansaba en los Jardines de San Juan en Nayarit, con las lágrimas de su madre, sus guantes, flores blancas y un crucifijo.

 

 

Mónica Rojas//Escritora//@MRojasEscritora//www.monicarojasescritora.com