EL DESAMPARO

En los meses recientes esta casa editorial ha hecho esfuerzos por dar cuenta del amplio espectro de acontecimientos que suelen interesar a la sociedad poblana, pero irremediablemente el tema de la violencia y la inseguridad, por su impacto social, cobran una importancia que es imposible no consignar en un medio que se precie de ser un instrumento de servicio a sus lectores.

 

Es así que se plantea una interrogante dolorosa: ¿hay una salida ante el acoso del crimen organizado, las disputas sangrientas entre huachicoleros, la ola de feminicidios, los cientos de robos a personas y asaltos a inmuebles, las violaciones, secuestros, linchamientos y los demás delitos que son ya de común consumación en la entidad?


 

La verdad es que se antoja difícil que en el corto o mediano plazo las cosas en el estado vuelvan a ser como antes, porque la descomposición tiene un estado avanzado. No se puede negar el esfuerzo de las autoridades por combatir a la delincuencia y los logros que en esa materia han tenido. Sin embargo hay mucho todavía que hacer para recuperar la tranquilidad.

 

La raíz de esta crisis no es otra que la desigualdad social y económica, el abandono absoluto del campo, la injusticia y la impunidad que es evidente en grupos de poder político y económico a los que nada importan los poblanos, porque someten toda su influencia al servicio de intereses particulares. En particular los políticos, en su amplia mayoría, son capaces de dejar hacer y dejar pasar a la delincuencia, con tal de no arriesgar su zona de comodidad y privilegios.